5 de abril de 2026
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Análisis sociológico

"La nueva normalidad": cómo se reorganiza la sociedad mendocina por la pandemia

Por Florencia Rodriguez

Aunque en otros lugares del mundo no sea así, en Argentina, la cercanía y el contacto estrecho entre personas es moneda común. El saludo con un beso o un apretón de manos, incluso, los abrazos, son características tan arraigadas en la ciudadanía que uno de los desafíos más importantes hasta la fecha- y luego de contabilizar hasta 14 meses de pandemia por coronavirus-es mantener el distanciamiento social.

Muchas costumbres se modificaron a la fuerza e incluso, en Mendoza, algunas se quisieron cambiar en varias ocasiones y fracasaron casi inmediatamente en sus pruebas pilotos. Un ejemplo de esto es el horario de atención en el comercio: durante años, el Gobierno probó una y otra vez con la implementación del horario corrido y nunca funcionó, la "siesta" siempre ganó la partida. No obstante, la necesidad- y urgencia- de reducir la circulación de personas en las calles obligó a mendocinos y mendocinas a modificar sus hábitos de compra, venta y pagos.

Otra modificación fue "la puntualidad". Ningún mendocino/a podrá negar nunca que si en el anuncio de un recital u obra de teatro o hasta de una fiesta, estaba establecido un horario de inicio, nunca se iba a cumplir y probablemente, llegando al evento una hora (o más) tarde, se podía disfrutar del espectáculo de principio a fin. Así, todos/as siempre llegaban "tarde pero a tiempo". Con la restricción horaria cada propuesta comenzaba con puntualidad y la población debió acostumbrarse ahora a llegar con varios minutos de anticipación y a usar tapabocas durante toda la función.

Aunque estos cambios puedan parecer pequeños o insignificantes plantean en un nivel más amplio, la propuesta irrefutable de la pandemia: una reorganización de la sociedad en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Muchas de estas modificaciones llegaron para quedarse y forzaron una adaptación en aspectos sociales, culturales y hasta laborales.

"En primer lugar, es importante que todos/as entendamos que estamos viviendo una situación paradigmática. Se trata de un quiebre en nuestra forma de organizar la sociedad que no ha tenido otro igual en la historia moderna. Nuestras prácticas sociales han empezado a cambiar y seguirán haciéndolo. En este punto de inflexión se generan contradicciones con las que convivimos diariamente: restricciones más duras, luego más laxas, es un ir y venir casi constante que genera confusión y allí es cuando se desatan cuadros de ansiedad, pánico, estrés e incluso depresión. Todos generados por estas medidas que cambian una y otra vez dependiendo del avance de la situación epidemiológica", comenzó a explicar Julián Quiroga, licenciado en Sociología y becario doctoral del Conicet.

"Es clave comprender que ya nada volverá a ser como antes. Llega esta nueva normalidad y no vamos a regresar a las viejas formas de vincularnos, de conocernos ni siquiera a las de consumir. Con el encierro, en especial, el del año pasado, se reemplazaron las prioridades: ahora elegimos más el esparcimiento en las afueras, la naturaleza debido al confinamiento que fue agobiante. Es un cambio en el que estamos todos inmersos y todavía queda un largo trayecto por recorrer en este sentido", agregó.

Si bien parece que ha pasado mucho más tiempo, lo cierto es que la pandemia comenzó hace un año y dos meses. A partir de allí, surgieron cambios bruscos en la vida cotidiana y todos estos pequeños puntos de inflexión implican, en el análisis de Quiroga, una reorganización que es inevitable.

"Otro ejemplo en este sentido es el teletrabajo que llegó para quedarse. Repentinamente, caímos en la cuenta de que no siempre es necesario estar en un lugar físico determinado para poder cumplir con ciertas tareas y de la mano, la importancia de la conectividad, desnudo la y agravó la brecha de desigualdad social que existe y que quedó expuesta cuando los/as estudiantes debieron tomar clases en plataformas virtuales y no todos tenían acceso a internet", expuso.

Y continuó: "Todas estas situaciones de desigualdad o el hecho de que cuando parece que hay un poco más de licencia en las libertades individuales, se endurecen las restricciones causa enojo y frustración. Algunos días encerrados, otras habilitaciones que duran por unos días, es inevitable que la sociedad reaccione de mala manera".

A la lista de situaciones frustrantes, se suma la de esa porción de la población que se niega a cumplir con las normas que dictan los gobiernos tanto nacional como provincial. "Durante los primeros meses de la pandemia, ver en una conferencia de prensa al presidente junto a los gobernadores de CABA y de provincia de Buenos Aires de cara a la ciudadanía transmitía un mensaje de confianza, la gente pensaba que si tres funcionarios que no comparten el mismo color político trabajaban mancomunadamente, la situación era seria y había que darle la importancia necesaria y la respuesta fue inmediata: todos/as acataron las medidas al pie de la letra".

"Luego, regresaron las diferencias y en un año electoral como este, se acentuaron y la gente lógicamente puede pensar sin prurito que si los gobernantes ya no pueden ponerse de acuerdo, quizás la cosa ‘no sea para tanto'. Así las cosas, cada cual reacciona diferente, están los cumplen a rajatabla las medidas, quienes las cumplen pero de tanto en tanto se dan una pequeña licencia y las personas que directamente ya optaron por no acatar ninguna medida. En el medio, los casos siguen creciendo así como el enojo de aquellos que respetan las restricciones ante los que no lo hacen y ponen en riesgo a todo un sistema sanitario y a buena parte de la población", señaló el sociólogo.

"A esta altura la sociedad en conjunto ha pasado por varios aprendizajes y ha sufrido muchos cambios y llegarán más. Muchas costumbres que parecían arraigadas se modificaron en este contexto que continuará planteando puntos de inflexión a los que la ciudadanía irremediablemente se terminará adaptando desde la forma de saludar, los cuidados individuales y hasta el modo de trabajo. La pandemia presentó- quizás de forma involuntaria- una reorganización de la que nadie podrá escapar, es esta nueva normalidad que seguirá mutando", cerró.

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