Godoy Cruz logró el fin de semana consagrarse campeón de la Liga Nacional C de handball femenino. Conocé un grupo de gladiadoras mendocinas.
El deporte amateur de la provincia está lleno de historias, pequeños retazos de vida que salen a la luz cuando un buen resultado aflora en los periódicos. Este fin de semana Godoy Cruz se consagró campeón de la Liga Nacional C de balonmano femenino en Bariloche.
Un equipo que viene trabajando colectivamente desde hace mucho tiempo bajo la minuciosa conducción de un apasionado Freddy Zanona. El conjunto de calle Balcarce encierra muchas historias interesantes que vamos a ir descubriendo en una intensa charla con el entrenador zapalino.
Hace 20 años Zanona llegó a la institución, comenzó como guardavidas en la pileta y de apoco se fue haciendo un lugar en el handball de la institución, siempre en base a trabajo y dedicación. El club es mi casa desde que vivo en Mendoza, ellos me dieron todo y lo mínimo que yo puedo hacer es devolverle algo comienza el entrenador.
Los años fueron pasando, momentos complicados, otros alegres y las primeras consagraciones hasta llegar a la selección nacional en 2014 y 2015 donde dirigió a las juveniles en dos Sudamericanos, pero el titulo del domingo no es uno más. Es el tercero en Liga Nacional con su club y tiene un sabor especial: Después de 20 años de trabajar en el Club Godoy Cruz y en el handball me pone muy contento, porque conozco el sacrificio que hay en esta consagración, asegura.
Zanona pregona una idea, el club la comparte. Los torneos nacionales son un premio para los que se ganaron ese lugar, por eso Godoy Cruz es uno de los pocos equipos del país que no se refuerzan para este tipo de competencias: Nosotros no nos reforzamos, vamos con las chicas del club. Consideramos que es lo justo.
El plantel del campeón tiene un mix generacional muy interesante. Desde chicas juveniles que se están fogueando hasta experimentadas que han vivido los últimos 20 años de la institución. Tenemos jugadoras muy chicas como Majo Segura y Lucha Magallanes que están creciendo y le aportan mucho al equipo afirma Zanona. Y acá hay un plus, está nueva generación creció en ese playón donde se entrenan todos los días. Vivieron en sus rincones, crecieron en el sentido de pertenencia y ese valor pocos pueden mostrarlo.
Las más grandes aportan lo suyo con un sacrificio que conmueve. Carolina Tesoro (segunda de izquierda a derecha en la foto) y Pía Hernández(tercera de izquierda a derecha en la foto) son las referentes del plantel. Carolina tiene tres hijos que comparten su pasión por el handball y es la que incentiva el esfuerzo del grupo: Son muchos años en el club, Caro estuvo en todos los títulos que hemos logrado, desde el primero hasta este. Ella corre a la par de la pibas, se entrena mucho y es un ejemplo para las más chicas, dice el entrenador.
Pía Hernández es su complemento, tiene dos hijos chicos que han aprendido a amar el deporte acompañando a su mamá. Sea invierno o verano se los puede ver realizando alguna actividad a la par de las chicas mientras terminan los trabajos del equipo. Pía es muy importante dentro y fuera de la cancha, ordena, grita y motiva. También se mata en los entrenamientos y cuándo ven eso las más chicas no pueden sacar el píe del acelerador, asegura Zanona.
Debe ser complicado manejar un grupo tan variado con mujeres en etapas muy diferentes de su vida. Es mística, es historia mucho años de club y de pregonar una idea confía Zanona que agrega: Muchas generaciones juntas y muchos años compartiendo cosas en el club buenas y malas.
Un grupo de jugadoras comprometidas, un entrenador full time y una institución que junto a los padres apostó al sacrificio para lograr el sueño de dar una vuelta olímpica de nivel nacional y que además no es la primera, sino la tercera: Los dirigentes y los padres nos han aguantado siempre con mucho trabajo y esfuerzo, sin ellos hubiese sido imposible se sincera Zanona.