Un centenar de simpatizantes argentinos ubicados en la platea Oriental del estadio Olímpico Atahualpa de Quito, con las clásicas camisetas celestes y blancas del conjunto nacional, contrarrestaron el amarillo predominante en el resto de la cancha de los hinchas ecuatorianos, en el partido entre los seleccionados de sus países, por la 14ta. fecha de las Eliminatorias Sudamericanas para Brasil 2014.
Y también se hicieron sentir, con los típicos cánticos argentinos, pese a que hubo cerca de 35 mil ecuatorianos que, con bombos, trompetas y platillos, le pusieron música y ritmo a una tarde cálida en Quito.
La expectativa por ver Ecuador-Argentina, con la ilusión de que juegue, al menos algunos minutos, Lionel Messi, se sintió desde las nueve y media de la mañana en la capital ecuatoriana, con un `mar` de camisetas amarillas, que poblaron la céntrica zona donde está ubicada la cancha.
La intersección de la avenida 6 de diciembre con la de Naciones Unidas, en una zona ultracomercial, elegante, donde está enquistado el estadio, se colmó de simpatizantes que hicieron cola para ingresar, a pesar de que faltaban más de seis horas para el comienzo oficial del partido.
Cerca del mediodía, una mayor cantidad de hinchas, todavía en la puerta de la cancha, le dieron mayor color y a la vez hicieron subir la térmica de la jornada futbolera.
En ese sentido, también la reventa estuvo a la orden del día, porque por distintos sectores deambulaban personas que ofrecían no sólo la venta de entradas sino también comprarle a los que ya adquirieron, porque las localidades se agotaron a fines de marzo, para luego revenderlas.
Las populares se expendieron entre los 10 y 25 dólares, mientras que las plateas se ofrecían entre 50 y 75 dólares, aunque con el transcurrir de las horas, el valor se incrementó hasta llegar a 50 por una popular y 100 por una platea.
Ya a una hora del comienzo del partido el estadio Atahualpa de Quito se llenó con más de 35 mil simpatizantes. Y los revendedores gozaron de la plata recaudada y del encuentro.
Luego llegó el momento de que la pelota empezara a rodar y el tiempo del partido.
Para ese momento la fiesta estaba dentro del estadio, con argentinos, en menor cantidad, y ecuatorianos en mayor, y el fútbol ganó el protagonismo de una tarde con señales de `fiebre amarilla`, pero con un cielo `celeste y blanco`.