El cartelito en la puerta del teatro Plaza con la inscripción entradas agotadas adelantó lo que venía. Al parecer nadie quiso perderse de tomar el antídoto que ofrece Hugo Varela para contrarrestar cualquier mal: Humor del bueno, fabricado a puro y sano ingenio.
El gurú de la carcajada regresó esta vez a la tierra del sol y del buen vino para desandar el espectáculo 33 son mejores con el que viene celebrando desde hace algunos meses un nuevo aniversario de risas generadas sobre las tablas de un escenario.
Con toda esa trayectoria a cuesta resulta sencillo comprender como es capaz de hacer participar al más apático de los mendocinos. Durante las dos horas que duró el show el cordobés hizo cantar, aplaudir, bailar, y hasta generar ritmos musicales como el de las maracas a todo un público que disfrutó sin respiro de sus ocurrencias.
La noche se cargó de canciones desopilantes como El hobie de Natalia, El baile del pingüino o Cuando te beso. También de disparatados poemas gauchescos y arrabaleros y, los excéntricos instrumentos de elaboración propia como el paraguas silbador, la silla arpa, el violín con pierna de mujer o el saxo regadera.
Así como el manejo de la voz y sus ademanes de mimo también este combo es parte del sello personal de Varela y el humor puede venir desde cualquier dirección. Lo más valioso sin dudas es que el disfrute lo genera desde la creatividad sin la necesidad de caer en las malas palabras ni el chiste fácil para lograr el aplauso.
Este sábado de festejo también incluyó la participación de su hijo Lucas, quien además de auspiciar de asistente de la puesta se sumó al espectáculo para interpretar a dúo una canción en la que cada uno tocó con gracia la la mitad de una guitarra.
Finalmente y ya casi como un ritual instaurado, fue la la corbata rojo punzó el bis que cerró el espectáculo. El hombre de porte quijotesco hizo reír una vez más al público local. La relación está intacta y de seguro compartirán muchos años más.