Salidas según la terminación del DNI, el uso de barbijos, el lavado apresurado de la ropa utilizada para salir a la calle y la rutinaria desinfección de los productos adquiridos. Esta lista que parece salida de una película distópica fue, durante casi dos años, la rutina de todos los argentinos. Este 3 de marzo de 2025 se cumplen 5 años del primer caso confirmado de Covid-19 en el país, hecho que marcó un antes y un después en la sociedad.
Tras el pico máximo de infectados desde la pandemia -ocurrido durante la segunda semana de enero de 2022- con más de800.000 casos a nivel país, los contagios comenzaron a descender de forma marcada. En todo 2024, los casos se redujeron en un 61% con respecto al año 2023.
El año pasado se confirmaron 1711 casos y 22 fallecidos, y, de acuerdo con el reporte epidemiológico más reciente del Ministerio de Salud, a la Semana Epidemiológica (SE) 7 -15/02- del año 2025, los casos confirmados de Covid-19 suman 21.
El psicólogo y Director Clínico del Instituto Psicosalud, Walter Motilla dialogó con Sitio Andino para hacer un repaso sobre el impacto de la pandemia en la salud mental y las secuelas que perduran.
Del aislamiento obligatorio a una “nueva” normalidad
El 2020 comenzó con un combo desconocido y muy cargado, cuyas características, imprevisibilidad y alcance eran tan subestimados como preocupantes. Cuando el virus finalmente llegó a suelo Argentino, de la mano de la mano de un hombre de 43 años que había estado entre el 19 y el 29 de febrero en Italia, nada nos pudo preparar para lo que venía: confinamiento obligatorio, lamentables decesos y un estado de alerta constante.
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Foto: Yemel Fil
“Al inicio de la pandemia, el confinamiento y la incertidumbre generaron un desajuste en diversos niveles, dando lugar a reacciones de ansiedad aguda, estrés y estados de hipervigilancia”, explica Motilla. Y continúa: “En términos biológicos, el sistema de respuesta al estrés se activó de manera sostenida, lo que incrementó los niveles de cortisol y afectó tanto la regulación emocional como la inmunidad”.
A nivel psicológico, el encierro produjo cierta “disonancia entre la necesidad de control y la percepción de amenaza”, lo que propició sensaciones de miedo, angustia y, en muchos casos, una “exacerbación de cuadros previos de ansiedad o depresión", señala el psicólogo. En el ámbito social, “la restricción de los vínculos afectivos impactó en el bienestar general, mientras que a nivel existencial, muchas personas se enfrentaron a un cuestionamiento profundo sobre el sentido de la vida, la que se comenzó a percibir claramente frágil”.
“Las personas fluctuaban entre el miedo, la ansiedad y la esperanza, lo que reflejaba un intento del psiquismo por adaptarse a un contexto incierto”.
Con el paso del tiempo, Motilla precisa que muchas personas comenzaron a desarrollar mecanismos de afrontamiento. Sin embargo, destaca que no todos fueron saludables. Desde el punto de vista de los profesionales, se observan tres dinámicas clave en la evolución del malestar emocional:
La habituación: algunas personas lograron regular su ansiedad mediante rutinas y estrategias de contención.
El agotamiento emocional: se produjo una fatiga pandémica que derivó en cuadros de desesperanza aprendida o apatía.
La reorganización psíquica: aquellos que pudieron encontrar un nuevo sentido en la crisis lograron transformar la experiencia en una oportunidad de crecimiento.
El impacto emocional en jóvenes, adultos mayores y quienes perdieron a un ser querido
Pese a ciertas sensaciones generales que afectaron a toda la población, la pandemia por Covid también incidió de forma diferente según la franja etaria y, aún más, en la salud mental de aquellas personas que, lamentablemente, experimentaron el deceso de algún ser querido.
En el caso de los jóvenes, Motilla precisa que este grupo etario experimentó "altos niveles de frustración y ansiedad por la interrupción de su desarrollo social y académico".
"Desde el enfoque integrativo, esta etapa vital se caracteriza por la búsqueda de identidad y pertenencia, por lo que la falta de interacción social afectó su bienestar emocional y su autoimagen" detalla.
En el caso de los adultos mayores, hubo mayor sensación de vulnerabilidademocional, por un lado, por el miedo al contagio y, por otro, por la percepción de soledad. Asimismo, el psicólogo destacó que "muchos mostraron resiliencia, apoyándose en redes sociales, familiares y espiritualidad".
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En lo que respecta a quienes sufrieron la muerte de un familiar, pareja o amigo, la pandemia impuso restricciones en los rituales de despedida, esto dificultó el proceso del luto y generó cuadros complicados, congelados o prolongados de duelo. "Creo que la falta de cierre simbólico obstaculiza la integración emocional de la pérdida", añade.
Salud mental a cinco años de la pandemia: los desafíos que perduran
El psicólogo afirma que, tras ese caótico y complejo inicio de año, muchas personas lograron desarrollar estrategias de afrontamiento que continúan vigentes, algunas de ellas positivas y otras menos saludables. Entre las primeras, se encuentran:
Una mayor conciencia del autocuidado (hábitos saludables, ejercicio, descanso adecuado);
Una revalorización de las relaciones interpersonales como fuente de apoyo emocional;
Flexibilidad cognitiva: la capacidad de adaptarse a cambios inesperados sin generar ansiedad extrema;
La exploración del sentido de vida: un aspecto clave en la resiliencia que permite transformar la adversidad en crecimiento personal.
Entre los patrones internalizados negativos se encuentra la hipersensibilidad ante la incertidumbre o una menor tolerancia al estrés y la frustración.
"El mayor desafío post-pandemia es la reconfiguración del sentido de seguridad y estabilidad. Muchas personas experimentan un fenómeno que podríamos llamar 'síndrome de la vulnerabilidad post-pandemia'", continúa.
Esto se manifiesta en las dificultades para proyectar el futuro sin miedo a nuevas crisis; ansiedad residual ante situaciones que impliquen aglomeraciones o contacto social prolongado; y en cambios en la identidad personal y profesional -muchas personas replantearon sus prioridades y estilos de vida-.
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Foto: Freepix
La clave, para el profesional, está en fortalecer la coherencia interna, lo que consiste en "ayudar a las personas a integrar la experiencia vivida dentro de un marco de sentido más amplio, transformando la incertidumbre en una oportunidad de crecimiento personal y colectivo".
Así, subraya que la pandemia de Covid-19 no solo fue un evento traumático, sino también un catalizador de cambio. "La manera en que cada persona reconstruya su bienestar dependerá de su capacidad para integrar lo vivido y proyectarse hacia un futuro con mayor flexibilidad y sentido", concluye.