28 de marzo de 2026
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Carne

El precio de la carne se dispara: impacto de la oferta, exportaciones y China

El precio de la carne vacuna alcanzó un récord en febrero de 2026. Factores productivos, exportaciones y contexto global explican la fuerte suba.

Por Marcelo López Álvarez

En febrero de 2026, el precio de la carne vacuna al consumidor promedió 15.895 pesos por kilogramo, el valor mensual más alto de las últimas dos décadas. En términos reales, representa un incremento del 22% interanual y se ubica un 32% por encima del promedio histórico del período 2006–2025.

Los datos surgen del último trabajo del área Agroindustrial del IERAL de la Fundación Mediterránea, que agrega que el precio de la hacienda en pie siguió la misma trayectoria: en el mercado de Cañuelas, que fija los precios de referencia para todo el país, el novillito, la categoría que abastece principalmente al consumo interno, promedió 4.745 pesos por kilo vivo, también un máximo en veinte años, con una suba del 27% interanual.

Detrás de esta dinámica no hay una causa única. La escalada responde a la combinación de restricciones de oferta, condiciones internacionales favorables para los exportadores y un cambio en las reglas de juego que el sector venía reclamando.

El ciclo que restringe la oferta

El factor más determinante para la escasez de oferta y suba de precios es la retención de animales. Los productores ganaderos están enviando menos cabezas a faena como parte de una estrategia de recomposición del rodeo.

En el primer bimestre del año, la producción de carne bovina cayó 9,1% interanual, con 1,94 millones de cabezas faenadas y 456.700 toneladas producidas. La faena de hembras retrocedió 9%, mientras que la de machos lo hizo en 12,7%.

Este comportamiento responde, en parte, a una mejora en la relación económica de conversión: con buena disponibilidad de pasturas y costos de alimentación relativamente bajos, los productores optan por extender los ciclos de recría y engorde. El efecto inmediato es una menor oferta disponible para faena en el corto plazo, con impacto directo sobre el abastecimiento interno y los precios.

La retención de vientres es, además, la única vía genuina para expandir el stock ganadero en el mediano plazo. Se trata de una inversión que sacrifica oferta presente para obtener mayor producción futura. Este dilema entre consumo interno y exportaciones es típicamente cíclico: se intensifica en el corto plazo y se modera a medida que el rodeo se recupera.

Un mercado global bajo tensión

El contexto internacional amplifica estas presiones. Los precios FOB de exportación de los principales proveedores (Estados Unidos, Brasil y Australia) mostraron una tendencia alcista sostenida entre 2023 y 2025, con valores en los primeros meses de 2026 por encima del promedio del año previo.

El USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) proyecta para este año una contracción en la producción de los grandes exportadores. Brasil lidera la caída con una reducción estimada del 5,3%, seguido por retrocesos en Estados Unidos, la Unión Europea, Australia y la propia Argentina.

En la demanda, China continúa siendo el actor clave: concentra cerca de un tercio de las importaciones globales de carne bovina. En el primer bimestre de 2026, sus compras externas alcanzaron niveles récord para ese período.

Sin embargo, este dato requiere cautela. Desde enero rige un nuevo sistema de importación basado en cuotas con aranceles diferenciados, lo que incentiva adelantar compras antes de agotar los cupos más favorables. El USDA estima que las importaciones totales de China en 2026 podrían cerrar levemente por debajo de 2025, aunque con fuerte concentración en el primer semestre.

En síntesis, el mercado global enfrenta una combinación de oferta en contracción y demanda sostenida en el corto plazo, lo que explica buena parte del nivel actual de precios.

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La falta de oferta y la demanda exportadora presiona sobre el ganado en pie y el aumento llega rápido a la carne en el mostrador

La falta de oferta y la demanda exportadora presiona sobre el ganado en pie y el aumento llega rápido a la carne en el mostrador

¿Está cara la carne argentina?

El encarecimiento abre una pregunta central: ¿es cara la carne argentina en términos internacionales?

Un relevamiento de precios de cortes comparables muestra una clara segmentación. En el nivel más alto se ubican economías desarrolladas (Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) con valores de entre 18 y 22 dólares por kilogramo. En un escalón intermedio aparecen Argentina y Chile, con precios en torno a los 13-14 dólares. En el rango inferior se encuentran Uruguay, Paraguay y Brasil, con valores de entre 9 y 11 dólares.

Estas diferencias responden, en gran medida, a los costos de servicios no transables (logística, comercialización, alquileres y salarios). También inciden factores como la carga impositiva, el nivel de formalización del canal minorista y las políticas de protección. En este marco, Argentina se ubica en una posición intermedia: por debajo de los países desarrollados, pero por encima de otros exportadores regionales con estructuras de costos más bajas.

La política sectorial como variable

El trabajo destaca que un rasgo distintivo del ciclo actual es la ausencia de intervención estatal directa. A diferencia de etapas previas, el gobierno ha optado por no intervenir, aun cuando la suba impacta sobre la inflación.

Esta neutralidad regulatoria parece estar influyendo en las decisiones productivas. La retención de vientres y la extensión de los ciclos sugieren que los productores operan con un horizonte de largo plazo, consistente con un entorno de mayor previsibilidad, afirma el trabajo.

Hacia un nuevo equilibrio

Según la Fundación Mediterránea, las proyecciones para el resto del año dependen de la velocidad con que se recupere el flujo de animales a faena.

En un escenario pesimista, con producción en caída y exportaciones en alza, el consumo interno podría reducirse entre 6 y 7 kilos per cápita, hasta unos 43 kilos anuales. En un escenario moderado, la caída sería de alrededor de 4 kilos. Solo con una recuperación significativa en el segundo semestre, el consumo podría ubicarse cerca de los 48 kilos por habitante, apenas por debajo de 2025.

Más allá de la coyuntura, el proceso en curso podría consolidar un cambio estructural. La presión sobre los precios de la carne vacuna, junto con una oferta más abundante y costos competitivos en otras proteínas, favorece la sustitución hacia carne aviar y porcina.

De sostenerse, este desplazamiento no sería transitorio, sino que podría marcar una tendencia de mediano plazo en los hábitos de consumo de los argentinos, finaliza el informe.

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