Está solo. Julio Falcioni no es el técnico del modelo. Y pende de un hilo, a lo sumo de dos. Puede ser un equilibrista hamacando su destino por encima del abismo. O un cuerpo sostenido desde arriba, con arneses finitos. Para que siga al frente del equipo de Boca después de diciembre tendrá que cambiar y adaptarse a las pretensiones de la dirigencia. Y esperar que la presión de los hinchas se esfume entre triunfos exprés.
Hay humo en el ambiente. Falcioni fuma un cigarrillo, otro, da pitadas, y fuma sin fumar. Incluso en la cancha, donde está prohibido. Es un reflejo autómata del hombre que ganó un campeonato por 12 puntos de ventaja récord en torneos cortos y estuvo a punto de ser un emperador con triple corona; quedaron las pelusas. Falcioni está en el banco de Boca y no dice. En un rato lo van a insultar, primero sin nombrarlo directamente: Riquelme, Riquelme, es la bandera enrostrada al que decidió ejecutar al riquelmismo. Acaso eligió. Hay dos posibilidades bien claras: o estás en la vereda de los jugadores o estás en la vereda de los dirigentes, le marca a PERFIL alguien que conoce los secretos de La Bombonera. Sentencia luego la misma fuente: Falcioni eligió suicidarse.
Sin el apoyo del plantel, el entrenador dedicó la tarde-noche del miércoles 26 de septiembre a exigir su renovación; necesita algo de poder. Daniel Angelici todavía no le soltó la mano, pero semblantea el microclima. Si los hinchas insultan como el domingo pasado post San Sartín de San Juan y la presión se hace insostenible, no va a inmolarse por la causa. Falcioni lo intuye. Por eso pretende lealtad con los que comparte vereda. No quiere quedarse en la calle.
La transformación. Boca al final no pudo engordar los bolsillos con títulos como se suponía la temporada pasada, pero se consolidó como un equipo irreprochable en las estadísticas, dice Falcioni, el que está solo. No voy a hablar, sobran las palabras, se queja un allegado al entrenador. Lo angustia el escenario. El lobby mediático en contra, los jugadores que lo miran de costado y dirigentes que no pronuncian el abracadabra que quiere Falcioni: la renovación.
El director técnico no es la horma del zapato. La Cenicienta que tiene el pie justo para el plan de Angelici es Guillermo Barros Schelotto. El presidente de Boca es amigo del Mellizo; Mauricio Macri, también. Y no necesitan intermediarios para sondearlo. Pero quienes conocen a Guillermo aseguran que no va a irse de Lanús sin cumplir el contrato, que vence en junio. La palabra de Barros Schelotto resulta hoy más garante de Falcioni que la de los dirigentes de Boca. Necesitamos hablar de un nuevo proyecto que incluya a chicos de las divisiones inferiores en Primera, porque el fútbol sigue siendo deficitario, declaró Angelici luego de que Falcioni reclamara la firma.
Una frase pesada para el ideario del actual entrenador xeneize, que aplica otra máxima: dirigir hombres, no pibes. Demostraciones sobran. Desde su llegada a Boca hizo debutar a diez juveniles: Alan Aguirre, Juan Imbert, Fernando Evangelista, Esteban Orfano, Sebastián DAngelo, Cristian Alvarez, Jonathan Mazzola, Guillermo Pol Fernández, Franco Fragapane y Emiliano Insúa (actualmente en Godoy Cruz). Ninguno es titular hoy, y ninguno tuvo continuidad. El presidente del departamento de fútbol, José Requejo, trazó una línea: Queremos un proyecto a cuatro o cinco años, darles más proyecciones a las inferiores, y queremos entre cinco y siete juveniles en el plantel profesional. Además, necesitó ser políticamente correcto: Falcioni podría continuar si se adecua al proyecto del futuro. Si sigue, al DT no se le entregará un cheque un blanco. Otra prerrogativa apunta a revisar el manejo del vestuario. No está Riquelme, pero tampoco una tropa que se subordine al emperador. El que está solo, sin corte dirigencial.
¿Quién podrá defenderlo? La mesa chica de Boca es muy chica. Angelici y el secretario general César Martucci son los que toman las decisiones más pesadas; y desde las sombras, el jefe de Gobierno porteño. En el entorno del presidente del club xeneize dicen que la renovación o no de Falcioni está en manos de Angelici casi exclusivamente. Y que en noviembre tomará la determinación que Falcioni pretende ya. Varios miembros de la CD se sienten desplazados de la cocina. Sin embargo, advierten que si Falcioni no sale campeón, difícilmente continúe en el club.
Hasta ahora, la relación entre el presidente y el técnico es buena; creció desde el momento en que Angelici sostuvo a Falcioni en detrimento de Riquelme. Pero la unión se refrendaba por el enemigo en común y no tanto por la empatía. Con el camino allanado, la dirigencia empieza a recorrer un terreno con huellas propias. Y quiere que el modelo no se emparente con la gestión anterior. El técnico deberá hamacarse para no caer al abismo. Se siente solo y fuma. Son los nervios del que no puede sacarse de encima las miradas lacerantes. A pesar de haber hecho la tarea que querían los dirigentes.
Demasiados chispazos de vestuario
* Post empate entre Zamora de Venezuela y Boca, Falcioni le reprochó a Cvitanich que le hacía más caso a Riquelme que a él. Luego de comprobarse que no había sido así, quedó expuesto ante el plantel. Aquel 14 de febrero estalló la bomba.
* Le dio la subcapitanía a Somoza, uno de sus hombres, para el partido ante Independiente por la Sudamericana. Clemente Rodríguez se enojó: Uno estuvo mucho tiempo en el club y ganó muchas cosas. Chicos como Ledesma, Viatri, son del club. Pero bueno, es decisión de él. El defensor postulaba a otros dos amigos de Román.
* Ante las críticas de Ledesma, borró al volante de los concentrados para el último partido, ante San Martín de San Juan.
* A Javier García lo quiso fuera de Boca cuando se enteró de que se había ido de la concentración para acompañar a Riquelme a hacerse unos estudios. Tampoco lo quiso para este torneo y prefirió traer a Ustari, que en los últimos 14 meses había atajado un solo partido. Hace cuatro días, el arquero de Tigre lo defenestró: Falcioni es muy mala persona.