La sensación de que el número que genera el INDEC de inflación no está en línea con lo que sienten los bolsillos de los consumidores se hace cada vez más presente.
Los consumidores sienten cada día mayor distancia entre la inflación que mide el INDEC y lo que reflejan sus billeteras.
La sensación de que el número que genera el INDEC de inflación no está en línea con lo que sienten los bolsillos de los consumidores se hace cada vez más presente.
Una especie de remake de lo que ya vivió la Argentina y sus ciudadanos en épocas recientes con Guillermo Moreno parece apoderarse de todos.
La inflación baja pero el salario alcanza menos, los nivele de aumento que sienten las billeteras en servicios públicos, transporte, verdulería y góndolas no se condicen con el 2.7 del INDEC y mucho menos con la supuesta deflación de los precios de alimentos que el INDEC midió en Mendoza.
Las formas de medir la inflación del INDEC datan de ponderaciones elaboradas en 2017 que ya quedaron desactualizadas no solo en cuanto a la composición de la canasta de consumo sino en la parte del salario que se lleva cada ítem del consumo.
Como ejemplo, hoy la parte del salario que se lleva el transporte o los servicios no es la misma que en 2017.
Por qué sentimos esa diferencia, es lo que analizamos en la columna de Radio Andina

