Los últimos datos oficiales muestran que la desaceleración de precios perdió impulso y marcan un cambio en la dinámica inflacionaria. En este nuevo escenario, los salarios enfrentan mayores dificultades para consolidar una mejora real.
Datos oficiales del INDEC muestran que la inflación sigue ubicándose por encima del nivel de ingresos. Cómo evolucionan los salarios de los argentinos.
Los últimos datos oficiales muestran que la desaceleración de precios perdió impulso y marcan un cambio en la dinámica inflacionaria. En este nuevo escenario, los salarios enfrentan mayores dificultades para consolidar una mejora real.
La dinámica de precios en la Argentina comienza a mostrar señales de cambio. Según el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en febrero de 2026 una variación del 2,9% mensual, repitiendo prácticamente el nivel observado en enero (2,8%).
En términos interanuales, la inflación se ubicó en torno al 33%, mientras que en el primer bimestre del año acumuló cerca de 6%. Este dato adquiere mayor relevancia al considerar que las proyecciones oficiales para 2026 contemplaban una trayectoria de inflación significativamente más baja, por lo que el ritmo observado en el inicio del año sugiere un nivel de precios que podría ubicarse por encima de lo previsto inicialmente.
El dato marca un punto de inflexión. Tras varios meses de desaceleración, la inflación dejó de bajar al ritmo previo y comienza a estabilizarse en un nivel que, aunque significativamente inferior al de períodos anteriores, sigue siendo elevado para la dinámica de ingresos.
En este contexto, la evolución de los salarios vuelve a ser central. De acuerdo con el Índice de Salarios publicado por el INDEC, durante 2025 los ingresos de los trabajadores registrados crecieron por debajo de la inflación. En términos acumulados, los salarios avanzaron alrededor de 29%, frente a una inflación cercana al 31,5%, lo que implicó una caída del poder adquisitivo.
El análisis mensual refuerza esta tendencia. Hacia fines de 2025, los incrementos salariales se ubicaron por debajo de la variación del IPC, consolidando un cierre de año con pérdida real para buena parte de los trabajadores formales.
Este desfasaje plantea un desafío adicional para 2026. A diferencia de lo ocurrido en etapas previas, donde la baja de la inflación facilitaba cierta recomposición, el nuevo escenario se caracteriza por una inflación más estable, pero persistente. En este marco, la recuperación del salario real deja de ser automática y depende de incrementos sostenidos que logren superar un piso inflacionario más rígido.
A su vez, la información oficial evidencia comportamientos heterogéneos. Mientras los salarios del sector privado registrado muestran una evolución relativamente alineada con el promedio, los del sector público presentan mayores rezagos en algunos períodos, y los ingresos de los trabajadores no registrados exhiben una mayor volatilidad, ampliando las brechas dentro del mercado laboral.
La consecuencia es una economía que, si bien logró moderar la nominalidad extrema, enfrenta ahora una tensión distinta: sostener una mejora del poder adquisitivo en un contexto donde los precios ya no se aceleran, pero tampoco ceden.
De cara a los próximos meses, el interrogante central será si los salarios logran finalmente ubicarse por encima de la inflación de manera sostenida. De no ser así, el riesgo es que se consolide un escenario de estabilidad relativa de precios, pero con ingresos reales todavía debilitados, condicionando la recuperación del consumo y la actividad económica.

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