Lleva 46 años en la peluquería de Guaymallén, llamada “Peinados Delia”, y en diálogo con Sitio Andino contó cómo fue que esta profesión, por la cuál optó por mandatos coyunturales, se convirtió en algo más que su gran pasión.
“En mi época se decía que había que elegir… Mi madre decía que tenía que ser peluquera o modista, tenía que ser algo así… Entonces opté por la peluquería y, desde entonces, soy feliz acá”, resume. Sin embargo, aquella Delia de 20 años no esperaba que este oficio se convirtiera en una parte importante de su vida por la cual, años más tarde, sería reconocida.
Desde trabajar con L’Oreal hasta afincarse en Guaymallén
En 1973, Delia comenzó a desempeñarse en el ámbito de la peluquería desde la capital mendocina y, tras contraer matrimonio, mudó su actividad al departamento de Guaymallén. “Esta casa me la dio mi suegro cuando yo trabajaba en el centro. Él quería que yo tuviera mi peluquería y desde entonces vivo acá y puedo estar con mis hijos y mis nietos”, relató.
En sus comienzos, Delia no solo hacía peinados para fiestas y eventos, sino que ofrecía el combo completo, algo que ahora ha ido mutando. “Yo antes maquillaba. Como ahora es todo por secciones, ya no lo hago. Además, ahora las novias se van a los hoteles pero antes salían vestidas de acá. Se iban peinadas, maquilladas y vestidas”. comenta.
Esta tradición en el mundo de la peluquería, donde las novias y quinceañeras salían desde el lugar listas para su noche de ensueño es menos usual en la actualidad, por lo que Delia atesora cada historia con nostalgia y cariño por sus clientas.
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Foto: Yemel Fil
Esto lo remarcó en todo momento, ya que con sus habituales de todas las edades tiene una cercana relación. “Hay mujeres grandes que vienen y me dicen que se atendían en mi peluquería desde chicas. El sábado vino una clienta que tiene 96 años y le gusta venir acá por la atención, el cuidado...", expresa.
Y continúa: "Yo no tengo problemas ni con mis clientes ni con nadie, soy amiga de todas. Somos un grupo de amigas grande. Cuando ellas cuentan algo acá, se queda acá. Lo que me confían es un secreto y eso yo se lo enseño a todas las chicas”, expresa.
“Antes teníamos un grupo, nos juntábamos los días viernes a la tarde y acá yo les daba el café. Somos como familia ya; me han invitado a sus fiestas y hasta para el Día del Amigo nos juntamos”, cuenta Delia sobre su relación con las clientas.
Asimismo, reitera que es muy unida a todas las chicas que trabajaron a su lado y que, después, “cuando se fueron, se han puesto su peluquería”.
El día que la municipalidad de Guaymallén reconoció a Delia
En 2021, durante la gestión de Marcelino Iglesias en Guaymallén, Delia fue galardonada con el Premio Cacique Guaymaré por su larga trayectoria en ese departamento. Este reconocimiento fue otorgado a otros comerciantes e industriales locales que “apostaron durante 40 años o más al departamento, con sus mejores productos y servicios”.
Según recordó Delia, aquel momento “fue divino” e inesperado. “Vino el Intendente y estuve re contenta. Me regaló el diploma y una decoración artística, fue hermoso”. “Después él volvió para decirme que habían publicado el hecho en redes y que había recibido… ¿Cuántos comentarios?’”, pregunta la peluquera a su amiga, Sandra, quien realiza trabajos de manicura y pedicura en el lugar. “Como cien comentarios, muchísimos y de gente que la conocía”, complementa su ayudante.
En aquella ocasión, el municipio destacó que “los frutos [de la labor de Delia] se reflejan en personas que vuelven cada tanto para mejorar su estética capilar desde San Luis y Santa Fe. Asegura que la trayectoria y su permanencia en el rubro es el reflejo de su pasión por el trabajo y el afecto de sus clientas”.
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Foto: Yemel Fil
Tras pasar varias décadas en el mismo lugar, es lógico que los cambios que experimentan las sociedades se traslade a los hábitos de consumo y, por correlación, a los propios comercios y servicios. Los cambios en las tendencias y los gustos de las personas o sus necesidades derivan en la apertura de nuevas peluquerías -que ya no son solo eso, sino también espacios donde se brindan servicios de depilación, manicura y pedicura- y el cierre de otras.
Sin embargo, el paso del tiempo y las modificaciones epocales no son algo que preocupe a Delia, quien ya cuenta con una clientela afianzada y un ecosistema de colegas que se retroalimenta y ayuda constantemente.
“Siempre he tratado de unirnos a los peluqueros. A mí me gusta que hayamos sido unidos siempre porque, entre más unidos estuviéramos, mejor era el trabajo. Y así soy amiga de las chicas de la vuelta o de la esquina”, comenta.
En este sentido, la peluquera guaymallina explica cómo funciona su sistema con otros colegas de la zona.
Como las permanentes son una técnica que muchos peluqueros dejaron de realizar, las clientas que quieren un cabello rizado con mayor definición son derivadas a “Peinados Delia”. “Viene gente de muchos lugares, me las mandan acá porque yo trabajo con las permanentes”, subraya la peluquera,
Y agrega: “Hay una peluquera a dos cuadras que hace los cortes. Cuando una clienta quiere la permanente, yo se la hago, le pregunto si le gusta y cuando me dice: ‘Si, perfecto. Esto es lo que yo quería’; le digo que complete el look con el corte [en esa peluquería]”.
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Foto: Yemel Fil
Asimismo, Delia aclara que aunque ella no realiza alisados, sí tiene una conocida que maneja esta técnica y a ella “se las mando”. “Las chicas tienen que trabajar... Ellas dicen que cuando yo no esté acá, van a venir a esta peluquería. Yo les digo qué bueno, que quiero que siga funcionando la peluquería”, continúa.
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La búsqueda de un sucesor que continúe con su legado
Delia tiene dos hijos, uno de ellos se adentró en el ámbito de la odontología y el otro optó por ser contador. Si bien la mujer quiso formarlos en su profesión desde chicos, ellos eligieron otro camino. “Los llevé a los ateliers y les decía: ‘Esto es parte de su vida’. Y no, no quisieron seguir con la peluquería”, recordó entre risas.
Además, Delia tiene dos nietas de 21 y 19 años, pero reconoce que a las jóvenes “no les gusta la peluquería. Dicen que toda la vida me han visto trabajar y es cierto, esta es mi vida. Dios quiera que alguna de ellas me quede de peluquera”, agrega.
Si bien aún no encuentra a su sucesora, Delia está muy lejos de querer abandonar su profesión y cuenta con la ayuda constante de Sandra en su local. “¿Para qué me voy a jubilar? No, no. Estoy esperando que alguna chica llegue…. El gusto de mi vida sería que alguna chica venga y trabaje acá conmigo, así yo le dejo el espacio, también, para que pueda desarrollarse.
La peluquería las unió y ahora son una sola: “Ella me mira y ya sé lo que quiere”
Sandra se insertó en el mundo de la peluquería a muy temprana edad. Si bien trabaja con Delia desde hace 15 años, a los 14 ella comenzó a desempeñarse como manicurista, pedicurista y depiladora.
“Yo soy de Buenos Aires, trabajé toda la vida allá y en el 2000 me mudé para Mendoza. Estuve 10 años, prácticamente, sin poder trabajar porque tenía una bebé chiquita. Un día pasé por acá y pregunté si estaba buscando a alguien para trabajar y ella me dijo: ‘Sí, venite”, recordó.
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Foto: Yemel Fil
Si bien reconoció que, al principio, solía “chocar” con Delia, ahora ya son como una sola. “Ya somos como parientes. Estamos en un punto en que ella me mira y yo ya sé lo que quiere”, cuenta Sandra.
Para la bonaerense, "la peluquería es hermosa". "Si bien yo no trabajo de peluquera, yo lavo cabezas, pongo tinturas, saco las permanentes y trato de ayudar [a Delia] en todo, la peluquería no es lo mío. Pero me he criado en este ambiente, entonces estar en este lugar me encanta", afirma.
"Además, esto te permite conocer a un montón de gente y tener cierta proximidad. A veces algunos se vienen a la peluquería para sentirse mejor. Muchas que vienen acá, se hacen los pies, se hacen las manos, se peinan, se miman. Te dicen yo esto lo hago una vez, salgo del banco y me vengo para acá por que, claro, después capaz que no les alcanza. Eso es lindo", agrega.
Y concluye sobre la labor: "Cuando viene una persona con dolor de pies, y trabajo con ella al irse te dice: 'Ay, gracias. Me sacaste el dolor'. Eso te hace sentir bien; vos le estás solucionando el problema a una persona y eso a mí me gusta".