Cuando Kristalina Georgieva asumió la dirección general del Fondo Monetario Internacional (FMI), en octubre de 2019, la primera reunión de su gestión tuvo como protagonista excluyente a la Argentina. La duda, en aquel entonces, era si el país podría sostener el pago de su abultada deuda. Casi cinco años después, sentada junto al ministro de Economía, Luis Caputo, la funcionaria dejó en claro que el escenario actual es diametralmente opuesto.
Durante una conferencia de prensa en Buenos Aires, la titular del FMI brindóun fuerte respaldo al programa económico en curso, celebró las metas macroeconómicas alcanzadas y delineó los desafíos que enfrentará la gestión de cara a los próximos años.
El titular del Palacio de Hacienda abrió el encuentro destacando la relación de "confianza y diálogo continuo" con el Fondo, y valoró el apoyo institucional recibido desde el primer día, incluso durante los tramos más severos del ajuste. Georgieva recogió el guante con una evaluación contundente: el país exhibe hoy una posición externa mucho más robusta, fruto del esfuerzo, la perseverancia y el sacrificio del pueblo argentino.
Los números que respaldan el diagnóstico
Los datos que esgrime el organismo internacional reflejan un cambio de tendencia profundo. La directora gerente destacó la rápida transición hacia un superávit primario y una desaceleración inflacionaria que, según precisó, cayó del 210 % al 30 % actual. A eso sumó la recomposición de reservas del Banco Central, con compras que ya alcanzan los 13.000 millones de dólares, un factor decisivo que superó con holgura las metas del programa y disipó las preocupaciones del directorio sobre la balanza de pagos.
El regreso de la confianza del mercado, graficado en la compresión de la brecha de riesgo de 500 a 400 puntos básicos, fue interpretado como una señal vital para que provincias y sector privado vuelvan a financiarse a tasas razonables.
Una recuperación desigual
El diagnóstico del FMI, sin embargo, no esquiva la complejidad de la economía real. Mientras el petróleo, el gas, la minería y el agro traccionan la recuperación y sostienen un marco que proyecta inversiones futuras por 45.000 millones de dólares, otras áreas del entramado productivo permanecen rezagadas. La construcción, la logística y los servicios demandan un impulso que, según Georgieva, debe apuntalarse mediante una mejora en las condiciones financieras. Para lograr una prosperidad compartida, sugirió promover un mercado de capitales local que permita, por ejemplo, el regreso de los créditos hipotecarios.
En esa misma línea, la funcionaria celebró la progresiva eliminación de barreras burocráticas y destacó el trabajo del Ministerio de Desregulación, al que consideró una pieza clave para liberar el potencial del sector privado. "Las pymes son las que crean la mayor cantidad de puestos de trabajo", subrayó, y puso el foco en la necesidad de transformar los indicadores macroeconómicos en prosperidad cotidiana para los hogares.
La titular del FMI junto a sus colaboradores y todo el equipo económico del Gobierno argentino
El empleo, el punto débil
El mercado laboral representa una de las principales luces de alerta para el Fondo. Ante las consultas periodísticas sobre la dinámica reciente del empleo (que acusa una pérdida de 200.000 puestos formales frente a la creación de 500.000 empleos informales), Georgieva admitió su preocupación por la falta de un mercado laboral lo suficientemente vibrante.
Consideró que la reforma laboral impulsada por el Gobierno, que reduce fuertemente las contribuciones patronales del 19 % al 2 %, constituye un incentivo fundamental para formalizar a los trabajadores. También destacó el impacto positivo de la baja de la inflación sobre los sectores más vulnerables, al afirmar que los niveles de pobreza se redujeron del 50 % al 20 % gracias al apoyo a las familias.
Sin nuevo financiamiento a la vista
De cara al calendario electoral de 2027, y frente al fantasma de los abultados vencimientos de deuda en moneda extranjera (que superan los 20.000 millones de dólares), la respuesta del Fondo buscó despejar cualquier especulación en la plaza financiera. Georgieva descartó tajantemente que la Argentina requiera un nuevo programa para afrontar sus compromisos.
"No vemos la necesidad de que Argentina tenga que volver a solicitar un financiamiento adicional del Fondo", aseguró, y argumentó que la actual acumulación de reservas y la estricta disciplina fiscal funcionan como los mejores amortiguadores frente a la volatilidad política y los eventuales shocks externos.
El FMI confía en que la economía local transita el camino adecuado para reinsertarse plenamente en los mercados emergentes de crédito, sin depender de los desembolsos de la institución. Como consejo para sostener la estabilidad cambiaria, la directora gerente dirigió una mirada cómplice hacia las autoridades monetarias presentes en la sala y resumió su postura con una orden directa al Banco Central: "Sigan comprando".
La lección búlgara
Para dimensionar la magnitud histórica del desafío argentino, Georgieva cerró su exposición apelando a su propia biografía. Recordó la devastadora hiperinflación del 883 % que azotó a su Bulgaria natal en los años noventa, y cómo las dolorosas reformas estructurales ejecutadas bajo la órbita del FMI lograron revertir el escenario, hasta multiplicar por ocho el ingreso per cápita del país e integrarlo a la Unión Europea.
Aunque reconoció que el miedo a la incertidumbre sigue latente en una sociedad atravesada por las crisis del pasado, advirtió que no existen atajos ni soluciones mágicas. La receta para consolidar el despegue, concluyó, radica en sostener el crecimiento liderado por el sector privado, mantener la responsabilidad fiscal e invertir sostenidamente en infraestructura y educación. A esto sumó una condición institucional innegociable: el respeto irrestricto por el imperio de la ley y una lucha frontal contra la corrupción.
El éxito de esta transformación económica, sugirió la funcionaria en su mensaje final, ya no dependerá de Washington, sino de la perseverancia del propio pueblo argentino.