domingo 27 nov 2022
Una historia que se repite

Testimonios de mendocinos con más de un trabajo para enfrentar la inflación

La inflación sigue escalando y los precios continúan aumentando. De esta manera, no queda otra opción más que buscar nuevas fuentes de trabajo.

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Por Florencia Rodriguez 1 de octubre de 2022 - 19:08

En Argentina, la mayor parte de la sociedad no necesita ver los números del Indec para saber que la inflación sigue escalando en todo el país, incluso, algunas provincias como Mendoza, suele ubicarse por encima de la Nacional. Hay otra forma a través de la cual, los ciudadanos/as pueden “predecir” cómo seguirá el asunto: el gremio de los trabajadores/as bancarios firmó en paritarias, un aumento del 94%, lo que hace al menos suponer- teniendo en cuenta que la idea es que el IPC no le gane a los salarios- que el 2022 cerrará con un índice inflacionario más alto del que se pensaba hace unos 6 meses.

Sin embargo, el termómetro social no miente y la necesidad de tener más de un trabajo para llegar a fin de mes es una práctica naturalizada, con título universitario o sin él, la situación se torna desesperante y hay que buscar otras fuentes de ingreso, trabajar de lo que sea pero trabajar.

Sitio Andino conversó con mendocinos y mendocinas que contaron su historia: desde qué edad trabajan, cuántas tareas realizan actualmente, si esto les ha resultado rentable en la misión “llegar a fin de mes” o ahorrar, cómo impactó en sus vidas personales y si aún consideran que necesitan sumar más horas en un puesto laboral.

Emanuel tiene 36 años, trabaja desde los 23 años: “Mi primer trabajo fue de mozo, luego he trabajado en un drugstore y posteriormente, en el negocio familiar, somos productores y distribuidores de frutos secos. A ese trabajo lo mantengo hasta la actualidad pero soy docente por lo que también trabajo como profesor de Historia”, comienza a contar.

Luego, reflexiona: “Muchas noches, antes de dormir, creo que necesito un trabajo más y le doy vueltas a la idea pensando de qué manera, en qué momento podría hacerlo. En lo personal, es muy frustrante porque se trabaja mucho pero el dinero no rinde, lo que nos pasa a la mayoría”.

A su turno, habla Hernán, tiene 39 años y su primer trabajo fue como becario en la facultad donde estudiaba una de esas carreras que en Argentina siempre se suele sugerir para tener “un mejor pasar”.

“Empecé en el Área de Informática de la facultad. Luego, pasé a Servicio Técnico, cuando adquirí un poco más de ‘cancha’ hice trabajos particulares e iniciamos un emprendimiento con unos amigos de venta y arreglo de PCs que, finalmente, tuvimos que disolver por los estudios y otros trabajos”, contó Hernán.

Y agregó: “Después, entré en un hospital en el sector de electromedicina y entre los dos trabajos no hacía uno solo porque el Estado paga mal. En ese hospital estaba facturando a una empresa que se fundió, por lo que luego el hospital nos tomó aunque con la misma modalidad de pago , era por servicio, seguíamos facturando”.

“Hoy tengo casi 40 años y después de 15 años en esta situación, finalmente, pasé a planta en la facultad. Actualmente, tengo esos dos trabajos que me suman un sueldo digno con el que puedo sostenerme pero uno pierde calidad de vida: salís de un trabajo y vas al otro. Creo que, igualmente, no podría tomar otro más porque no me da el cuerpo y el cansancio mental es muy alto. Llegas muy cansado a casa, a veces de mal humor por cuestiones que conocemos todos, te desgasta anímicamente, mentalmente, y los vínculos se empiezan a friccionar, los de pareja e incluso, las amistades porque nunca tenés tiempo y siempre estás cansado”, dijo.

“Dejas de ver a tus afectos, a la familia, hay poco contacto con todo el mundo y llega un momento que te empezas a cuestionar: ¿necesito dos trabajos o puedo ajustarme y recuperar calidad de vida? Son cosas que comenzas a plantearte porque no tenés vida pero la realidad no te deja mucha opción”, cerró.

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Matías es otro de los mendocinos que vive esta situación, trabaja desde los 19 años y hoy, con 36 cumple en tres puestos laborales. “Comencé como vendedor de servicios de salud, vendedor de seguros, vendedor de sistemas de seguridad. Luego, trabajé empleado de comercio y después en el sector de informática”.

“Actualmente, tengo tres trabajos: uno como Diseñador en Área de Marketing para una empresa, también me dedico al diseño freelance y el tercero es como administrativo en una pyme. Tomé la decisión de buscar más trabajos hace casi dos años, cuando la crisis comenzó a profundizarse. Al principio, mi situación mejoró en los primeros meses pero, actualmente, el ingreso ya no es rentable otra vez”, cuenta Matías sobre su situación.

En cuanto a su vida cotidiana, el impacto en lo personal, social y emocional se refleja claramente en “que el tema del trabajo siempre está presente, un tópico muy recurrente incluso en terapia. Estas ocupado todo el día y cuando terminás, no tenés ganas de ver a nadie ni de hacer nada, estás tan cansado que desistís y preferís quedarte en tu casa. Incluso, las veces que veo a mi familia, el tema laboral y estas consecuencias siempre son tema de conversación en la mesa. Ni hablar de la sentimental, de parejas, eso no existe, no hay tiempo”, sentencia.

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Federico también comparte su historia: “Tengo 48 años y trabajo desde los 16. Incluso, a uno de mis primeros sueldos ‘formales’ tuvo que cobrarlos un compañero cuando se enteraron de que era menor de edad. Empecé dando clases de informática, y en general, todos mis trabajos siempre han tenido que ver con Sistemas y Administración de Recursos Humanos y equipamiento en el Sector de la tecnología. Actualmente, trabajo para una institución del Estado. Por otro lado, soy el responsable de Sistemas de una empresa privada, y además hago trabajos freelance de desarrollo web y creación de sitios de internet”, enumera.

“En la actualidad tengo dos trabajos ‘fijos’, a los cuales les dedico la mayor parte de mi tiempo, pero además suelen aparecer otros que requieren que destine el tiempo que habitualmente tengo destinado para descansar o hacer sociales. Sin embargo, hace unos 3 meses decidí aceptar una propuesta laboral, dado que la situación económica está muy difícil, incluso sabiendo que implicaba mayor responsabilidad y muchas más horas de trabajo”, agregó.

Y completó: “Por supuesto, que la decisión de tomar ese nuevo puesto ha venido a aliviar la carga económica, y si bien ha complicado mi vida social y familiar, ya que el tiempo destinado a estas actividades se ha visto drásticamente disminuido, me resultan indispensables teniendo en cuenta la situación económica actual más aún porque además de los aumentos en el precio de todos los rubros, que nos afecta a todas las personas, el factor más preponderante en este sentido es el incremento que ha tenido el alquiler. Dentro de 2 meses, por ejemplo, se me incrementará el mismo alrededor de un 80% en tan solo 1 año de contrato. Creo que no tengo alternativa”.

Luciana se recibió de Diseñadora Gráfica hace casi 7 años, hoy está a punto de cumplir 32. “Al principio, tuve trabajos cortos en los que nunca dejaron de pagarme como si fueran pasantías. Esto me llevó al freelance porque también tenía ganas de independizarme y hay muchas cosas a tener en cuenta cuando tomas esa decisión”, comenzó a contar.

“A esos dos trabajos, le sumé uno más: recepcionista en una clínica oftalmológica y aunque parezca difícil de creer, este era el mejor ingreso que recibía entre los tres trabajos, así que hice todo lo posible para quedarme, esperando que en algún momento pudiera dedicarme y vivir de lo que estudié, eso aún no ha pasado y de hecho, estoy considerando ir a vivir con una de mis hermanas y una amiga de ella porque el precio de los alquileres es una locura y ya no puedo sostener todo sola”, reflexiona.

“Todos estos temas: el miedo, la incertidumbre, el cansancio, comenzaron a afectar mi vida social. Ya no tenía tiempo para otra cosa que no fuera dormir y trabajar, esto me trajo algunas fricciones con mi pareja con quien finalmente terminamos separándonos, mis amigas me entienden, pero por ahí te perdes cumpleaños, bautismos, momentos especiales para las personas que más querés y eso te duele y les duele. Todo lo hablo en terapia, no tengo otro tema de conversación que no sea el laboral”, cerró.

Lorena festejará sus 37 años el próximo 17 de diciembre, trabaja desde los 20 años. Comenzó en la cerrajería del barrio donde vivía, en Guaymallén: “Me encargaba de la parte administrativa y de la atención al cliente. Mientras tanto, estudiaba Gastronomía en la facu. Unos años después, ya recibida, conseguí trabajo en la cocina de una clínica privada de Ciudad, ahí trabajaba en la mañana, hasta el mediodía. Cuando me fui a vivir con mi pareja y empezaron los planes de tener hijos, decidí buscar trabajo en un bar o restaurante, lo conseguí y la vida se empezó a complicar, trabajaba hasta tarde y al otro día me levantaba temprano para ir a la clínica, el resto del día, dormía”, contó.

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Los planes de la maternidad y la paternidad comenzaron a disolverse, no sólo por la falta de tiempo sino porque “también sabemos que tener un hijo o una hija no es fácil, pensamos que para esa decisión tenemos que estar seguros de que no le va a hacer falta nada y que podremos, entre los dos, hacer frente a todo como madre y padre y en lo económico”, expuso.

“Mi pareja también trabaja en rubro de la gastronomía por lo que ambos entendíamos nuestra situación: no teníamos tiempo para nada y era siempre llegar a casa para ver dormir al otro. Decidimos entonces empezar un emprendimiento de viandas, yo dejé el trabajo en el bar, me quedé con la clínica y nos pusimos en marcha, era también una forma de compartir momentos porque casi no nos veíamos y, de paso, estábamos generando un ingreso para nuestra casa”.

Lorena señaló que con el emprendimiento les fue bastante bien, pero llegó la pandemia. “Eso nos liquidó completamente. Ahora, nos estamos reponiendo de nuevo. Afortunadamente, no perdí mi trabajo en la clínica y nuestro emprendimiento sigue adelante, lo malo es que nosotros tratamos de no aumentar los precios porque sabemos que todos estamos en la misma situación, pero a veces lo que generás lo destinás a comprar más insumos y entonces no hay ganancia. Cuando aumentamos, nuestra clientela redujo pero bueno, seguimos, no queda otra”, cerró.

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