6 de diciembre de 2025
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informe económico

Cómo cambió la industria argentina en los últimos 50 años: crecimiento, caída y futuro

De potencia a actor intermedio: la industria argentina, su historia de crecimiento y desindustrialización, y su rol actual en la economía global.

Por Marcelo López Álvarez

La industria manufacturera, entendida como la transformación física o química de insumos en bienes nuevos, ha sido históricamente el corazón del desarrollo económico y tecnológico de las grandes potencias. Su centralidad radica en la capacidad para sostener el crecimiento de largo plazo, crear empleo formal y mejor remunerado, elevar la productividad, impulsar exportaciones, fomentar la innovación y contribuir a la seguridad nacional.

En la Argentina, ese rol es tangible: la manufactura representa alrededor del 18% del PIB, explica la mitad del gasto empresarial en I+D y emplea a 2,5 millones de personas en forma directa, en mejores condiciones que el promedio de la economía, así lo destaca un trabajo de Argendata de FundAr que recorre la historia y presente de la industria argentina.

El trabajo destaca que el país exhibe un desarrollo industrial superior a la media regional. Sin embargo, advierte que la trayectoria de largo plazo ha sido decepcionante: desde 1970, la Argentina se cuenta entre los casos de mayor desindustrialización relativa del mundo.

Posicionamiento internacional y brechas

Según los investigadores, el posicionamiento internacional ofrece luces y sombras. En 2023, el PIB industrial per cápita argentino se ubicó en 2.752 dólares, un valor intermedio a escala global. La distancia con las economías avanzadas es notoria: Alemania alcanza 10.858 dólares, y Estados Unidos, Francia, España y Australia también superan holgadamente el registro local. China, con 3.361 dólares, se sitúa 22% por encima de la Argentina, tras un ascenso vertiginoso de cuatro décadas que la llevó de la manufactura simple a la frontera tecnológica. En el plano regional, el país mantiene una posición destacada: supera a Chile, Brasil, Colombia y la mayoría de sus vecinos, con la salvedad de México.

Productividad, empleo y balanza comercial

Los datos relevados y analizados por FundAr confirman una paradoja persistente en la estructura de la industria local, aporta más al producto que al empleo: 18,1% del valor agregado contra 10,9% de los puestos de trabajo. Ello refleja su mayor productividad y el carácter capital-intensivo de la actividad. Pese a esa fortaleza, la balanza de manufacturas es estructuralmente deficitaria: las exportaciones industriales -con predominio de productos basados en recursos naturales y de media tecnología- no compensan las importaciones de bienes de media y alta tecnología, entre ellos maquinarias, equipos de transporte, químicos y farmacéuticos. En 2023, las manufacturas representaron el 44% de las exportaciones de bienes, pero el 81% de las importaciones.

Concentración territorial y disparidades

También se advierte una fuerte concentración territorial. El informe releva que la provincia de Buenos Aires reúne el 49% del PIB industrial; junto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (12%), Santa Fe (10%) y Córdoba (8%) explican el 80% de la producción nacional. Mendoza posee apenas el 3.7% del PIB industrial argentino.

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Apenas 4 provincias concentran el 80% del PIB que produce la industria argentina

Apenas 4 provincias concentran el 80% del PIB que produce la industria argentina


La geografía productiva es, en gran medida, resultado de trayectorias históricas: la industrialización por sustitución de importaciones impulsó el asentamiento cerca de grandes centros urbanos y puertos, donde se concentraba la demanda y la infraestructura. Al mismo tiempo, existen marcadas disparidades provinciales. San Luis y Buenos Aires registran las mayores participaciones industriales en su producto, mientras que economías especializadas en recursos naturales, como Santa Cruz y Neuquén, muestran un peso manufacturero acotado. La insuficiente infraestructura y los elevados costos logísticos fuera de los polos tradicionales siguen siendo un freno.

La heterogeneidad interna del entramado fabril se expresa con claridad en los salarios. En 2024, los trabajadores formales de la industria ganaron, en promedio, 17% por encima del sector privado registrado, pero las brechas entre ramas son significativas: la refinación de petróleo cuadruplica los ingresos de la industria maderera; química, metales comunes, automotriz y tabacalera también exhiben remuneraciones altas, mientras que textiles, indumentaria, calzado y muebles se ubican por debajo del promedio. Las ramas de mayores salarios suelen ser más productivas, intensivas en capital y con mayor presencia de empresas grandes y sindicatos fuertes.

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Innovación y I+D

FundAr sigue muy de cerca los datos de innovación y asegura que la industria tiene un papel protagónico aun en un contexto de baja inversión privada en I+D a nivel país. La manufactura concentra cerca del 50% del gasto empresarial en I+D, con liderazgo del sector farmacéutico —ensayos clínicos y desarrollo de productos—, seguido por química, siderurgia, automotriz y alimentos. En países líderes, el peso industrial en la innovación es mayor y se apoya en un entramado de alta tecnología más robusto.

Mirada histórica y desindustrialización

La mirada histórica ayuda a comprender el presente. Tras la fase de industrialización por sustitución de importaciones, que elevó el PIB industrial per cápita a un máximo en 1974, se sucedió un proceso de desindustrialización con caídas profundas entre 1974-1990, 1998-2002 y 2011-2020. Las recuperaciones posteriores nunca lograron recomponer el sendero de largo plazo: en 2024, el PIB industrial per cápita es 28% inferior al pico de 1974 y 26% menor que en 2011. El saldo internacional es elocuente: la participación de la Argentina en el PIB industrial mundial cayó del 1,6% en 1970 al 0,6% actual, en un escenario donde China pasó del 1% al 31% y Europa y Estados Unidos redujeron su peso relativo.

El trabajo destaca que el cambio estructural doméstico también perdió dinamismo. Durante gran parte del siglo XX crecieron las ramas de mediana y alta complejidad -maquinaria, vehículos, químicos, metales-; desde los años ochenta, su participación se estancó y la industria alimenticia volvió a ganar terreno. En 2022, alimentos, bebidas y tabaco representaron el 29% del VAB industrial, por encima de México, Brasil, Estados Unidos, Alemania y, con mayor distancia, China. La especialización agroindustrial convive, así, con una débil densidad tecnológica en ramas electrónicas, de maquinaria y de equipamiento, que en economías avanzadas y asiáticas constituyen la columna vertebral de la innovación.

En sus conclusiones destaca que la industria argentina conserva activos relevantes (escala relativa regional, productividad superior al promedio, aporte clave a la I+D y una base exportadora con anclaje agroindustrial), pero arrastra debilidades de fondo: volatilidad macroeconómica, reglas inestables, déficits crónicos en manufacturas no basadas en recursos naturales, concentración territorial e insuficiente complejidad tecnológica.

Revertir el retroceso de largo plazo exige una política integral y consistente en el tiempo: estabilidad macro, inversión en infraestructura logística y energética, financiamiento a la modernización productiva, articulación exportadora con foco regional y global, y un impulso decidido a las ramas de media y alta tecnología. Solo así la industria podrá retomar su papel como motor del desarrollo, no solo por su peso en el PIB, sino por su capacidad de difundir productividad, empleo de calidad e innovación a toda la economía.

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