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EE.UU.: 20 años después, afirman que preso fue ejecutado por un crimen que no cometió

Se trata de un hispano ajusticiado en 1989. Había sido hallado culpable de asesinar a una mujer.

Por Sección Internacionales

Un hispano ejecutado en Texas en 1989 fue ajusticiado por un crimen que no cometió, según una investigación llevada a cabo por un profesor de la Columbia University de Nueva York junto a un equipo de estudiantes, que llegó a la conclusión de que el reo, Carlos De Luna, era inocente.

Los hechos se remontan a 1983, cuando De Luna fue acusado del asesinato de una mujer, Wanda López, una madre soltera de 24 años, empleada en una tienda de una gasolinera en la localidad texana de Corpus Christi.

El hombre fue condenado y ejecutado con una inyección letal seis años después del juicio, aunque él siempre se declaró inocente y llegó a dar el nombre del verdadero asesino, Carlos Hernández, con quien había estado esa noche.

Los dos se parecían mucho físicamente, además de tener el mismo nombre, hasta el punto de que hasta sus allegados les confundían. El caso es emblemático de una cadena de errores judiciales, un trabajo policial de mala calidad y una defensa débil, afirmó el profesor James Liebman, autor del informe.

Durante el juicio, De Luna explicó que su tocayo, con quien estaba en un bar, se había acercado a la gasolinera a comprar algo. Al no verlo regresar, se acercó a la tienda y le vio peleando con la mujer.

De Luna dijo que se asustó y huyó del lugar porque tenía antecedentes por delitos sexuales y no quería líos. Sin embargo, una media hora después del crimen, fue arrestado no lejos de la gasolinera e identificado por varios testigos oculares, que habían visto a un hispano salir de la tienda corriendo.

Años después uno admitió no haber estado seguro de la identificación porque le costaba reconocer a los hispanos.

En el juicio los fiscales no creyeron al acusado y consideraron que Hernández era un "producto de su imaginación", por lo que el estadounidense de origen hispano fue condenado.

"Quizás algún día salga a la luz la verdad", dijo De Luna, de 27 años, en una entrevista antes de su ejecución.

Cuatro años después de su muerte el profesor James Liebman se enfrascó en el caso y descubrió que Carlos Hernández existía.

Este otro Carlos, que fue arrestado en decenas de ocasiones en su vida, fue condenado finalmente a 10 años de cárcel por intentar apuñalar a otra mujer.

"Si un nuevo juicio fuese posible de alguna forma hoy, el jurado absolvería a De Luna", dijo Richard Dieter, director del ,Centro de Información sobre la Pena de Muerte, que leyó el informe del profesor Liebman.

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