La música latinoamericana despide con dolor a Lucho González, el maestro de la guitarra que falleció a los 79 años. Su partida generó una ola de mensajes por parte de colegas como Fito Páez, Pedro Aznar y muchos otros. Fue un puente fundamental entre géneros y un referente absoluto para la cultura de toda la región.
Nacido en Lima pero criado en Argentina desde sus primeros meses, González desarrolló un talento único que lo llevó a grabar con los más grandes. Fue guitarrista y arreglador de figuras de la talla de Mercedes Sosa, Eva Ayllón, Vicentico, Sandra Mihanovich y Juan Carlos Baglietto. Su estilo supo articular elementos rítmicos peruanos con la armonía del jazz y el sentimiento local.
Lucho integró formaciones históricas como el trío Vitale-Baraj-González y el proyecto internacional Los Hijos del Sol, grabado en Los Ángeles. Además de su carrera en los escenarios, dejó un legado docente invaluable a través de su sistema de enseñanza denominado “siembra musical”. Sus discos solistas, como "Esta parte del camino", son hoy piezas de estudio para las nuevas generaciones de guitarristas.
El guitarrista también realizó capacitaciones de armonía estructural para el Instituto Nacional de la Música (INAMU), entidad que confirmó su deceso. Su trabajo logró una síntesis original y profundamente emotiva entre las raíces peruanas, brasileñas y argentinas. Esta búsqueda estética lo posicionó como una influencia ineludible en la región durante las últimas décadas.
Fito Páez lo despidió en sus redes sociales como "uno de los amores de su vida" y un faro de luz dentro de su formación artística. Lito Vitale, Alejandro Lerner y Pedro Aznar también sumaron sus palabras de gratitud por las giras compartidas y las composiciones bellísimas que crearon juntos. La comunidad coincide en que se apaga una de las guitarras más sensibles del continente.
Julia Zenko despidiendo al guitarrista muerto
Julia Zenko, Fito Páez, Lito Vitale y un gran lista de músicos despidieron a Lucho González.
Patricia Sosa y Julia Zenko recordaron su generosidad y el "ángel" que lo acompañaba en cada sesión de grabación. Con su partida, el arte popular pierde a un arreglador exquisito que siempre supo poner su talento al servicio de la canción. Su música seguirá viva en cada melodía y en cada alumno que tuvo el privilegio de aprender a su lado.