"Creo en el Malbec", afirma convencido Alfonso Larraín Santa María, presidente del holding Concha y Toro, una mega empresa con números que apabullan y que apuesta por un modelo de negocios "multiorigen" basado en la producción propio de uvas, la tecnología y la calidad. Sobre estos pilares llevan invertidos ya U$S92 millones en Mendoza desde que llegaron allá por 1996.
Su visita a Mendoza trabajo bajo el brazo el anuncio de una inversión por $75 millones destinada en un 50% a la compra de un terreno de 230 hectáreas en Agrelo, Luján, para desembarcar en un nuevo terroir mendocino. El otro 50% de la inversión será destinada a plantar 100 de esas 230 hectáreas hoy incultas con variedad Malbec y agregar capacidad de bodega en sus establecimientos de Maipú y la zona Este para llegar a 34 millones de litros de capacidad de elaboración y optimizar procesos.
El objetivo de Trivento, filiar argentina del grupo Concha y Toro es alcanzar las 1.519 hectáreas en producción de uva propia, algo casi único en la vitivinicultura argentina en cuanto a cantidad de superficie propia de viñedos.
Pero es justamente lo que el grupo Concha y Toro promueve como modelo de negocios para la vitivinicultura en general y para sus inversiones en Mendoza. Los pilares para ser competitivos son la calidad y los bajos costos, que se logran con tecnología y producción propia de uvas. Trivento en Mendoza tiene hoy el 65% de sus hectáreas en producción con cosecha mecanizada. El 60% de los vinos que elabora (vende al año 2,6 millones de cayas de 9 litros o 12 botellas) los hace con uva propia, lo que le permite mantener a raya sus costos, más en tiempos en los que la uva y el vino subieron más de un 300%. El resto lo complementa con uva de terceros a 120 productores asociados en una relación que alcanza hasta 15 años.
Detrás de Trivento en Argentina está Concha y Toro, un modelo de negocios globalizado bajo el concepto de "vinos multiorigen" y números que apabullan. El holding Concha y Toro produce y vende vinos de Chile, Argentina y Estados Unidos. Es la 2º mayor empresa vitivinícola del mundo en cuanto a producción propia de vinos (sólo la separan 200 hectáreas del Top1) y es el 5º mayor vendedor de vinos, con una facturación superior a los U$S1.000 millones al año. Sus vinos están presentes en 147 países.
Con estos números de fondo, entrevistamos a Alfonso Larraín Santa María, presidente del holding Concha y Toro, que visitó Mendoza para realizar un anuncio de inversión. Y aquí habló sobre la vitivinicultura, el Malbec, las inversiones, Macri y el modelo de negocios para un mundo híper competitivo y abierto.
-¿Cómo ve la vitivinicultura argentina?
-Venimos de cosechas malas y lo que uno piensa es que a futuro viene la recuperación. En cuanto a cantidad, ya que la calidad siempre la han tenido. El vino argentino y en especial el Malbec que se produce aquí tiene un reconocimiento mundial.
-¿El Malbec puede ser considerado una moda y en ese caso hay que buscar alternativas y diversificar el comercio de vinos argentinos?
-Yo no pienso que sea una moda. El Malbec es algo que distingue a Argentina desde hace muchos años. Desde que tengo uso de razón estoy oyendo sobre el Malbec de Argentina. Probablemente es por efecto del clima, del terroir, el aguay el efecto de los tiempos hace que el Malbec aquí tenga una maduración perfecta.
Trivento como bodega tiene una particular apuesta por el Malbec. El 60% de los vinos que vende al mundo son de esta variedad. Es el 4º mayor exportador de vinos de Argentina y alcanza éxitos comerciales con líneas como el Golden Reserve Malbec, un vino del que se exportan 450.000 cajas de 9 litros a un precio de U$S22 la botella.
-¿Por qué ser muestra escéptico sobre la estrategia de imponer desde Chile al Carmenere como varietal insignia?
-Lo que pasa es que el Malbec se conoce desde hace muchísimos años, en cambio el Carmenere recién se está empezando a conocer. ¿Cuánto va a llevar de tiempo que el Carmenere sea reconocido mundial? Yo no lo sé. ¿Y cuánto hay que invertir para que esto pase? Tampoco lo sé.
-Ustedes están invirtiendo en Mendoza, Argentina. ¿Cambió el contexto económico con el nuevo gobierno?
-Primero que nada los negocios en los que invierte el grupo Concha y Toro son a largo plazo, cuando políticamente hay elecciones cada 4 años. Nosotros no podemos meternos en política. Argentina es un país atractivo para la inversión que tiene un cepaje, el Malbec, que es distintivo y no lo tiene otro país. Por eso nosotros queremos invertir en Argentina y nuestra prioridad son las exportaciones desde Argentina.
-Teniendo en cuenta que son una bodega "multiorigen" con producción e inversiones en Chile, Argentina y California, Estados Unidos. ¿Se puede hablar de identidad común para el vino que venden?
-Yo creo que los cepajes son diferentes, los estilos y los climas son diferentes. Estamos frente a un producto que es agrícola y frente a algo que está cada vez más claro en el mundo y es dónde están los mejores terroir del mundo para hacer vino. Esos terroir y estas combinaciones hacen que el Grupo pueda estar presente en más mercados y producir con cada vez más calidad.
-¿Por qué considera que la calidad es el valor supremo?
-Lo fundamental es la calidad. Y para tener calidad hay que hacer grandes inversiones, principalmente en viñedos para tener los mejores terroir y seguimos plantando. Hemos comprado más viñas en Chile, lo hacemos aquí en Agrelo con la idea de incorporar más terroir para desarrollar los cepajes que queremos llevar adelante. En el caso de Argentina con el Malbec en Agrelo y en Chile con el Cabernet Sauvignon.
La producción propia de uvas y la tecnología llevan a la calidad. Uno no puede controlar calidad y costos comprando toda uva de terceros. Lo que estamos haciendo en Chile queremos que se repita en Argentina.
-Usted ingresó al directorio de Concha y Toro en 1969, una bodega con 130 años de historia en Chile. ¿Hacia a dónde va el negocio del vino?
-Chile y Argentina tienen una tradición europea y tenemos un consumo per cápita alto de vino, pero en otras partes del mundo esto no es así. Hay mucha gente que desconoce el vino todavía y hay un efecto cultural. El gran desarrollo cultura que viene a futuro es que más personas en el mundo aprendan a combinar el vino con la comida. ¿Por qué? Porque realza el vino y realza la comida. Si usted me ofrece una gran comida y no me va a dar vino no creo que me sienta muy satisfecho.