Esta noche el presidente Javier Milei llegará una vez más al Congreso de la Nación para inaugurar un nuevo período de sesiones ordinarias. Un Parlamento con el cual Javier Milei tuvo la misma relación que con todos los actores del poder: del amor al odio y del odio al amor sin escalas.
De llamarlos ratas a festejar la aprobación de leyes que se amoldan a su proyecto, o invitarlos a comer asado en Olivos, como ocurrirá esta noche después de que termine su discurso. Una forma de cerrar unas sesiones extraordinarias que le fueron ampliamente favorables y le depararon una victoria política tras otra.
La más reciente edición del prestigioso y reconocido informe Latam Pulse, elaborado de manera conjunta por AtlasIntel y Bloomberg, ofrece una radiografía precisa: un país exhausto en lo material, una sociedad crecientemente escéptica y un sistema político que no logra capitalizar el descontento generalizado.
El estudio, basado en una muestra nacional de 4.761 casos y con un margen de error de apenas un punto porcentual, confirma que la economía continúa siendo el principal organizador del humor social. La inflación persistente, el deterioro del poder adquisitivo y la fragilidad del mercado laboral aparecen de manera reiterada como las preocupaciones más urgentes para la población, por encima incluso de la inseguridad o la conflictividad política. En ese marco, la figura presidencial queda inevitablemente asociada al desempeño económico, aun cuando el discurso oficial insiste en separar los costos del ajuste de los resultados esperados en el largo plazo.
Javier Milei: Aprobación en tensión y desgaste sostenido
Los números de aprobación presidencial reflejan esa tensión. Milei registra una desaprobación del 55,3%, frente a un 41,5% que aún respalda su gestión. Más de la mitad de los encuestados califica su administración como mala o muy mala, mientras poco más de un tercio la evalúa de manera positiva.
La serie temporal incluida en el informe muestra que, tras el impacto inicial de su llegada a la Casa Rosada, la imagen del Presidente ingresó en una fase de estancamiento con retrocesos graduales, coincidentes con los picos inflacionarios y los momentos de mayor fricción política en torno a las reformas estructurales. No se trata de un derrumbe abrupto, sino de un desgaste sostenido, propio de un escenario de polarización contenida.
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Javier Milei llega al Congreso con a imagen en baja según estudios internacionales
El frente económico como núcleo del malestar
Ese desgaste encuentra su principal explicación en el frente económico. El Índice de Confianza del Consumidor, elaborado por AtlasIntel, arroja un saldo negativo de 33 puntos, una cifra que sintetiza el malestar extendido en los hogares. El 62% de los consultados considera desfavorable la situación económica general del país y un contundente 77% describe al mercado laboral como malo. A nivel familiar, el 57% percibe que su propia situación económica es negativa.
Las expectativas a corto plazo tampoco ofrecen alivio: la mitad de la población cree que la economía empeorará en los próximos seis meses y más de la mitad anticipa un deterioro adicional del empleo.
Expectativas frágiles y retracción del consumo
Existe, sin embargo, un desfasaje relevante entre la evaluación del presente y las expectativas futuras. Si bien el Índice de Situación Actual permanece en terreno negativo, las expectativas inflacionarias a seis meses muestran una leve mejora. Este dato sugiere que una porción del electorado aún concede al gobierno un margen de esperanza, aunque cada vez más condicionado y frágil.
La contracara de esa cautela es la retracción del consumo: más de la mitad de los encuestados declara su intención de reducir la compra de bienes durables, una señal de desconfianza en el corto plazo.
Un sistema político sin ganadores claros
El desencanto no se limita al oficialismo. Uno de los datos más elocuentes del informe es que ninguno de los principales dirigentes políticos logra exhibir un diferencial de imagen positivo. Milei, pese a encabezar el ranking de imagen favorable con un 41%, carga con un nivel de rechazo aún mayor.
Muy cerca se ubican la ministra Patricia Bullrich y el gobernador bonaerense Axel Kicillof, ambos con un 40% de imagen positiva y elevados niveles de negatividad. La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner conserva su núcleo histórico de apoyo, aunque limitado por un rechazo que supera ampliamente a la adhesión.
Más abajo en la tabla aparecen figuras del oficialismo con altos niveles de desaprobación y dirigentes de la política tradicional incapaces de capitalizar el desgaste gubernamental. El expresidente Mauricio Macri, por ejemplo, mantiene una imagen estable pero mayoritariamente negativa, lo que refuerza la idea de que el actual clima social no se traduce automáticamente en una reconfiguración del liderazgo opositor. Predomina el escepticismo generalizado.
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Inflación percibida y erosión del liderazgo
El informe subraya un punto central: la inflación percibida continúa siendo elevada, incluso cuando los indicadores oficiales sugieren una desaceleración. La experiencia cotidiana de los hogares sigue marcada por aumentos frecuentes y desordenados, lo que erosiona la credibilidad de cualquier narrativa de estabilización.
En ese contexto, el ajuste económico, aun cuando sea considerado necesario por ciertos segmentos sociales, impone costos inmediatos que impactan de lleno en la valoración del liderazgo presidencial.
Un desafío político abierto
Milei llega hoy al Congreso conservando la centralidad, la visibilidad y un núcleo duro de apoyo, pero su figura ya no monopoliza la expectativa de cambio. El capital político se erosiona al ritmo de una economía que aún no ofrece mejoras palpables en la vida cotidiana.
El desafío para el Presidente y, por qué no, para el sistema político en general, será administrar ese desgaste sin que derive en una crisis de representación más profunda, en un contexto donde el pesimismo social se ha convertido en el dato estructural de la coyuntura.