Game of Thrones: El día después de La batalla de Winterfell
"Todo te trajo a donde estás ahora", reza uno de los parlamentos en "The long night", el tercer capítulo de la octava temporada de Game of Thrones. Más que una simple profecía cumplida, la aseveración parece sellar un pacto tácito que la historia tiene con nosotros, sus fieles espectadores. Se nos prometió un final inolvidable y el resultado es una guerra fuera de todos los guiones existentes.
Como la unión de los vivos contra los muertos, nos reunimos todos dejando de lado nuestras diferencias. Los fundamentalistas y también los que sostienen que el argumento perdió esa frescura y rispidez política tan característica en las primeras entregas. Nada importó porque el enemigo acecha. La noche es larga y llena de terrores.
Consejo general para los que no vieron el episodio o para aquellos que quieren revivirlo: la oscuridad no solo llegó a la trama, sino que también a tu TV: subí la configuración de brillo/contraste y sentate a delirar con esos 80 minutos que ya marcan un hito en la historia de la televisión mundial. No estamos con esto cuestionando la decisión artística del episodio; GoT es - ante todo - un mundo de sombras.
Ya desde el plano secuencia inicial en el que vemos a varios de los protagonistas tragar saliva con dificultad, estaremos embriagados por una orgía de tomas aéreas, secuencias de combate y musicalización acorde a las palpitaciones que los personajes y la audiencia experimentan con el correr de la contienda. Hielo y fuego danzan entramando un relato único y tenebroso. "Juego de tronos" es mucho más que una serie, es una sensación epidérmica: si los personajes tienen miedo, nosotros tenemos miedo; somos tan parte de la historia como los habitantes del norte o los caminantes blancos.
El gran Alfred Hitchcock estrecharía con mucho gusto las manos de los creadores. El relato bélico de "La larga noche "amalgamó varios géneros entre los cuales el terror y - por encima de todos - el suspenso, cooperó para que a todos se nos haga bastante difícil mantenernos sentados, callados y sin gritarle algún improperio al monitor.
El padre de "Psicosis" en una entrevista con el crítico y director François Truffaut afirmó: "La diferencia entre el suspenso y la sorpresa es muy simple [...] Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. [...] Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la colocaba. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. En el primer caso, se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense". El suceso de HBO es eso: una bomba que está a punto de estallar y el público no puede - ni quiere - quedar fuera del radio de explosión.
Uno de sus secretos es el de transformar el simple visionado en toda una experiencia personal. Algo tan ritual como ver la final del equipo de tus amores de una determinada manera y no de otras. Eso lo que vivenciamos los seguidores de la obra de David Benioff y D. B. Weiss. Hay un lugar, un sillón predilecto, la compañía perfecta y el mundo...el mundo puede esperar porque los domingos a las 22 empieza Game of Thrones.