4 de marzo de 2026
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Vitivinicultura

Mendoza enfrenta una Vendimia 2026 con fuerte merma productiva y precios en disputa

La Vendimia llega a Mendoza marcada por una fuerte caída de la cosecha, clima adverso, bodegas a media maquina y una severa crisis de rentabilidad.

Por Marcelo López Álvarez

Mientras la provincia de Mendoza se engalana para celebrar una nueva edición de su mundialmente reconocida Fiesta Nacional de la Vendimia, el clima festivo contrasta con la áspera realidad que se respira en las fincas y bodegas. La campaña vitivinícola 2026 se perfila como una de las más desafiantes y anómalas de la última década, atravesada por una merma productiva importante y una profunda tensión en la cadena de valor que amenaza la supervivencia del eslabón primario.

Caída de la cosecha y escasez de uva

Los números oficiales y las estimaciones privadas configuran un escenario de marcada escasez. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), hasta fines de febrero se registró una caída interanual del 26% en el volumen de cosecha, superando los 800 mil quintales de diferencia respecto al mismo período del año 2025.

En sintonía, los estudios metodológicos de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (ACOVI) proyectaron una disminución general del 17% en la cosecha de este año. Esta merma golpea con fuerza a la cepa insignia del país: el malbec experimentará una retracción del 30%, mientras que el conjunto de uvas tintas caerá un 27%.

Clima adverso y emergencia agropecuaria

La explicación a este desplome productivo encuentra su raíz en un clima cada vez más hostil. Las heladas tardías y las tormentas de granizo que azotaron los cultivos durante el ciclo agrícola obligaron al Gobierno de Mendoza a declarar el Estado de Emergencia y Desastre Agropecuario en amplias franjas de las regiones Centro, Este, Norte y Sur.

En el sur mendocino, el panorama aparece como más grave para los productores: San Rafael reportó una caída del 48%, marcando su registro más bajo en nueve años, mientras que General Alvear exhibe un descenso abrupto cercano al 80%. Como un verdadero oasis dentro de la crisis, únicamente el Valle de Uco muestra indicadores positivos, con una estimación de crecimiento del 47% en su producción general y un notable 60% de incremento específico en malbec.

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Las contingencias climáticas afectaron una importante cantidad de viñedos en Mendoza

Las contingencias climáticas afectaron una importante cantidad de viñedos en Mendoza

Parálisis industrial y bodegas inactivas

A la menor cantidad de uva disponible en los parrales se le suma una evidente parálisis en la actividad industrial. En Mendoza, solo el 33% de las bodegas inscriptas ha comenzado sus tareas de elaboración. En San Juan, los viñateros advierten que muchas plantas procesadoras no abrirán sus puertas ante la falta de liquidez para cubrir los gastos de vinificación o anticipar los pagos correspondientes a la cosecha.

Rentabilidad en crisis y precios en disputa

Esta confluencia de adversidades desemboca en el verdadero núcleo del conflicto de la Vendimia 2026: la rentabilidad de los productores. La lógica económica elemental dicta que, ante una menor oferta de materia prima, los precios de mercado deberían ascender. El ministro de Producción de Mendoza, Rodolfo Vargas Arizu, instó públicamente a los productores a defender el valor de la uva, argumentando que un (supuesto) bajo stock vínico acumulado y las perspectivas de crecimiento en la exportación de vinos y mosto deberían traccionar los precios hacia arriba.

De hecho, los datos del mercado externo respaldan el optimismo oficial: durante enero de 2026, las exportaciones totales de vino aumentaron un 17,9% interanual, impulsadas fundamentalmente por un fenomenal salto del 59,1% en la venta de vinos a granel, a lo que se sumó un alza del 37,7% en mosto concentrado.

Precios deprimidos y quebranto productor

Sin embargo, ese alentador repunte internacional aún no logra derramar. Las bases productoras denuncian condiciones de quebranto, englobadas bajo la desesperada consigna de un “sálvese quien pueda” estructural. Los viñateros afirman que la uva destinada a la elaboración de mosto se está ofreciendo en torno a los 200 pesos por kilo, un valor nominal idéntico al que percibían hace dos años, pese a que los costos logísticos y de mano de obra se han disparado al ritmo del índice inflacionario.

Para los varietales finos, los ofrecimientos de las grandes firmas rondan apenas los 300 pesos, una cifra que representa la mitad de lo pagado el año anterior y que queda muy lejos de los 500 pesos por kilo que exige el sector primario para comenzar a cubrir sus costos operativos. En zonas productivas clave, estas cifras proyectan pérdidas devastadoras que alcanzan los 2.000 dólares por hectárea, forzando a numerosos productores a evaluar la extrema medida de no levantar la cosecha.