La diferencia de un “pacto” consensuado y la adhesión a un contrato enunciativo firmado por temor y necesidad.
La diferencia de un “pacto” consensuado y la adhesión a un contrato enunciativo firmado por temor y necesidad.
No es el pacto de mayo; es un contrato de adhesión postergado a julio. Fue un antojadizo encuentro de temerosos y necesitados ante un despótico convite de quien siente que la imposición de las reglas de juego desde el poder centralizado debe mantener subsumidas a las provincias que ni siquiera se tomó el tiempo de recorrer desde que lo eligieron Presidente de los argentinos. A las pocas que fue, sólo estuvo escasos minutos.
No estuvo todo el arco político y los ausentes serán descalificados y bastardeados por sus trolls.
El fracaso del 25 de mayo, cuando no se pudo hacer nada en Córdoba, como había anunciado el Presidente de la Nación, da cuenta de que la agenda local le es esquiva: el ninguneado Congreso apenas le permitió desempatar una batalla pírrica gracias al voto de la Presidenta del Senado, con una Ley de Bases que tuvo tantas concesiones del Gobierno que parece más un cúmulo de migajas de la propuesta original luego de que las “ratas” legislativas, en respuesta al destrato del Ejecutivo, se encargaran de purificarla en sus partes más polémicas.
Ahora, los que no fueron son los que creen que era un paseo “pour la gallerie” o los que entienden que es mejor no caer en la arbitraria redacción final del contrato de adhesión.
Ciertamente, el temor y la necesidad imperan en la mayoría de los mandatarios que han sido arreados no por una noble invitación para consensuar ideas, sino por un desvarío propio de quien entiende al dirigente político como un enemigo al que se debe someter y humillar, por más mandatario que sea: ningún gobernante de provincia le merece el más mínimo de los respetos. Para Milei, son intrascendentes dirigentes del interior del país que a él le queda chico a él porque para él la Argentina y Latinoamérica son insignificantes. Sólo le preocupa ser y tener contactos con los magnates de ultraderecha de Estados Unidos y Europa.
A los gobernadores se dio el lujo de someterlos a que su hermana Karina les indicara públicamente cómo debían ir vestidos, de negro, quizá acorde a la circunstancia del velatorio del federalismo; mientras él los miraba con bastón de mando en mano, como un rey a los súbditos provincianos rindiéndose ante el déspota soberano.
Y así, simulando cortesía federal, cayeron en las garras del león de rugidos estruendosos que a la hora de reinar con voracidad les quita el sustento a los que gobiernan el interior: las transferencias del Estado Nacional. Eso es someterlos a la inanición que afecta las funciones mismas de los estados provinciales.
gobernadores con Javier Milei tras la firma del Pacto de Mayo, Alfredo Cornejo, Karina Milei.jpeg
El malestar de los gobernadores porque Karina Milei firmó el Pacto de Mayo.
Ninguno de los que estuvieron alrededor de Milei salió a cuestionar sus modales o, al menos, exigirle una contraprestación en público. Imperó un “sí, wana” que dejó sin voceros a las necesitadas economías regionales y, por el contrario, se vio el bochornoso espectáculo de agradecimientos pusilánimes ante la impuesta “invitación”, para darle calibre de gesta a esa firma que compromete la dignidad misma de nuestra República en su carácter Federal.
Es una foto de la que no se sentirán orgullosos cuando la historia revele que fueron forzados a rubricar lo que el Jefe redactó sin previamente darles parte ni arte en el documento que no es más que expresión de deseos ya consabidos. Si hubiera sido un pacto, contendría acuerdos, concesiones, incluso reciprocidad; de ninguna manera puede ser pacto una imposición de normas de conducta o, lo que es peor, direccionamiento de sus administraciones gubernamentales.
El día de la Independencia se transformó en el de la dependencia y claudicación institucional de las provincias a la voluntad de un hombre que no entiende a la Presidencia como una función de servicio al país sino como un pedestal desde donde imponer sus ideales y caprichos a esos mandatarios que llegaron a las gobernaciones por elección mayoritaria de los ciudadanos de sus provincias.
No entender ni respetar aquel voto popular que definió la Gobernación que cada provincia se dio para sí, no es obligación tanto de ese mandatario nacional despótico como de quienes recibieron la responsabilidad de representar los intereses de cada estado que integra la Nación Argentina. Cierta indignidad desdibujará desde hoy el semblante de los gobernadores sometidos.
Porque los que estuvieron en Tucumán, asistieron más que nada a un “compromiso”; no por la convicción de estar ante ideas revolucionarias sino más bien voluntariosas, a las que conviene suscribir aun cuando sean obviedades, vaguedades y eufemismos.
Los que fueron, creen, sueñan con que Mieli repasará la foto y a modo de agradecimiento les concederá ciertas peticiones o, cuanto menos, no los defenestrará con sus trolls.
Pero se trata de Milei y, también, de su hermana, Karina ella sí vestida de furioso rojo: la imprevisibilidad y el destrato son sus herramientas cotidianas de ejercicio del poder. Y, por lo visto, lo firmado no es más que un contrato de adhesión donde no se ve en qué se compromete el Presidente con las partes firmantes.
El centralismo unitario del gobierno nacional será, entonces, un retroceso grotesco al que asistieron los mandatarios sin tener memoria del sueño de los congresistas de 1816: el anhelo de declararnos independientes.
Pero atención que ser Independiente no sólo es una pretensión de no ser sojuzgados por potencias extranjeras sino, y sobre todo, de autoritarismos porteños rioplatenses que le quiten la otra esencia de la Nación Argentina: el Federalismo que los mandatarios provinciales también deben defender y representar en nombre de las Provincias Unidas del Sur que dieron origen a la Nación Argentina.
No fue el pacto de mayo sino la capitulación de julio.