3 de junio de 2026
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Deporte Hecho en Mendoza

Andino Sport te cuenta una porción de la historia...

Emparentado con hechos históricos o anécdoticos en nuestra querida Mendoza podrás disfrutar en esta sección de la "pluma" de los mejores escritores populares. Hoy: "La batalla del Huarpe en fulvence".

La batalla de los Huarpes en fulvence

Nací en San José, pero pasé más tiempo de mi vida en El Bermejo. No voy a apelar a aquel lugar común de que Argentino es mi mujer y Boca mi amante. Ni que mi corazón está dividido. "La patria es la infancia" decía Rilke y es verdad. Como también es cierto que tengo empatía con el boquita bermejito, porque muchos amigos míos lo son y porque sé del esfuerzo (similar a la de tantísimos clubes de barrio) para que el fútbol no decaiga, poniendo pilas y prendiendo velas para conseguir el recurso indispensable para que un pibito pueda correr detrás de una pelota y tenga la ilusión de ponerse la casaca de un equipo de veras... Tengo recuerdos de las tantas veces de ese verdadero clásico guaymallino. 

De cómo a ese cementerio de elefantes de San José le aparecía ese zorro furtivo llamado Boca y se llevaba una victoria impensada. De tiempos en que dieron la vuelta olímpica en el 57 con los Pandolfi, Negro Carrizo, Bracamonte, Neri o ya en la década en que empecé a fisgonear fútbol en pantalones cortos, la del 70', el Loco Villalón, el yayo García, el viento Hollman, Juan Domingo Negrete o Siudmack nos dibujaban un rictus amargo con una actuación memorable.

O aquella otra que nuestro arquero llamado Zuin salió jugando del área con la pelota y uno de casaca amarilla y azul se la afanó y tocó a la red. Me acuerdo del grito de gol de los boquenses, algunos entremezclados en la tribuna, era una puñalada a las tripas. Era un clásico de los de antes, de un barrio grande al norte del departamento, desde la costanera hasta Avellaneda, con la línea 39 y luego 5 como vehículo de transmisión, aunque en la Gomensoro, las Rosas (hoy Colón), la Alighieri o La Lagunita existiera ese pacto de convivencia pacífica de hinchas de ambos cuadros, de folclore y rock and roll.

La Río Negro y Moreno era la zona franca; para nosotros cuando íbamos allende al viejo carril Almirante Brown (hoy Mathus Hoyos) y ellos cuando tomaban la calle Pedro Molina para ir en dirección por Mitre hasta el mítico Serra. Y éramos intercambio, como cuando el Cabezón Rodríguez fue a El Bermejo y Negrete vino a la Academia. Dirimíamos en viejos fulvences el honor del departamento. El trofeo del huarpe y el canal. Era la batalla cultural entre Tejada Gómez y Luis Quesada. Entre Marciano Cantero y el Flaco Suárez. Entre el "Dale boooca" de Tomasito Tempestti y el "Acade miaaaaa" del Padrino. Las bellezas distritales de Marylen Iaconetti y de Teresita Ripoll.

Hace poco, fuera de programa, fuera del foco de la actualidad, con un fútbol mendocino exiliado entre equipos en distintas categorías, volvieron a enfrentarse Boca y Argentino. Un empate sin goles y con muchas pocas chances, salvo un penal atajado por el joven arquero de la Academia, Cappadona. Pero se vivió como un clásico, con gente entremezclada y gastadas como las de antes. 

Con un "bebé" que se coló cuando un padre lo pasó por arriba del portón de entrada y otro recibió desde la tribuna. Con la tensión de la gente de Argentino por mantenerse en la A de la Liga y el tesón de la de Boca por conservar su sitial. Con mensajes claros de inclusión. Afuera, con esos hinchas que se gastaban sin perder la compostura y desde adentro con la mujer entrenadora en el Xeneize, la Silvina Villalobos, que era saludada con respeto por el DT de la Academia, Seba Cloquell. Bien por ello.

Es innegable que son otros tiempos y duelen esas gradas decoloradas por lo vacías, escena que se repite en varios campos de juego. Pero personalmente volví a sentir con este Boca- Argentino, aquel sabor de lo barrial, lo vecinal, lo familiar. Aquellos duelos del Quique, Zolorza y Pacheco contra el Coya Montivero y Narváez, esos curiosos hombres de la calle Génova que le hacían partidazos a la Real Academia Mendocina.

Ojalá ambos equipos, instituciones emblemas de Guaymallén, que con poco hacen mucho por los pibes y sufren en carne propia los avatares de la realidad, los 35.000 mil pesos de tarifa de luz que le llegó al club bermejino por caso, puedan seguir iluminándonos con su fútbol e historias con sabor a tardes de potrero... 


Andino Sport te invita a ser parte de los escritores populares y tu historia con el deporte. Anécdotas, vivencias, poesías o prosas que nos reflejan el ayer y el hoy de cada una de las disciplinas que forman parte de la cultura deportiva.

Este espacio es para vos y tus letras.

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