28 de mayo de 2026
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Etiquetado Frontal

Ley de Etiquetado Frontal: qué cambió en la alimentación y qué quedó pendiente

La posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal reabre el debate sobre alimentación. Nutricionistas de Mendoza analizan qué cambió en los hábitos de compra.

Por Celeste Funes

La posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal pone sobre la mesa el debate sobre cómo eligen los argentinos los alimentos que consumen a diario. Mientras el Gobierno nacional busca reemplazar el actual sistema de octógonos negros, especialistas explican que la norma logró generar mayor conciencia, aunque también dejó desafíos pendientes.

La Ley de Etiquetado Frontal en el ojo público

La iniciativa impulsada por legisladores de La Libertad Avanza (Alenadro Bongiovani) y el PRO (Daiana Fernández Molero) propone derogar la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable N° 27.642, vigente desde 2021, que obliga a incluir sellos negros de advertencia en productos con exceso de azúcar, sodio, grasas y calorías. El argumento oficial apunta a unificar criterios con otros países del Mercosur y reducir costos para la industria alimentaria, bajo la premisa de que el actual sistema “genera confusión en el consumidor” y desalienta inversiones.

Sin embargo, desde el ámbito de la nutrición y la educación alimentaria, las opiniones son más complejas. En diálogo exclusivo con SITIO ANDINO, las nutricionistas Nadya Tahan (Mat. 2100 @ nt.nutricion) y Anabella Spinelli (Mat. 1967 @ nutri.tualma) coincidieron en que el etiquetado frontal produjo cambios en los hábitos de compra y logró instalar conversaciones sobre la calidad nutricional de los alimentos, aunque remarcaron que faltaron campañas educativas sostenidas para acompañar la medida.

Para Tahan, uno de los principales logros de la ley fue “visibilizar el azúcar ‘oculta’ en productos que la gente creía saludables, como yogures con colchón de frutas, barritas de cereal o jugos en caja”, explicó. Según la especialista, tanto en supermercados como en consultorios comenzó a observarse una modificación en la conducta de consumo. “Muchas personas dejaron de comprar a ciegas y hoy eligen marcas que tienen menos sellos o directamente ninguna”, señaló.

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Especialistas coincidieron en que los octógonos negros ayudaron a generar conciencia alimentaria, aunque remarcaron que faltaron campañas de educación nutricional para acompañar la medida.

Especialistas coincidieron en que los octógonos negros ayudaron a generar conciencia alimentaria, aunque remarcaron que faltaron campañas de educación nutricional para acompañar la medida.

No obstante, advirtió que el sistema comenzó a perder efectividad por la gran cantidad de productos que llevan advertencias. “Como casi todo tiene algún sello, la gente se terminó acostumbrando a ver el octógono negro y, en muchos casos, volvió a comprar lo mismo porque siente que no tiene alternativa”, sostuvo.

Spinelli coincidió en que hubo un cambio de conciencia en la población sobre lo que están comiendo. Además, destacó que el etiquetado frontal funciona como una señal rápida para el consumidor, aunque insistió en la importancia de leer la información nutricional completa.

“Más allá de observar los octógonos, es importantísimo ir a la parte de atrás del envase y leer los ingredientes y el valor nutricional”, remarcó. En ese sentido, recordó que los ingredientes aparecen ordenados de mayor a menor cantidad, lo que permite identificar rápidamente qué contiene en mayor proporción cada producto.

Los cambios que impulsó la ley en las empresas y qué implica la derogación

Las profesionales también coincidieron en que la ley impactó sobre el sector alimentario. Spinelli sostuvo que muchas empresas reformularon productos para reducir sellos y adaptarse a las nuevas demandas de los consumidores. “La industria alimentaria fue modificando productos, reduciendo o agregando ingredientes para que no se vieran tan afectados por los octógonos”, explicó.

En relación con la posible derogación o modificación de la ley, las diferencias aparecen en torno a cuál debería ser el próximo paso. Tahan consideró que un sistema basado en porciones reales podría resultar más claro si mantiene el impacto visual de los octógonos. “El consumidor necesita saber de un vistazo si lo que se va a servir en el plato es excesivo o no”, indicó.

Spinelli, en cambio, manifestó preocupación por la posibilidad de retroceder en materia de prevención y salud pública. “Si se llega a derogar, siento que sería un retroceso respecto a la elección y educación alimentaria”, expresó.

La nutricionista advirtió además sobre el aumento de enfermedades metabólicas no transmisibles en edades cada vez más tempranas. Entre las patologías que más observa en centros de salud mencionó:

  • Diabetes
  • Hipertensión
  • Hígado graso
  • Obesidad

“Cada vez llegan más personas con enfermedades metabólicas y cada vez se observan en edades más tempranas”, alertó Spinelli.

El temor a “no poder comer nada”: el consejo de las especialistas

Otro de los puntos que las profesionales buscaron desmitificar es la idea de que “no se puede comer nada” porque la mayoría de los productos tiene octógonos negros o son ultraprocesados. Para Tahan, el problema está en interpretar los sellos como una prohibición absoluta. “No todas las grasas, azúcares o calorías son iguales ni son perjudiciales”, afirmó.

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“Muchas personas dejaron de comprar a ciegas y hoy eligen marcas que tienen menos sellos o directamente ninguna”, aseguró la nutricionista Nadya Tahan sobre el impacto del etiquetado frontal.

“Muchas personas dejaron de comprar a ciegas y hoy eligen marcas que tienen menos sellos o directamente ninguna”, aseguró la nutricionista Nadya Tahan sobre el impacto del etiquetado frontal.

En este caso, la especialista explicó que el sistema actual no distingue adecuadamente la calidad nutricional de los alimentos. “Las grasas de un queso, de las almendras o del aceite de oliva son fundamentales para el cerebro, las hormonas y la saciedad, pero reciben el mismo sello que unas papas fritas”, ejemplificó.

Por eso, recomendó utilizar los octógonos como una guía para limitar el consumo de ultraprocesados, pero sin demonizar alimentos reales. “Que los octógonos sirvan para descartar galletitas, snacks o bebidas azucaradas, pero que no les tengan miedo a alimentos reales como legumbres, lácteos o frutos secos”, señaló.

“Si pensamos que todo está prohibido, terminamos reduciendo la alimentación a un nicho muy pequeño”, indicó la nutricionista Anabella Spinelli.

En ese marco, ambas nutricionistas coincidieron en un punto central: el etiquetado frontal, por sí solo, no alcanza. Spinelli, por su parte, precisó que no hubo una correcta difusión de educación alimentaria y nutricional en escuelas, centros de salud o espacios comunitarios.

El sistema de octógonos es una buena herramienta, pero no estuvo acompañado por campañas de educación alimentaria”, resumió Spinelli. Y agregó que muchas veces las elecciones alimentarias también están atravesadas por el poder adquisitivo, el tiempo disponible y el acceso a información confiable.

Mientras el debate sobre la continuidad de la ley avanza en el Congreso, las voces de las especialistas coinciden en una idea: más allá del formato del etiquetado, el verdadero desafío sigue siendo que la población pueda comprender qué consume y cómo impacta eso en su salud cotidiana.

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