Alimentos: productores reciben solo el 25% del precio que paga el consumidor
El consumidor pagó cinco veces más que el productor por los alimentos en enero, según el IPOD de CAME, que analiza la brecha entre precios en origen y destino.
La relación entre el precio que percibe el productor agropecuario y el que paga el consumidor en los comercios volvió a exhibir una distancia significativa al inicio de 2026. Durante enero, el consumidor pagó en promedio cinco veces más por los alimentos básicos de lo que recibió el productor en el punto de origen. El dato surge del último relevamiento del Indicador de Precios en Origen y Destino (IPOD), elaborado por el área de Estadísticas e Informes y el sector de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
La medición ubicó la brecha promedio en 5,04 veces, lo que implica que por cada peso que el productor percibió en la tranquera de su establecimiento, el consumidor desembolsó más de cinco pesos en el comercio minorista. La cifra refleja la distancia existente entre los distintos eslabones de la cadena de comercialización, que parece seguir siendo uno de los grandes problemas de la economía argentina.
Según el informe, esta diferencia impacta en la distribución del ingreso dentro del circuito agroalimentario. Los productores captaron en enero apenas el 25,1% del precio final de los alimentos, mientras que el resto del valor quedó absorbido por etapas posteriores de la cadena, entre ellas el transporte, la comercialización mayorista y minorista y los costos asociados a la logística y la estructura comercial.
El indicador se construye a partir del seguimiento de 24 productos representativos de la producción agroalimentaria, de los cuales 19 pertenecen al segmento frutihortícola y cinco corresponden a bienes de origen animal. Esta metodología permite observar el comportamiento de los precios en dos momentos de la cadena: el valor en origen y el precio de venta al consumidor.
Diferencias entre producciones
El análisis por sectores muestra comportamientos distintos entre los productos frutihortícolas y los productos de origen animal. En el caso de las frutas y hortalizas, la brecha promedio alcanzó 5,45 veces, con una variación interanual del 15,1%. Este segmento suele registrar fluctuaciones asociadas a factores climáticos, estacionales y a la duración limitada de los productos.
En contraste, los bienes de origen animal presentaron una diferencia menor entre el valor en origen y el precio final. En este grupo la brecha se ubicó en 3,18 veces, con una variación interanual del 7,02%. La estructura productiva y los ciclos de comercialización de estos bienes explican parte de esa diferencia respecto del segmento frutihortícola.
Dentro de la canasta analizada, algunos productos exhibieron niveles de dispersión superiores al promedio. El caso de mayor distancia se registró en la calabaza, con una brecha de 11,8 veces entre el precio recibido por el productor y el valor de venta al consumidor.
De acuerdo con las explicaciones difundidas por entidades del sector, este comportamiento respondió a un proceso de recomposición de precios en el origen luego de un período de cotizaciones reducidas en las chacras. En el tramo minorista, en cambio, el precio se mantuvo estable, con una variación negativa del 0,1% en las góndolas.
Otros productos con diferencias relevantes fueron la naranja, con una brecha de 9,3 veces, y la pera, con 8,8 veces entre origen y destino. En el extremo opuesto se ubicaron algunos alimentos con menores diferencias dentro de la cadena de comercialización. Entre ellos se destacaron la frutilla, con una brecha de 1,5 veces, la zanahoria, con 2,0 veces, y el pollo, con 2,3 veces.
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La brecha de precios entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor sigue agrandandose.
Incidencia de los factores estacionales
El informe también vincula las variaciones de precios con el comportamiento estacional de la producción agropecuaria. La evolución de los valores se calcula a partir de una estructura de ponderaciones basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) elaborada por el INDEC, que permite estimar el peso relativo de cada producto dentro del consumo.
En enero, el Índice de Precios en Origen registró una variación interanual del 53,1%, mientras que la mejora acumulada en los últimos doce meses alcanzó el 16%. Parte de esta evolución se explicó por el recambio de la producción de temporada, que modificó la disponibilidad de algunos cultivos.
Entre los productos que registraron mayores incrementos en origen se destacó el tomate redondo, con una suba mensual del 66,7%. También se observaron aumentos en el pimiento rojo, con 46,7%, y en el repollo, con 44,1%. La transición entre ciclos de cosecha influyó en la formación de estos precios.
En el tramo minorista, el Índice de Precios en Destino mostró una variación interanual del 44,2% y un aumento mensual del 6,6%. Durante enero, las mayores subas en los comercios correspondieron al ajo, con 61,8%, seguido por la zanahoria, con 42,9%, y el tomate, con 34,7%.
Los técnicos que elaboraron el reporte señalaron que estos movimientos suelen vincularse con episodios de menor oferta en los mercados mayoristas durante el cambio de temporada. Ese proceso impacta primero en los centros de distribución y luego se traslada a los precios de venta al público.
Los productores cada vez mas lejos
La comparación con períodos anteriores permite observar la trayectoria de los precios en la cadena agroalimentaria. El índice de precios en origen, que en octubre de 2023 se ubicaba en 2.942,3 puntos, alcanzó en enero de 2026 los 11.549,9 puntos.
Una evolución similar registró el índice correspondiente a los precios en destino. En el mismo período pasó de 2.717,9 puntos a 10.584,6 puntos. La trayectoria de ambos indicadores refleja el movimiento general de los precios dentro de la economía y su impacto sobre el consumo de alimentos.