El Departamento General de Irrigación sigue en piloto automático justo en una época crucial en la definición de políticas de cuidado del agua.
El Departamento General de Irrigación sigue en piloto automático justo en una época crucial en la definición de políticas de cuidado del agua.
Es que el gobierno del agua está funcionando sin su cúpula directiva: hoy lo conduce Francisco Dávila, uno de los dos únicos integrante de un Honorable Tribunal Administrativo (HTA) que debería tener cinco miembros.
La carencia de Superintendente y de la mayoría de los miembros del HTA ha hecho que se ponga en duda la validez de las resoluciones tomadas por Dávila: tanto la oposición que impulsó el Jury contra el ex titular del área, Eduardo Frigerio, como los regantes aseguran que el organismo está acéfalo.
La normativa que rige la creación del organismo pide el aval de la mayoría del tribunal para homologar, por ejemplo, los permisos de nuevos pozos.
Esta situación de semi-acefalía se produce en medio del período estival, época en la que se definen muchas de las políticas referidas al manejo del agua durante el resto de la temporada, e incluso tendrán consecuencias positivas o negativas para los años venideros.
El organismo está sin Superintendente desde el 12 de diciembre, primer día hábil de la gestión de Paco Pérez, cuando renunció Eduardo Frigerio (previa negociación del flamante gobernador).
Ese mismo día Pérez anunció que a la brevedad enviaría a la Legislatura los pliegos del nuevo titular y los de los cinco integrantes del HTA (lo que implicaba remover a Dávila y a Ricardo Scandura, el otro funcionario que sobrevive de la era Frigerio).
Pero la designación de las nuevas autoridades entró en un letargo estival que se extendería hasta marzo: Pérez todavía no define a su candidato aunque suena con fuerza Mariano Pombo (ex subsecretario de Obras y sucesor de Paco en Infraestructura) para el cargo.
Sucede que antes Pérez deberá acordar un HTA que equilibre fuerzas entre los distintos sectores internos: los intendentes no azules están presionando para obtener, como mínimo, un poder ecuánime al del sector que condujo Irrigación durante los últimos 4 años.
Paco utilizaría para el gobierno del agua el mismo criterio con el que definió la conducción del IPV: un consejo directivo en el que estén representados los intendentes de mayor peso (léase Félix, Miranda, Abraham, Bermejo y Giménez) y un hombre de su extrema confianza (que no responda a ningún otro sector interno) como Superintendente. De ahí que la figura de Mariano Pombo surja como una alternativa real, a diferencia de la candidatura de Omar Félix, operada por los azules a principios de diciembre pero sin correlato en los intereses del gobernador.
Por ahora, lo único seguro es que Paco Pérez enviará los pliegos (obligadamente serán cuatro, el superintendente y tres miembros del HTA, aunque posiblemente también se pida reemplazao para Dávila y Scandura) en marzo, algunas semanas después de mandar la postulación de Alberto Recabarren para la Osep.

