Desde hace más de 48 horas, Malargüe permanece bajo alerta meteorológica por intensos vientos del oeste y Zonda, con ráfagas que superaron los 80 kilómetros por hora. La situación obligó a suspender clases y actividades, aunque una vez más los malargüinos demostraron su histórica capacidad de adaptación frente a un clima extremo que forma parte de su identidad.
El viento volvió a hacerse sentir con fuerza en Malargüe, donde las ráfagas del oeste y Zonda dominaron las últimas jornadas y pusieron al departamento bajo alertas meteorológicas amarilla y naranja. El fenómeno climático, habitual en esta región del sur mendocino, provocó la suspensión de clases durante el miércoles, jueves y parte de la mañana de este viernes, además de alterar otras actividades cotidianas.
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Viento con fuertes ráfagas en Malargüe durante tres jornadas
Según informaron técnicos del Servicio Meteorológico Nacional que operan en el Aeropuerto Internacional Comodoro Ricardo Salomón, la ráfaga más intensa registrada en las últimas 24 horas ocurrió ayer a las 15.50, alcanzando los 84 kilómetros por hora provenientes del oeste.
Durante la madrugada del viernes, el viento volvió a castigar distintos sectores del departamento, haciendo sentir toda su potencia especialmente en zonas rurales y urbanas. Desde el organismo meteorológico indicaron además que las condiciones adversas continuarán hasta avanzada la tarde, manteniéndose la alerta amarilla por fuertes vientos, con probables precipitaciones hacia la noche y un marcado descenso de temperatura durante el fin de semana.
Vecinos de Malargüe conviven diariamente con el clima extremo
Sin embargo, lejos de paralizar la vida diaria, el clima extremo parece reforzar el carácter de los habitantes de esta región cordillerana. En calles, comercios y localidades del interior departamental, los malargüinos continuaron desarrollando sus actividades habituales enfrentando el frío y las ráfagas con la naturalidad de quien convive desde siempre con estas condiciones.
“Así somos en Malargüe, curtidos”, resumió Mario Vázquez mientras caminaba en pleno temporal. La docente Paola Molina aseguró que convivir con el viento ya es parte de la rutina, mientras que el productor rural Juan Manuel Menocchio describió cómo las ráfagas golpean con mayor crudeza en los campos del suroeste.
El comercio también siente el impacto de estas contingencias climáticas. María Vallejos explicó que durante jornadas de viento intenso disminuye considerablemente el movimiento de clientes, afectando la actividad económica local. Aun así, en Malargüe el viento no detiene la marcha cotidiana de una comunidad acostumbrada a resistir y seguir adelante.