29 de julio de 2026
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Provincia de Mendoza

Arriazu en Mendoza: superávits, competitividad y el desafío de atraer inversiones

Ricardo Arriazu afirmó en Mendoza que Argentina atraviesa una oportunidad histórica, aunque advirtió que el éxito dependerá de sostener reglas y confianza.

La platea (empresarios, algunos funcionarios, directivos de bodegas, consultoras, mineras, varios economistas y muchos jóvenes del mundo de la inversión) esperaba las habituales proyecciones de coyuntura. Pero Arriazu, con el aplomo de quien lleva más de medio siglo analizando la economía argentina, decidió cambiar el libreto desde el primer minuto. "Yo sé que ustedes están interesados en saber el corto plazo, qué va a pasar con la inflación, con el tipo de cambio, si va a haber reactivación, qué va a pasar con las elecciones", concedió el economista, antes de lanzar su advertencia inicial: "pero yo les pediría que me perdonen si me salgo de acá y comienzo por algo más grande".

Un siglo de oportunidades perdidas

El economista recordó que, hace un siglo, el país llegó a tener tres veces el PIB por habitante del promedio mundial, mientras que hoy apenas lo iguala. La conclusión sobre ese derrotero fue terminante: "El mundo aprendió a crecer y nosotros a decrecer". Las causas de esa anomalía histórica son conocidas, dijo, pero no por eso menos destructivas: "Debilidad institucional, fragmentación ideológica, el famoso péndulo, inflación".

El nuevo escenario internacional

Para el analista, Argentina encarna por excelencia "el país de las oportunidades perdidas", pero el escenario global actual ofrece una revancha inédita. La tensión hegemónica entre Estados Unidos y China, sumada a la irrupción de nuevas tecnologías, reconfiguró el mapa del comercio. "El mundo está yendo hacia la electrificación y hacia la inteligencia artificial", explicó Arriazu, y detalló que esa nueva matriz productiva requiere inmensas cantidades de "energía, cobre, litio y plata". Remató con una sonrisa que mezclaba ironía y esperanza: "Justo lo que Argentina tiene".

Superávits y confianza

A pesar de contar con una dotación de recursos naturales envidiable, la desconfianza estructural sigue pesando más que los superávits. El economista destacó que, hacia fines de 2026, Argentina será el "único país" del mundo que exhibirá la anhelada solidez de los superávits gemelos (fiscal y comercial), aunque la reacción de los mercados no sea proporcional a ese logro. "¿Por qué?", se preguntó de manera retórica, para responder con crudeza: "Por nuestro prontuario y porque la gente dice, 'Sí, está todo muy bien, pero ¿qué va a pasar después de las elecciones?'". El fantasma del péndulo político (el temor a que un nuevo gobierno revierta las reglas de juego) es hoy la principal barrera de contención para las inversiones de largo plazo.

Ricardo Arriazu disertó ante un salón colmado en el hotel Sheraton de la provincia de Mendoza

Ricardo Arriazu disertó ante un salón colmado en el hotel Sheraton de la provincia de Mendoza

La competitividad por encima de la devaluación

Uno de los pasajes más celebrados de su exposición abordó la recurrente demanda empresarial por el atraso cambiario. Lejos de las fórmulas académicas tradicionales, Arriazu recurrió a una metáfora para desarmar el reclamo de una devaluación rápida. "En Argentina devaluar es como si el petiso pidiera que le devalúen el metro. En lugar de un metro cincuenta mide tres metros", ironizó entre risas del auditorio. El problema, insistió, es de fondo y no se resuelve tocando la paridad nominal. "Él tenía que haber pedido la hormona de crecimiento, como Messi", continuó, y aplicó la figura al entramado productivo: "¿Qué tiene que pedir el sector? La hormona de la competitividad".

Minería, el futuro Vaca Muerta

Esa inyección de vitalidad, advirtió, ya tiene motores en pleno proceso de encendido. Tras recordar que él mismo había anticipado el boom de los hidrocarburos hace más de una década, trazó un paralelismo ineludible: "Hoy la minería es como Vaca Muerta del 2013". Lejos de ser un mito, las exploraciones recientes derribaron el escepticismo histórico para confirmar la existencia de recursos de cobre y litio de "clase mundial". El foco geológico está puesto en la extensa "lonja que va desde La Rioja hasta Mendoza", una franja tan rica como su par chilena, cuya magnitud real aún desconcierta a los expertos porque "siguen perforando, abajo sigue, a un costado sigue. No saben dónde termina".

El potencial de esta "oportunidad sistémica" es monumental: partiendo de los 6.075 millones de dólares exportados el año pasado, el país podría alcanzar ingresos por 36.000 millones hacia 2035.

Los costos de la transformación

Ese camino hacia la competitividad genuina no estará exento de fuertes traumas sociales. Al sincerar la economía y abrir los mercados, los cambios estructurales golpearán con dureza a los sectores acostumbrados a operar bajo el paraguas de la protección estatal. "El problema es que la destrucción es siempre más rápida que la creación, y eso va a generar bolsones de pobreza, de descontento y de desempleo justo en los lugares donde está la mayor cantidad de votantes", advirtió. Cruzar ese desierto pondrá a prueba la tolerancia social y la pericia política de la administración actual.

El ahorro privado como motor potencial

Si el país logra cruzar ese puente, el combustible para el despegue está guardado bajo el colchón. A través de un cálculo propio, Arriazu estimó que los argentinos acumulan un patrimonio neto de 3,3 billones de dólares, más de cinco veces el tamaño de la economía formal. No se trata de una vocación rentista natural, aclaró, sino de un reflejo de supervivencia. "Este es un país que está inmovilizado. Es un país defensivo, no invierte, protege. No nacimos con la dolarización y el ladrillo en la cabeza, nos obligaron", sentenció.

Un optimismo moderado

Hacia el final de la disertación, el economista se permitió quebrar su propio récord de escepticismo histórico. "Yo generalmente le daba una oportunidad a la Argentina del 30% de éxito. Por primera vez le doy un poco más de 50", confesó. Fiel a su estilo analítico, se adelantó al asombro de los presentes: "Alguien me dice, 'Qué optimista'. Entonces yo le digo, '¿Por qué no me preguntas por qué tengo casi 50 el fracaso?'".

La respuesta a esa última pregunta no requiere modelos econométricos sofisticados ni depende de cisnes negros en los mercados internacionales. El veredicto final, resumió Arriazu antes de despedirse entre aplausos, recae sobre un factor mucho más terrenal y esquivo: "Depende de los argentinos y ojalá esta vez no nos equivoquemos".

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