30 de junio de 2026
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Exportación

Boom de exportaciones versus el desafío de generar empleo

Argentina atraviesa un boom de exportaciones y crece, pero el empleo formal, la inversión y la industria retroceden. Las causas de una economía desigual.

Por Sitio Andino Economía

Argentina exporta más, acumula divisas y su economía crece. Sin embargo, el empleo formal cae, la inversión se derrumba y el trabajo asalariado de calidad retrocede en casi todas las regiones del país. La paradoja tiene una explicación precisa: el boom de exportaciones está protagonizado por sectores (agro, minería, hidrocarburos) que no necesitan trabajadores en la misma proporción en que generan riqueza. Mientras acumulan dólares, los rubros que históricamente sostienen el empleo urbano (la industria manufacturera, el comercio, la construcción) se contraen o permanecen estancados.

El Producto Bruto Interno (PBI) avanzó 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026, superando las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado de mayo, que anticipaba una suba del 0,3%. Las exportaciones crecieron 9,8% interanual, impulsadas por una mejora de precios del 3,6% y un salto de volúmenes del 12,8%. Las importaciones, en cambio, cayeron 7,5% en cantidades. Es decir, la economía vende más al mundo y consume menos adentro. Esa ecuación, que en la macroeconomía luce virtuosa, tiene un reverso laboral que las cifras del INDEC y el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) dejan en evidencia.

Una economía de dos velocidades

La consultora ACM describió el primer trimestre como un «rebote con primarización». Del lado de la oferta, los cinco sectores que explicaron 2,11 de los 2,3 puntos de crecimiento del PBI fueron: agricultura, ganadería, caza y silvicultura (18,1% interanual), explotación de minas y canteras (12,3%), intermediación financiera (7,5%), transporte y comunicaciones (2,3%) y actividades inmobiliarias y empresariales (0,9%). Del otro lado, la industria manufacturera cayó 1,7%, el comercio mayorista y minorista retrocedió 0,3% y la administración pública bajó 1,4%. Estos sectores restaron 0,37 puntos al producto, con la industria explicando el 65% de esa incidencia negativa.

Los sectores que concentran las grandes inversiones y lideran las exportaciones representan apenas el 3% del empleo total del país. Los que acumulan el grueso del trabajo formal (industria, comercio y construcción) concentran cerca del 45% del empleo urbano y son, precisamente, los que más sufren bajo el actual esquema de crecimiento. El economista Santiago Battista lo sintetizó con precisión: «Si dejamos morir la industria y el comercio, no hay lugar donde trabajar».

El problema del capital intensivo

El primer motivo por el que el boom exportador no genera empleo es estructural: los sectores que lo protagonizan demandan una enorme cantidad de capital por cada puesto de trabajo que crean. Bajo esquemas de inversión como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), se estima que se necesita entre 570.000 y 780.000 dólares de capital para generar un solo puesto de trabajo directo. La minería, el petróleo, el gas y la agroindustria de exportación requieren maquinaria compleja, tecnología avanzada e infraestructura costosa, pero muy poca mano de obra relativa.

La economista Julia Strada confirmó esa lógica con datos concretos: entre el primer trimestre de 2023 y el de 2026, el agro registró un crecimiento de apenas 0,8% en los puestos de trabajo; la explotación de minas y canteras vio caer su empleo 4,5%; y la intermediación financiera acumuló una baja del 4,2% en el empleo registrado. Los tres sectores que más contribuyeron al crecimiento del PBI son también los que menos empleo generaron, o directamente lo destruyeron, en el mismo período.

La Fundación Mediterránea fue explícita al respecto: «Minería, petróleo, gas y energía son sectores muy intensivos en capital, pero no generan empleo directo en la misma proporción». Los proyectos vinculados a esas actividades anunciados para distintas provincias argentinas comprometen inversiones por más de 22.000 millones de dólares, pero las estimaciones más optimistas calculan que generarán cerca de 50.000 empleos directos. El contraste con la industria manufacturera es revelador: ese sector, que el modelo presiona a la baja, emplea a varios cientos de miles de trabajadores formales.

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El boom de exportaciones primario no se traduce en empleo de calidad y solo crece el trabajo precarizado.

El boom de exportaciones primario no se traduce en empleo de calidad y solo crece el trabajo precarizado.

El problema geográfico y extractivo

El segundo motivo es territorial. Las actividades extractivas que lideran el crecimiento operan en regiones geográficamente distantes de los grandes centros urbanos donde se concentra la población desempleada: el sur patagónico, la cordillera andina, el noroeste. La masa laboral que pierde trabajo en el conurbano bonaerense, en Córdoba o en Santa Fe no puede trasladarse de manera automática a perforar pozos en Neuquén o extraer litio en Jujuy.

A ello se suma que estas actividades operan en gran medida como «enclaves»: compran insumos de alta tecnología en el exterior en lugar de traccionar a las pymes locales, y demandan perfiles técnicos altamente especializados (operarios industriales, soldadores, técnicos, ingenieros) que la mayoría de los trabajadores urbanos sin empleo no posee de manera inmediata. Los especialistas coinciden en que habrá movimientos poblacionales hacia las provincias mineras y energéticas, pero de forma selectiva y concentrada en perfiles con capacitación específica.

El caso de Neuquén ilustra tanto el potencial como sus límites. Impulsada por Vaca Muerta, la provincia incrementó un 40% su empleo privado registrado en la última década: unos 40.000 puestos adicionales. Fue, entre marzo de 2025 y marzo de 2026, la única jurisdicción del país con crecimiento neto de empresas empleadoras, según un informe de Politikon Chaco. Pero Buenos Aires perdió 4.311 empresas en el mismo período, Córdoba 2.187, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires 1.539 y Santa Fe 1.305. Estas cuatro jurisdicciones concentran más del 70% del entramado empresarial argentino. Como advirtió el empresario Viqueira en un congreso industrial: «Es imposible que Vaca Muerta absorba el entramado del conurbano».

La destrucción del empleo formal y su reemplazo informal

El tercer motivo es la crisis en los sectores intensivos en mano de obra. La industria manufacturera, golpeada por la apertura comercial y la caída del consumo interno, registró una pérdida de 125.000 puestos formales en el último año, según el economista Diego Coatz. Solo en marzo de 2026, los datos del SIPA mostraron que el empleo privado registrado cayó mes a mes en los principales sectores: la industria manufacturera perdió 5.043 puestos, el comercio y reparaciones 2.147, el transporte y las comunicaciones 1.576 y la intermediación financiera 764. Los sectores que sumaron empleo en ese mismo mes (agricultura con 871 puestos, minería con 434) no compensan esas bajas ni en cantidad ni en distribución territorial.

El ajuste, sin embargo, no se traduce solo en desocupación abierta. Se manifiesta principalmente en una degradación de la calidad del empleo. Los puestos industriales estables caídos son reemplazados en las estadísticas por cuentapropistas, monotributistas y trabajadores informales. Entre el primer trimestre de 2024 y el de 2026, según datos de la Provincia de Buenos Aires, la proporción de empleo asalariado sobre el total de ocupados cayó del 74,7% al 71,7%, mientras los trabajadores no asalariados pasaron del 25,3% al 28,1%. El experto Luis Campos, con datos de la Encuesta Permanente de Hogares, cuantificó la dinámica: entre el primer trimestre de 2024 y el primero de 2026, la población ocupada creció 358.000 personas, pero los formales cayeron 246.000, los informales aumentaron 604.000 y los desocupados subieron 57.000. No desaparece el trabajo: se precariza.

Crecimiento sin inversión ni demanda interna

El cuarto factor que explica la desconexión entre exportaciones y empleo es la caída de la inversión y del consumo interno. En el primer trimestre de 2026, la formación bruta de capital fijo se derrumbó 11,6% interanual. Dentro de ese retroceso, la caída en maquinaria y equipo fue del 18,1% y en equipo de transporte del 19,6%. El economista Martín Rapetti definió la situación como una anomalía: a diferencia de una expansión típica, donde crecen la mayoría de los sectores y la inversión acompaña el ciclo, hoy se expanden unos pocos rubros primarios y el resto se estanca o retrocede. Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Equilibra, agregó un dato histórico: desde 1993 nunca se habían observado cuatro trimestres consecutivos de caída de la inversión con expansión simultánea del PBI.

La contracara de la caída inversora es el debilitamiento del mercado interno. El consumo privado creció 2,7% interanual en el primer trimestre, pero esa suba convive con una masa salarial que, según Federico Pastrana, de CP Consultora, sigue por debajo de los niveles de noviembre de 2023. Cada trabajador perdió el equivalente a casi cinco salarios desde ese mes, según la medición de Lucía Ortega, del CELID. Sin demanda interna robusta, los sectores intensivos en empleo (comercio, construcción, servicios urbanos) carecen de los estímulos que necesitan para recuperarse, lo que retroalimenta la destrucción de puestos formales.

El diagnóstico de Diego Coatz fue directo: «El principal problema de las empresas es que no hay demanda y falta crecimiento. Hoy, si se sacan los sectores extractivos de recursos naturales, la economía está cayendo». El boom exportador, en esa lectura, no derrama. Acumula divisas en un segmento acotado de la economía mientras el mercado interno, el empleo formal y la inversión productiva se deterioran en paralelo. El resultado es una economía que crece en los indicadores agregados, pero se fractura en su estructura laboral y distributiva.

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