10 de julio de 2026
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La propuesta del método Pikler: el niño como ser autónomo

La pedagoga húngara, Eva Kálló, estuvo en Mendoza y explicó la aplicación del enfoque basado en el desarrollo motriz y psíquico del niño donde el adulto no interviene.

Por Sección Sociedad

El pasado 29 y 30 de agosto el hospital Universitario de la UNCuyo fue sede del seminario “El valor del juego libre: desarrollo del pensamiento y el aprendizaje durante los primeros años de vida”. La pedagoga húngara, Eva  Kálló, disertó sobre la aplicación del enfoque Pikler, basado en el desarrollo motriz y psíquico del niño, a través del respecto, la seguridad y la autonomía como pilares bases, donde el adulto no interviene, sino simplemente que acompaña y guía al niño.

Este método hace hincapié en el juego libre del niño en el ámbito de la educación; el rol del adulto acompañante, el impacto en la construcción del aprendizaje de la infancia, el desarrollo postural autónomo y los cuidados cotidianos.

De acuerdo a lo que explicó la especialista, la pediatra Emir Pikler descubrió la capacidad autónoma del niño y estaba convencida de que la capacidad de ser activo era innata en el niño, también que para que el niño pase de espalda a voltearse sobre el vientre, se siente y se ponga de pie, no necesita de la intervención enseñante del adulto. Además, ella creía que el niño podía entrar en contacto directo con el mundo que lo rodeaba, jugar, sin la necesaria intervención del adulto. “Ella reconocía también que para tener esas capacidades en la vida cotidiana, eran necesarias ciertas condiciones, como tener un adulto, especialmente el cuidado de su madre, que le brindara un tipo de cuidados, al igual que una relación donde pudiera vivir sus capacidades”.

Además Pikler trataba de transmitir a los padres y madres el tipo de actitud que favorece que el niño sea competente tanto en los momentos de los cuidados, como en los momentos de su actividad libre.

La opinión de Kálló en primera persona

-¿Esto se puede aplicar a todos los niños o es para niños con dificultades motoras o de desarrollo?

Éva Kálló: - Los últimos diez años en Alemania las educadoras especiales han comenzado a realizar su trabajo sobre la base del enfoque de Emmi Pikler, en el trabajo con niños discapacitados. Primero se aplicó en Alemania, pero también luego en otros países, incluida la Argentina. Esta orientación es cada vez más conocida, y hay también cada vez más profesionales que la consideran una ayuda para el tratamiento terapéutico y para la organización de la vida cotidiana de los niños.

Es una orientación que ayuda a los niños a desarrollar sus capacidades innatas. Esto resulta muy interesante para los niños con discapacidad, pero también para los niños normales.

Es verdad que en el mundo entero existen cada vez más educadores especializados, tanto en Hungría, como en el resto del mundo, que consideran los cuidados, en la vida de los niños discapacitados, como la situación en la que tienen la mayor oportunidad de aprender cosas, se piensa que esos espacios son el mejor momento de terapia.

Un niño discapacitado también experimenta la alegría, el interés, la capacidad de participar durante los cuidados cotidianos, que se repiten regularmente. Si pensamos que esto lo repiten por lo menos unas cuatro o cinco veces por día, todas las semanas, todos los meses, durante años, se convierten en una rutina que le permite al niño anticipar eventos, comenzar a cooperar durante los momentos de cuidados. Los niños, sin importar su condición, pueden ser competentes tanto en los momentos de cuidado, como en los momentos en que entra en contacto con el mundo, los objetos y el juego.

En otras palabras, ya sea un niño normal o con alguna discapacidad, puede sentirse activo independientemente del nivel de desarrollo en el que se encuentra. Estas actividades son los lugares en donde, tanto el niño “normal” como el discapacitado, puede sentirse independiente del adultoEsto significa que cuando el niño puede realizar algún proyecto propio, jugar con un objeto de su interés, realizar una acción nacida de sí mismo, construye una imagen positiva de sí mismo.

¿Cómo se benefician a los chicos/as, y cuál es el rol de los adultos en el mismo?

Éva Kálló: - El trabajo desde este enfoque en un grupo de niños puede ser a veces mucho más fructífera que en la familia. El niño que no es capaz de jugar solo, independiente del adulto, que espera que el adulto le dé un cierto consejo, y le muestre cómo jugar con un determinado objeto, será activo durante la actividad dirigida, pero no lo será cuando el adulto no se ocupe de él, ya que siempre va a estar esperando que el adulto intervenga. Estos niños son mucho más dependientes del adulto, que el que procura hacer las cosas por sí mismo.

Cuando sucede esto, hay un esfuerzo por parte del profesional para organizar todavía mejor la actividad del niño; y deja de lado los cuidados cotidianos, ya que considera los momentos de cuidado como una rutina. Apuran al niño en el momento de ir al baño, en el momento en que le dan la comida, para luego tener suficiente tiempo de ocuparse del niño directamente.

La consecuencia de esto, es que el niño no entra en contacto activo con el mundo porque no vivió con alegría los momentos de cuidado, lo que afecta en su capacidad de sentirse competente.

-¿Conoce si se está aplicando en nuestro país? ¿Y en Mendoza? ¿Qué opinión le merece?

Éva Kálló: - Aquí hay cierta tradición en lo referido a las bases del enfoque Pikleriano, tanto en el área terapéutica con niños discapacitados, como en la educativa en salas cuna o jardines maternales. Ayer,  estuve en el Jardín Maternal Mataque (Avellaneda 1102 de Guaymallén), aquí en Mendoza, y pude constatar que aunque las salas podrían ser más grandes, desde el punto de vista del enfoque Pikleriano, hay una atmosfera muy agradable, los niños jugaban bien con creatividad, se movían muy bien, con mucha armonía. Asimismo, pude observar cómo los adultos estaban muy disponibles para los niños, entonces cada niño podía seguir sus propias necesidades individuales, por ejemplo en el almuerzo. Los niños jugaban con el objeto de su interés, sin proposición del adulto; jugaban muy bien con arena, con camiones, podían jugar a meter y sacar, es una buena imagen la que los niños me han mostrado de su estado afectivo, de su actividad, del valor de su actividad. Desde la dirección de la institución se me comunicó que está en el espíritu del jardín,  ampliar las dimensiones de algunas de sus salas.

¿Usted por qué recomendaría a los padres, agentes de la salud y de la educación que apliquen este método en el acompañamiento de los niños y las niñas?  

Éva Kálló: - Esto no es un método, esto más bien es un enfoque, una aproximación, se podría decir que es una filosofía, una manera de mirar al niño. Esto no es un método, como en una receta, en la que uno pueda seguir ciertos pasos, como quien está haciendo una torta; exige una identificación profunda con esta mirada del niño y que el adulto tenga confianza en la capacidad del niño por una parte, y, que además considere su propio rol de manera que pueda ayudar de manera indirecta, INDIRECTA; y trabajar para que el niño se sienta bien, tenga confianza en el adulto y tenga confianza en sí mismo.

Esta manera de acercarse al niño, genera niños más autónomos, más creativos, con menor angustia que aquellos criados en un clima “tradicional”. Porque finalmente en la manera tradicional, y en estas edades, en los primerísimos años de la vida,  es clave, ya que hay tantas expectativas del adulto entonces el niño termina funcionando o actuando de acuerdo a las expectativas del mismo.

Antes de llegar a Mendoza, yo he pasado una semana en Chile realizando una formación, y voy a decir lo mismo que dije allá: ya hay una semilla plantada que comienza a crecer, ahora hay que estar muy atento, como el buen jardinero de mirar que la planta crezca bien, regarla bien, y desmalezarla, hay que ser cuidadosos de no arrancar la planta y dejar las malas yerbas.

Esto es una tarea, y hay que ser muy responsable de cuidar la planta y las ideas, es una responsabilidad de los profesionales que trabajan con los niños, pero sobre todo es una responsabilidad de la clase política que es la que se ocupa de las políticas públicas dirigidas a la infancia.

-Para finalizar, puede contarnos su experiencia en Hungría? ¿Y en el resto del mundo?

Éva Kálló: - En Hungría está la tradición de seguir el enfoque Pikleriano en los jardines y en las salas cunas en lo que se refiere a las condiciones materiales, a los momentos del día, a los sistemas de referencia (adultos referentes y estables para los niños), muchas de las cosas que tienen que ver con la filosofía de Pikler. Si bien en los últimos años ha habido un nivel de cambio, no siempre muy positivo, existe todavía la orientación Pikler en el cuidado de los niños.

En Bélgica y en Francia, nosotros conocemos que hay mucha gente que trabaja con esta orientación en instituciones que se ocupan de los niños, como en salas cunas.

En Alemania, hemos tenido contacto con grupos de padres que tienen el objetivo de ayudar a los padres a descubrir el valor de la actividad autónoma de sus hijos; asimismo se aplican este enfoque en niños con discapacidad. 

Aquí, en la Argentina, también hay una gran tradición del enfoque que deriva de Mirtha Chokler y Noemí Beneito, que han comenzado a hacer conocer este abordaje a pedagogos especiales (terapeutas).  

En Italia hay varias salas cunas que utilizan este abordaje, sobre todo en Lombardia, y en Estado Unidos hay muchos grupos de padres que funcionan desde hace más de 30 años y que todavía están activos.

Hay mucho interés, por ejemplo en los brasileros, que empiezan a interesarse en esto.

En España hay jardines maternales, también en las Universidades de Barcelona y de Bilbao hay formaciones de auxiliares, educadoras.

En París y en Lieja, Bélgica, el enfoque pikleriano está integrado a la formación de psicólogos.

Si bien, hay aproximadamente 15 organizaciones a nivel mundial que siguen estas ideas (Asociaciones Pikler-Lóczy), es importante destacar que cada vez hay más profesionales que reconocen el valor de este enfoque, pero sobre todo reconocen el modo de vida de los niños que, durante sus primeros años de vida, asisten a jardines maternales que siguen esta filosofía.

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