El consumo de frutos secos atraviesa un auge en el país –y en el mundo– y la provincia de Mendoza no es ajena a la realidad. De hecho, la provincia se destaca por tener un importante desarrollo productivo en el país.
La provincia de Mendoza lidera la producción de nueces y almendras y crece en pistachos. Qué impulsa el boom, qué falta resolver y cómo se mueve el consumo.
El consumo de frutos secos atraviesa un auge en el país –y en el mundo– y la provincia de Mendoza no es ajena a la realidad. De hecho, la provincia se destaca por tener un importante desarrollo productivo en el país.
Una combinación de factores hace que los frutos secos sean una producción rentable para la provincia: demanda creciente, condiciones climáticas favorables para su elaboración y una actividad atractiva para inversores y productores familiares. Se trata de aspectos que alentó el crecimiento de esta actividad, aunque aún existen desafíos y un camino por recorrer.
En este marco, Sitio Andino dialogó con Manuel Viera, coordinador de la Asociación de Frutos Secos de Mendoza y docente de fruticultura, para comprender este auge y cuál es la realidad de tal producción en suelo mendocino.
En principio, Viera explicó que los frutos secos cuentan con una rica variedad de especies y que lo que tienen en común “es que la parte comestible es la semilla, envuelta en un endocarpio. Todos se producen en árboles y son naturalmente secos”.
De acuerdo al docente, en la provincia los frutos secos con mayor desarrollo son tres: nueces, almendras y pistachos.
Ahora bien, Viera agregó que existen otras especies que crecen en Argentina, como el pecán, pero que no se adaptan bien a la zona: “El pecán ha tenido muchísimo desarrollo en Entre Ríos, Santa Fe, el Delta del Paraná… pero en nuestra región no tenemos las mejores condiciones”, amplió.
Si bien hoy existe un fuerte boom del pistacho, su escala todavía es pequeña comparada con otros cultivos mendocinos. Viera lo graficó así: “El pistacho, si bien hay un boom, no alcanza al nogal en cuanto a superficie, y tampoco a otras especies frutales tradicionales”.
De hecho, Mendoza no lidera la producción de este fruto seco, sino que lo hace San Juan. Tal como señaló tiempo atrás Sebastián Halpern a este medio, San Juan lidera en el cultivo de pistacho con unas 4.000 a 5.000 hectáreas plantadas. Además, es un cultivo que puede tardar hasta ocho años para ver su fruto.
Cabe destacar que el auge de los frutos secos no es casual, sino que hay dos grandes motores que empujan su crecimiento: el consumo y la producción.
En lo que respecta al consumo, hay un creciente interés en alimentos naturales, nutritivos y fáciles de transportar. “Los frutos secos tienen altísimo valor nutricional, son fáciles de llevar, de conservar y de consumir. No hay cadena de frío, no hay procesamiento”, destacó el referente.
Esto también los vuelve más atractivos para los productores, ya que permiten una logística más flexible. “El productor no se tiene que deshacer de la producción al momento que está el fruto listo. Estos frutos no se echan a perder”, explicó Viera.
A diferencia de cultivos como la uva o el durazno, que requieren entrega inmediata, las nueces y almendras pueden conservarse por meses sin perder calidad. Este último es un factor importante que resalta a los frutos secos como una alternativa de producción.
Mendoza lidera la producción nacional de nueces y almendras, y es una de las principales zonas de pistachos:
Sin embargo, cada fruto tiene su dinámica:
A pesar del boom, Viera señaló que el futuro depende de la capacidad de profesionalizar el sector. Los frutos secos tienen tiempos largos de desarrollo: 3 años las almendras, 5 o 6 las nueces y 7 u 8 el pistacho.
“Los ciclos de prueba y error son larguísimos”, subrayó. Si un productor se equivoca en la elección de la zona, la variedad o el manejo inicial, puede perder toda su inversión. Por eso la importancia del asesoramiento técnico para garantizar el éxito en la producción.
En definitiva, el crecimiento de los frutos secos en Mendoza es real y sostenido. Las ventajas del clima, la demanda global y el potencial exportador convierten a la provincia en un actor económico en frutos secos clave a nivel nacional.
Sin embargo, todavía quedan desafíos de profesionalización e inversión en el sector. Tal como sintetizó Viera: “Hay que asesorarse bien antes de embarcarse en esto”.

