El precio de la nafta y combustibles en la Argentina en 2026 aumentó 18,7%, el doble de la inflación, y la causa principal no está en la política económica doméstica ni en las decisiones del gobierno de Javier Milei, sino a miles de kilómetros, en el estrecho de Ormuz, donde los ataques iraníes han bloqueado el paso de aproximadamente el 20 por ciento del suministro mundial de petróleo y gas natural. El conflicto que comenzó el 28 de febrero con los primeros ataques estadounidenses e israelíes contra Irán ya reordena las economías de América Latina y el mundo.
"El precio del combustible impacta en la cadena logística, donde la mayoría de los bienes se trasladan por tierra y para eso hoy se paga un combustible hasta 8 por ciento más caro que hace 15 días. Y eso indefectiblemente se va a reflejar en la inflación de marzo", advierte Hugo Vasques, licenciado en Economía de la Universidad de Buenos Aires y ex auditor general de la Ciudad de Buenos Aires en declaraciones periodísticas. La advertencia es precisa: sin el efecto de la guerra, enero y febrero ya habían registrado una inflación del 2,9 por ciento mensual. El empuje externo agravará ese número.
Nafta, Energía y presión sobre las cuentas externas
El problema argentino no termina en la nafta. Con la llegada del otoño y la proximidad del invierno, el país deberá importar Gas Natural Licuado (GNL) para sostener la demanda estacional. Los precios de ese insumo han trepado casi un 60 por ciento desde el inicio del conflicto, según datos del analista Muyu Xu, de la firma Kpler. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz (por donde transita la quinta parte del GNL que consume el mundo) convierte esa importación en un ejercicio de alto costo en un momento de fragilidad fiscal.
Un continente bajo presión
La situación argentina se inscribe en un cuadro regional de creciente tensión. El crudo Brent, referencia internacional del sector, cotizaba el lunes a 106 dólares por barril, un incremento superior al 40 por ciento respecto de los 72 dólares registrados el 27 de febrero. Ese salto se transmite, con distintas velocidades y distintos amortiguadores, a cada economía latinoamericana.
Chile ofrece el contraste más nítido con la situación argentina. El gobierno de José Antonio Kast, que lleva apenas semanas en el poder, anunció una suba histórica de los combustibles: la gasolina de 93 octanos aumentará cerca de 370 pesos chilenos por litro, y el diésel, entre 570 y 580 pesos. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, calificó el shock como "el más grande al mercado global del petróleo desde los años setenta" y reconoció que el Estado chileno ya gasta más de 50 millones de dólares por semana como consecuencia de la crisis. Las proyecciones indican que el costo total podría alcanzar los 3.000 millones de dólares si los precios internacionales se mantienen en los niveles actuales.
Para mitigar el impacto, Chile activó el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles, que reduce temporalmente los impuestos cuando el crudo sube con fuerza, y anunció el congelamiento de las tarifas del transporte público, subsidios para taxis y colectivos durante seis meses, y un subsidio a la parafina para sostener su precio durante el otoño e invierno.
Sin embargo, las encuestas de popularidad del nuevo presidente se hundieron en apenas días y las movilizaciones callejeras vuelven a ser un paisaje habitual en Santiago.
México adoptó una estrategia diferente. El 96 por ciento de las estaciones de servicio acordó mantener el precio de la gasolina regular por debajo de los 24 pesos por litro durante los próximos seis meses. El gobierno de Claudia Sheinbaum decidió además suspender parte del impuesto especial sobre producción y servicio para evitar que los valores en surtidor acompañen el alza internacional. El acuerdo no cubre la gasolina premium ni el diésel.
Honduras, con un índice de pobreza del 60 por ciento, eligió la vía del subsidio directo: el Estado asumirá el 50 por ciento del precio del combustible a un costo de casi 1,9 millones de dólares semanales. Colombia, en cambio, espera. El gobierno de Gustavo Petro había reducido el precio de la nafta dos veces en lo que va del año, pero el ministro de Minas y Energía ya advirtió que si el conflicto se prolonga esas reducciones podrían revertirse.
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En Chile la disparada del precio de la nafta ya tiene consecuencias políticas
Los mercados y la amenaza de estanflación
El impacto no se limita a las estaciones de servicio. Desde el inicio de la guerra, los mercados bursátiles globales cayeron en promedio un 5,5 por ciento. Las bolsas asiáticas registraron las pérdidas más pronunciadas (Tokio bajó un 11 por ciento, Mumbai un 7 por ciento) en reflejo de su mayor dependencia energética de la región del Golfo. La Bolsa de Nueva York cedió un 6 por ciento, y los índices europeos acompañaron la tendencia.
La firma Capital Economics advierte que una guerra prolongada llevaría el crudo Brent a promediar 150 dólares por barril durante los próximos seis meses, con inflación superando el 4 por ciento en la zona euro y el 3 por ciento en Estados Unidos. Los economistas no descartan un escenario de estanflación, un fenómeno que los mercados no vieron con esta intensidad desde las crisis petroleras de 1973 y 1978.
Para los países del Sur Global con alta deuda externa, el riesgo es adicional: si los bancos centrales del Norte suben las tasas de interés para frenar la inflación, el costo del financiamiento externo se vuelve insostenible.
El nudo de Ormuz
Todo converge en un punto geográfico de 54 kilómetros de ancho entre Irán y Omán. Por el estrecho de Ormuz transita el 20 por ciento del petróleo y el gas natural que consume el mundo. Los ataques iraníes contra buques en tránsito han reducido drásticamente ese flujo. Qatar, que provee el 20 por ciento del GNL mundial, suspendió su producción tras un ataque con drones el 2 de marzo.
"El impacto económico del cierre del estrecho de Ormuz apenas comienza a manifestarse", señaló Muyu Xu. En las próximas semanas, anticipa, se acumularán nuevas señales: más aumentos en los precios del combustible, caída de la demanda, racionamiento en distintos países y efectos visibles en los índices de inflación.
Para Argentina, país que no produce GNL en cantidad suficiente para el invierno y cuya economía carga con una inflación estructural que Milei prometió erradicar "a mediados de 2026", el conflicto llega en un momento de particular vulnerabilidad. El precio de la nafta es, en este caso, apenas la primera señal de un ajuste más amplio que viene desde afuera.