El Gobierno nacional ya tiene sobre la mesa los lineamientos de la reforma tributaria que Javier Milei se propone impulsar antes de que termine su primer mandato, en 2027. La iniciativa, que lleva meses de trabajo en los despachos de Luis Caputo y Carlos Guberman, apunta a tres frentes simultáneos: una baja sustancial del Impuesto a las Ganancias para las sociedades, una unificación de las alícuotas del IVA y la eliminación paulatina del impuesto al cheque. La condición que atraviesa todo el proyecto es una sola: no negociar el equilibrio fiscal.
El criterio rector pasa por reducir al mínimo la injerencia de los impuestos en las decisiones económicas, evitando tratamientos que distorsionen la competencia entre contribuyentes en igualdad de condiciones. Detrás de esa definición hay una intención política: extender a todo el universo de contribuyentes los beneficios que hoy solo alcanzan a quienes operan bajo el paraguas del RIGI, el régimen de incentivos para grandes inversiones.
Ganancias, con dos velocidades
Para las empresas, el objetivo es bajar la alícuota de Ganancias hasta el 25%, el mismo nivel que ya rige para los proyectos adheridos al RIGI. La medida no es nueva en la agenda oficial: una reducción de menor magnitud había sido descartada por los gobernadores durante la discusión de la reforma laboral, lo que anticipa que la negociación en el Congreso no será sencilla. Aun así, en el equipo económico dan por hecho que la baja "tiene que llegar" tarde o temprano.
El esquema para las personas físicas seguiría una lógica distinta. En lugar de discutir actualizaciones puntuales de las deducciones (el reclamo más escuchado entre los trabajadores en relación de dependencia), el Gobierno preferiría seguir el pedido o idea del FMI y apostar a un cambio de fondo: ampliar la base de contribuyentes alcanzados por el tributo y, a cambio, ordenar el esquema con menos deducciones, pero mejor calibradas. La promesa oficial es simplificar la liquidación y aliviar la carga administrativa que hoy se enfrenta.
IVA uniforme y el cheque, con los días contados
La otra pata de la reforma pasa por el IVA. Hoy conviven tres alícuotas (10,5%, 21% y 27%), además de un set de exenciones que el equipo económico (y, una vez más, el FMI) considera excesivo. La idea es avanzar hacia una alícuota única, que podría ubicarse entre el 18% y el 19%, en la medida en que las cuentas públicas lo permitan. Más adelante, y sin fecha cierta, aparece la posibilidad de un esquema dual bautizado por los funcionarios como Super IVA, con una tasa nacional y otra provincial, aunque esa discusión todavía no está madura.
El impuesto al cheque, mientras tanto, seguiría el mismo camino que ya transitaron los derechos de exportación: una baja gradual hasta su desaparición, antes que una eliminación de un día para el otro que resulte inmanejable para el fisco. Una alternativa que se evalúa es permitir que lo pagado se compute a cuenta de Ganancias, en porcentajes crecientes hasta llegar al 100%.
A pocos días de la llegada de la titular del FMI a la Argentina, el Gobierno avanza con la reforma tributaria
El Monotributo, otra vez bajo la lupa del FMI
El capítulo más sensible de la negociación con el Fondo Monetario Internacional sigue siendo el Monotributo. El organismo sostiene que el régimen simplificado le cuesta al Estado el equivalente a un punto del PBI en recaudación perdida, producto de la brecha entre la tasa efectiva que pagan los monotributistas y la que rige para quienes están en el Régimen General. El FMI también objeta el "salto" abrupto entre la categoría más alta del monotributo y el régimen de autónomos, que (a su juicio) desalienta el crecimiento de las pequeñas empresas.
La respuesta de la Casa Rosada es que por ahora no habrá cambios. En el entorno presidencial insisten en que endurecer el esquema "no está en la ideología" de Milei, y defienden los techos de facturación vigentes como adecuados a la realidad económica actual.
Pacto fiscal y coparticipación, para más adelante
Con un Congreso más favorable que al comienzo de su mandato, además, el Gobierno confía en poder avanzar con un nuevo pacto fiscal con las provincias, similar al que rigió durante la gestión de Mauricio Macri, orientado a frenar y luego reducir Ingresos Brutos y las tasas municipales de Seguridad e Higiene.
La reforma de la Ley de Coparticipación Federal, un sueño de este gobierno, como de todos los anteriores, queda tan postergada como siempre, ya que solo un milagro de aquí a la eternidad lograría que las 24 jurisdicciones se pongan de acuerdo.