Estafaba vendiendo casas del IPV que no existían y hasta se quedaba con cosas que tenía a su cargo como depositaria judicial; dijo que ella sólo es una emprendedora, pero finalmente fue condenada por estafas.
La mujer cometía estafas reiteradas en San Rafael. Vendía casas del Instituto Provincial de la Vivienda que no existían.
Estafaba vendiendo casas del IPV que no existían y hasta se quedaba con cosas que tenía a su cargo como depositaria judicial; dijo que ella sólo es una emprendedora, pero finalmente fue condenada por estafas.
Vanina Belén Michaux comenzó un mes antes de la pandemia, y así logró obtener en ese período de encierro y cuarentena, pingües ganancias con sus maniobras. Por ejemplo, cuando le prometió a Romina que tendría su hogar a través del Instituto Provincial de la Vivienda, en el barrio San Andrés 2 que se construiría en calle Independencia de San Rafael. Le extrajo 295.000 pesos para comenzar los trámites, según figura en el contrato que le hizo suscribir a la víctima. La casa nunca fue construida, claro.
Lo mismo hizo con Bárbara, quien le entregó 290.000 pesos y le firmó el contrato para tener su carpeta también supuestamente del IPV, pero en su caso para el barrio Callao 2.
Una semana después, el que cayó en su red fue Rolf, a quien Vanina también le dijo que tendría una casa el Callao 2, y también le sacó 290.000 pesos.
El negocio de las casas fantasmas, lo continuó en marzo, por ejemplo, cuando a Cristian le prometió una vivienda en ese mismo barrio, a construirse en calles Zapata y Callao, de la ciudad del sur provincial. Le sacó el mismo monto y le hizo firmar un documento similar al de sus otras víctimas.
No terminó el año 2020 sin que otras personas cayeran en las garras de esta estafadora: así, por ejemplo, Albina le llegó a pagar 550.000 pesos, que para entonces era un monto que ni en los préstamos hipotecarios era fácil de obtener. Michaux los obtuvo con el mismo versito de la casa propia en el Callao 2.
Pero el estímulo delictivo en época de cuarentena parece que la llevó a situaciones extremas tales, que hasta se animó a hacer desaparecer varios elementos que le había dado la magistrada del Primer Juzgado de Paz de San Rafael. Vanina debía cuidarlos en carácter de depositaria judicial.
No eran pocas cosas: un televisor, un sillón en “L” con sus respectivos almohadones, un home theatre y cinco parlantes, un aparador, una cocina de acero inoxidable industrial, plancha, tostadora, relojes, microondas, cafetera, un batidor eléctrico, un parlante portátil, un caloventor, una parrilla tipo chulengo, un freezer, dos ruedas, cuatro sillas y hasta 1.800 adobones…
Cuando meses después, allá por julio de 2022, el oficial de justicia fue a buscar los elementos depositados en la confianza que les generaba Michaux a la Jueza, no encontró ninguno de los electrodomésticos ni los artículos del línea blanca, en claro incumplimiento de la manda dispuesta por el juzgado de paz.
Michaux no tenía paz: para diciembre de 2023 volvió al engaño, al fraude. Le hizo creer a Isabel que por 80.000 pesos, le conseguiría dos mochilas que, claro, nunca aparecieron, pese a que Vanina dejó su huella en el acto delictivo al entregarle una factura por la compraventa. Se venció el plazo de 15 días que adujo la estafadora como necesarios para que la mercadería llegara de Chile, y las mochilas no aparecieron.
Cuando fue a tribunales, Michaux reconoció los hechos, pero no se sintió una delincuente, adujo que ella era una simple “emprendedora”; pero estos emprendimientos claramente eran hechos delictivos.
Por ello, el fiscal Javier Giaroli, ante el acuerdo comprometido con la defensa, ofreció el juicio abreviado en el que la condenaron a 2 años y 3 meses de prisión en suspenso (porque no tenía antecedentes condenatorios por otros “emprendimientos” similares), y también condenaron a su pareja que resultaba un eslabón necesario en el accionar de la estafadora.


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