El objeto, una masa porosa de 1,3 kilos, ingresó a la atmósfera terrestre el 16 de julio de 2024 a una velocidad de 14 kilómetros por segundo, generando una brillante bola de fuego y un fuerte estampido sónico que percibieron miles de personas. La pieza fundamental para el éxito de la investigación publicada en la revista Science Advances fue la rápida reacción del dueño de la casa. El hombre recolectó los fragmentos utilizando guantes desechables y papel de aluminio, sellándolos en frascos de vidrio esterilizados. Esta acción impidió que la humedad del ambiente y la grasitud de la piel humana contaminaran la estructura, entregando a los laboratorios la muestra más pura de la que se tenga registro en su tipo.
Salmuera espacial y los ladrillos moleculares de la vida
Los análisis químicos y microscópicos de alta potencia determinaron que la roca pertenece a una clase extremadamente rara y primitiva conocida como condrita carbonácea CM1/2. Es apenas la segunda vez en la historia de la astronomía que se recupera un fragmento intacto con este tipo de composición, lo que eleva su cotización científica.
El examen de los extractos líquidos dentro de la estructura arrojó dos revelaciones que desconcertaron a los expertos:
Agua salada del sistema solar joven: Los científicos detectaron microfracturas rellenas de altos niveles de sodio procedentes de antiguas salmueras evaporadas en el subsuelo del asteroide. Esta combinación líquida funcionó hace 4.500 millones de años como un reactivo natural idóneo para encender las interacciones de materia orgánica compleja.
Suite de aminoácidos inéditos: El equipo de cosmoquímica de la agencia espacial halló cientos de aminoácidos, los bloques que forman las proteínas. La enorme diversidad de estos compuestos superó incluso a las muestras estériles traídas por misiones robóticas espaciales (como OSIRIS-REx y Hayabusa2) desde los asteroides Bennu y Ryugu, confirmando que la gran mayoría son inexistentes en la naturaleza de la Tierra.
"Poder analizar estas zonas ricas en sal es comparable a tener material directo de misiones espaciales profundas", detallaron investigadores del Centro Espacial Johnson de la NASA. "Poder analizar estas zonas ricas en sal es comparable a tener material directo de misiones espaciales profundas", detallaron investigadores del Centro Espacial Johnson de la NASA.
A través del registro de radares meteorológicos y cámaras hogareñas, los astrónomos reconstruyeron la trayectoria del bólido espacial. Los datos indican que el fragmento se desprendió del cinturón de asteroides ubicado entre Marte y Júpiter, naciendo de un choque masivo ocurrido hace 6 millones de años en el asteroide gigante 163 Erigone. Tras la finalización de los ensayos biológicos, los restos prístinos de Hillsborough se trasladarán de forma definitiva al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York para su resguardo, consolidando la teoría de que los ingredientes fundamentales de la existencia continúan viajando de manera natural por el cosmos.