La presencia de China en la minería de América Latina y el Caribe ya no es novedad. Lo que durante años fue percibido como una tendencia emergente se ha transformado en una presencia concreta: 48 activos mineros distribuidos en 12 países, más 11 operaciones adicionales correspondientes a acuerdos pendientes, salidas y situaciones no vigentes. Así lo establece un mapeo elaborado por la consultora GEM, con una radiografía completa sobre el peso real del gigante asiático en el sector extractivo regional.
El informe confirma que la huella de la minería china se expande y ya no se concentra en cobre y hierro (pilares históricos de su demanda industrial), sino que se extiende hacia el litio, el oro, el estaño, el niobio, los fosfatos, la alúmina y el petróleo. El otro dato es que, en varios casos, esa presencia incorpora instancias de procesamiento, refinación o participación societaria que sitúan al capital chino en etapas más avanzadas de la cadena productiva.
El país que encabeza el recuento de la participación china en América Latina es Argentina, con 12 activos únicos. No es casual. El territorio argentino concentra parte sustancial de las reservas mundiales de litio y China ha desplegado allí una estrategia de posicionamiento temprano que hoy se traduce en participaciones accionarias de peso.
La empresa Ganfeng Lithium es el actor central de esa presencia. Opera en los proyectos Cauchari-Olaroz con una participación del 48%, y detenta el 100% de Mariana y de Pozuelos-Pastos Grandes. A esos activos de litio se suman las posiciones de Shandong Gold en las minas Veladero y La Ortiga (on un 50% en cada una), orientadas al oro y al cobre respectivamente. Completa el mapa Zijin Mining, propietaria del 100% del proyecto Tres Quebradas, en la provincia de Catamarca, una iniciativa de litio actualmente en construcción.
Lo que Argentina representa, en términos estratégicos, es el acceso directo a recursos para los cuales China tiene una demanda estructural de largo plazo, con una lógica que no es financiera sino industrial.
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China crece con las inversiones mineras en América Latina. Argentina en el centro de la escena por el litio
Brasil, diversificación y profundidad
Brasil ocupa el segundo lugar con 11 participaciones, pero su relevancia radica menos en el volumen que en la diversidad de minerales involucrados. El portafolio chino en territorio brasileño abarca niobio, fosfato, estaño, oro y hierro, lo que refleja una estrategia que cubre distintos eslabones de la cadena de suministro industrial.
La compañía CMOC (China Molybdenum Company) es el actor más visible. Opera con el 100% en las minas de oro Aurizona y Riacho dos Machados, y en el Bahia Complex. Su expansión en Brasil se consolidó en 2016, cuando adquirió de Anglo American activos de niobio y fosfato en Catalão, Ouvidor y Cubatão por 1.700 millones de dólares, en una transacción que marcó un punto de inflexión en la profundidad del compromiso chino con el mercado brasileño.
El consorcio integrado por las empresas CITIC, Baosteel, Ansteel, Shougang y TISCO participa, con un 15%, en la Compañía Brasileña de Metalurgia y Minería (CBMM), ubicada en Araxá. Se trata de una de las operaciones de niobio más relevantes del mundo, mineral estratégico para la producción de aceros especiales.
Perú: el corazón cuprífero
Perú aparece como el tercer destino, con ocho activos, y el informe de GEM lo caracteriza como el corazón cuprífero de la exposición china en la región. Las Bambas, Toromocho, Galeno, Río Blanco y La Arena conforman un conjunto de operaciones que hacen del Perú el nodo más relevante para el cobre dentro de la estrategia minera china en América Latina. MMG, Zijin Mining y Jinzhao Mining Perú son las empresas que articulan esa presencia.
La cuestión de fondo
Más allá del inventario, el informe de GEM plantea un debate que los países de la región no pueden eludir. La presencia china genera oportunidades reales: financiamiento en proyectos que el capital occidental evita por considerarlos de alto riesgo; integración industrial cuando se incluyen plantas de procesamiento o refinación; y acuerdos comerciales de largo plazo que aportan certidumbre de demanda. Pero esas oportunidades se convierten en beneficio efectivo solo si los Estados anfitriones logran traducirlas en contenido local, infraestructura compartida y encadenamientos productivos.
De lo contrario, advierte la consultora, la inversión se reduce a extracción de volumen: el mineral sale, el valor agregado no se queda. Para mineras y fondos de inversión, la doble oportunidad consiste en coinvertir donde China absorbe riesgos que otros rehúyen, o en vender activos no estratégicos cuando el contexto político lo permite.
GEM concluye que los casos más atractivos para el capital chino serán aquellos que combinen escala de recurso, claridad regulatoria, salida logística y potencial de integración con procesamiento o demanda final. En esos casos, China paga una prima que no es solo financiera, sino estratégica. Esa distinción, menor en apariencia, define en realidad la naturaleza de su expansión en la región.