28 de abril de 2026
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Cosecha

Vendimia: caída de hasta 12% en la cosecha, crisis de rentabilidad y polémica por "apagón estadístico" del INV

La vendimia registra una caída de hasta 12% en la cosecha y expone tensiones por datos oficiales, sobrestock y rentabilidad en crisis del sector vitivinícola.

Por Marcelo López Álvarez

La vendimia de este año consolida una merma que oscila entre el 9% y más del 12% respecto a la cosecha anterior, según las distintas entidades del sector. Mientras las bodegas confían en que el menor volumen alivie la crisis de rentabilidad y reduzca el sobrestock, la Unión Vitivinícola Argentina denuncia un apagón estadístico por parte del organismo de control nacional que impide trazar un panorama claro.

El sector vitivinícola se debate entre las dificultades de un mercado interno deprimido y la expectativa de que una menor disponibilidad de materia prima logre, finalmente, estabilizar los precios. El frágil escenario económico se ve atravesado por una nueva controversia: la falta de precisión en los datos oficiales.

Las proyecciones sobre el volumen final de la vendimia varían según la entidad consultada, aunque todas coinciden en el signo negativo. Desde la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), su presidente, Fabián Ruggeri, confirmó que los números definitivos superarán las previsiones iniciales, marcando una caída superior al 12% a nivel nacional. Inicialmente, los pronósticos apuntaban a una merma del 8%, pero la realidad de los viñedos obligó a recalcular las estimaciones. A nivel regional, la provincia de San Juan proyectaba 4.200.000 quintales y finalizará en torno a los 3.600.000, mientras que Mendoza se encuentra en la etapa de cierre con volúmenes marginales pendientes en la zona sur y en el Valle de Uco.

Por su parte, Sergio Villanueva, representante de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), en declaraciones a Aconcagua Radio, situó la caída de la cosecha en un rango de entre el 9% y el 10% respecto del año anterior. No obstante, Villanueva advirtió que la confirmación exacta de estos porcentajes choca actualmente con un obstáculo mayor: demoras en las presentaciones, la ausencia de inspectores en las calles y un claro déficit en los mecanismos de fiscalización del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

El “apagón estadístico” del INV

El análisis de la actual campaña revela un profundo malestar institucional. Según alertó Villanueva, el INV ha transitado de una etapa de “hipercontrol y burocracia” hacia un escenario de desregulación que roza “la nada misma”. La principal crítica radica en las recientes modificaciones aplicadas al CEC 05 (el formulario de declaración de fin de cosecha), el cual ahora únicamente requiere la declaración de kilogramos totales, eliminando la discriminación técnica entre los volúmenes destinados a la elaboración de vino y aquellos derivados a la producción de mosto.

Esta decisión administrativa ha generado lo que desde la UVA califican como un “apagón informativo y estadístico caprichoso”. La imposibilidad de conocer con exactitud la distribución de la uva procesada impide a los actores del sector anticipar el comportamiento del mercado a corto plazo.

En teoría, una menor cosecha combinada con una may

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Además de la cosecha otro factor que preocupa a la industria es el sobre stock vínico que se acumula en las bodegas

Además de la cosecha otro factor que preocupa a la industria es el sobre stock vínico que se acumula en las bodegas

or producción de mosto sugeriría una mejora en la perspectiva comercial de las bodegas. Sin embargo, la liberación inmediata de los vinos nuevos, sumada a los siete a nueve meses de stock que se calcula existen en las bodegas, genera una gran preocupación por la casi segura sobreoferta de vino al mercado.

Sobrestock, rentabilidad y el esfuerzo del sector

Más allá del debate estadístico, las consecuencias de la merma productiva tienen un impacto directo en el productor, que ha experimentado una menor cosecha, sumado a menores precios, lo que lo deja en un estado de crisis directa.

Si bien los despachos de bodega al mercado interno crecieron un modesto 1,5% en el primer trimestre, Ruggeri advirtió que la demanda sigue sin exhibir la reacción necesaria para sostener a la cadena productiva, mientras que las exportaciones tuvieron un recupero por parte de los graneles, la cuenta total no muestra tampoco una recuperación consistente.

Para evitar un desplome mayor en las ventas, el sector ha absorbido gran parte de los incrementos de costos. La industria ha realizado lo que desde COVIAR definen como un “esfuerzo terrorífico” al no trasladar la inflación a las góndolas, asumiendo una evidente y prolongada pérdida de rentabilidad.

Este escenario, que ya se extiende por tres años, ha superado la capacidad de resistencia financiera proyectada por las bodegas y resulta insostenible en el tiempo. A pesar de que la menor disponibilidad de stock impulsará un movimiento en el valor de los caldos, los directivos asumen que no será suficiente para recuperar las pérdidas acumuladas en el último trienio.

Aún en este marco restrictivo, el vino ha exhibido un mejor desempeño relativo frente a otras bebidas competidoras. La caída en el consumo de cerveza ha sido significativamente mayor, en parte debido a fuertes distorsiones en los valores al público. En la actualidad, una cerveza oscila entre los 1.500 y 4.000 pesos, mientras que un vino básico se comercializa en torno a los 2.200 pesos.

Innovación frente a la escasez de recursos

Para revertir el estancamiento del mercado interno, la industria vitivinícola ha comenzado a implementar una transformación en su estrategia comercial, orientando sus esfuerzos hacia la captación de nuevos segmentos de consumo.

Se está trabajando en campañas que apuntan directamente a la juventud, promoviendo un alejamiento de la imagen solemne del vino para vincularlo a situaciones de consumo informal y de encuentro social, trabajo que también vienen realizando las bodegas con el lanzamiento de productos innovadores.

Lo cierto es que cada vez son más visibles los cambios concretos en las preferencias del público, que muestra una marcada inclinación hacia vinos blancos y dulces, consumidos frescos y acompañados con hielo, y tintos con menor graduación alcohólica.

Este proceso de adaptación enfrenta otro obstáculo: la restricción presupuestaria. La coyuntura exige desplegar la máxima inventiva posible, utilizando los limitados recursos de los que dispone la industria para traccionar las ventas.

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