La nueva economía argentina: Vaca Muerta, minería y conocimiento impulsan el cambio exportador
La energía, la minería y la economía del conocimiento impulsan un nuevo ciclo exportador y productivo. Mendoza continúa rezagada frente al cambio estructural.
Energía con Vaca Muerta como punta protagonista de los próximos años de la economía argentina
Argentina atraviesa una reconfiguración de su matriz productiva y su economía en los proximos años que, según el Fondo Monetario Internacional, bancos de inversión y centros de estudios locales, llevará a la energía y la minería a disputarle al agro el liderazgo exportador hacia el cierre de la década.
El proceso conjuga una relativa estabilización macroeconómica y apertura comercial, con una compresión sostenida del riesgo país y un crecimiento del PBI que el FMI proyecta en 3,5% para este año. La transformación, sin embargo, se distribuye de manera desigual entre provincias: mientras Neuquén multiplicó su masa salarial privada de la mano de Vaca Muerta, Mendoza completa quince años sin recuperar su nivel de actividad per cápita.
Superávit comercial y riesgo país en baja
El intercambio comercial de bienes acumuló entre enero y abril exportaciones por 30.820 millones de dólares, 21,5% más que en igual período de 2025, con un superávit de 8.277 millones. Marzo marcó el mayor valor exportador mensual de la historia argentina, con 8.645 millones de dólares, y el resultado comercial acumula ya 29 meses consecutivos de saldo positivo, impulsado en buena medida por la energía.
En el plano fiscal, el Gobierno sostuvo un superávit primario de 0,5% del producto en el primer cuatrimestre, en línea con la meta pactada con el FMI. El riesgo país cayó de 431 a 408 puntos básicos en la primera semana de julio y tocó su nivel más bajo desde 2018. Persisten señales de fragilidad: el Banco Central proyecta un dólar de 1.673 pesos para diciembre y una desaceleración de la actividad, con estimaciones privadas de un crecimiento de entre 2% y 3%, por debajo del 4,4% de 2025.
Tres sectores empujan el cambio
El diagnóstico oficial y privado identifica tres tendencias estructurales. La primera es la diversificación de la canasta de recursos naturales: hacia fin de año, las exportaciones de Vaca Muerta podrían igualar a las del complejo sojero, un quiebre inédito sostenido por inversiones proyectadas por 13.890 millones de dólares.
La segunda es la minería vinculada a la transición energética. La Cámara Argentina de Empresas Mineras proyecta exportaciones por 9.000 millones de dólares este año, 49% más que en 2025, con el litio superando los 1.400 millones. El secretario de Minería, Luis Lucero, estimó que el sector podría superar los 20.000 millones hacia 2031, cuando maduren los proyectos de cobre hoy en construcción en San Juan y Catamarca.
La tercera es la consolidación de la economía del conocimiento como tercer complejo exportador, con ventas que superaron por primera vez los 10.000 millones de dólares en el año móvil cerrado en marzo, 11,7% más, y más de 285.000 empleos formales.
Desde el Gobierno aseguran que el proceso se apalancara fuertemente en las leyes del Regimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y en el proyecto de Super RIGI que hoy trata el parlamento.
La economía del conocimiento uno de los tractores del cambio de matriz de la Argentina
La cara menos visible: empleo e industria
Los tres sectores comparten un rasgo: son intensivos en capital y menos intensivos en empleo que la industria manufacturera tradicional, que exhibe el diagnóstico más ambivalente. Conviven cadenas plenamente integradas al mundo (agroindustria, energía, minería) con un entramado construido sobre protección comercial que hoy enfrenta la apertura. Abeceb proyectó una recuperación desigual, con la industria automotriz destacada, pero con la producción manufacturera general todavía 4% por debajo de los niveles de 2023.
La reforma laboral sancionada este año introdujo topes indemnizatorios y una reducción de contribuciones patronales para nuevas contrataciones. El consenso entre consultoras de recursos humanos es que moderniza el marco regulatorio, pero no acelera por sí sola el empleo sin crecimiento sostenido.
Mendoza, fuera del nuevo ciclo
El informe anual del IERAL de la Fundación Mediterránea sobre la economía mendocina, presentado en marzo, documenta el caso más elocuente de esa desigualdad regional: la provincia completa quince años sin recuperar su nivel de actividad per cápita, con una caída de 10% en el producto bruto geográfico por habitante desde 2011. Los economistas Gustavo Reyes y Jorge Day sostienen que el estancamiento no se explica solo por la crisis de la vitivinicultura y el petróleo convencional, sino por el desplazamiento general del empleo hacia servicios y por costos en dólares que erosionan la competitividad exportadora provincial.
La comparación con Neuquén es elocuente: su masa salarial privada real creció más de 60% en quince años de la mano de Vaca Muerta, mientras la mendocina permaneció estancada desde 2013. El propio IERAL admite que el caso neuquino es excepcional y difícil de replicar, lo que sugiere que la minería, antes que la energía, es la ventana más realista para que provincias como Mendoza capturen parte del nuevo ciclo de inversión, siempre que resuelvan cuellos de botella logísticos y de presión tributaria.
Un escenario condicionado por la geopolítica
El panorama externo se volvió más incierto desde fines de febrero, cuando el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán derivó en un shock de oferta energética que el FMI ubica como principal factor detrás de la revisión a la baja del crecimiento global. Para un exportador neto de energía como Argentina, el efecto es ambiguo: mejores precios para el petróleo y el gas conviven con mayores costos logísticos y presión inflacionaria importada.
JP Morgan ubica al país entre las economías emergentes que podrían beneficiarse de la fragmentación del comercio global por su dotación de energía, cobre, litio y alimentos, aunque advierte que la disponibilidad de recursos no alcanza: exige también estabilidad macroeconómica, reglas previsibles e infraestructura sostenida.
Argentina se enfrenta a un lustro de cambio de su matriz productiva, pero con resultados, por ahora, inciertos.