Vitivinicultura: productores alertan por una cosecha menor y precios que no cubren los costos
El titular de la Específica de Agricultura de la Cámara de Comercio de General Alvear contó cuál es la situación que viven los viñateros. Mirá el video.
Vitivinicultura: productores alertan por una cosecha menor y precios que no cubren los costos
A semanas de una nueva vendimia, el panorama para los productores de la vitivinicultura es incierto y preocupante. Se estima una merma en la cantidad de kilos por contingencias climáticas, especialmente por la fuerte helada registrada en octubre. Sin embargo, más allá de la cuestión productiva, la mayor alarma pasa hoy por la rentabilidad: el precio que se paga por la uva no alcanza para cubrir los costos y el consumo continúa en caída, tanto a nivel nacional como mundial.
Fernando Cordero, productor y titular de la Específica de Agricultura de la Cámara de Comercio de General Alvear, trazó un diagnóstico crítico del sector. Aunque todavía no hay datos definitivos sobre el volumen de la cosecha, anticipó que habrá menos producción debido a los daños climáticos. “Seguramente va a haber una merma en cantidad de kilos, principalmente por la helada de octubre”, señaló.
Los productores sufren la incertidumbre por los cambios de consumo.
El valor de la uva en caída
El problema central no es solo la cantidad, sino el precio. “Estamos en una situación muy delicada, te diría ya crítica. A los productores no nos está sirviendo hoy el precio que se está pagando por la uva”, afirmó. El año pasado los valores ya habían sido inferiores a los del ciclo anterior y, en un contexto donde el consumo no repunta, el escenario se vuelve aún más complejo.
Según estimaciones, el costo de producción ronda los 4.000 dólares por hectárea, aunque puede variar según el nivel tecnológico de cada finca. Cordero explicó que en su caso cuenta con riego por goteo, defensas contra heladas, telas antigranizo y un paquete tecnológico que incluye fertilización para alcanzar altos rindes. Sin embargo, la crisis obligó a reducir al mínimo esas inversiones.
“Hemos tenido que retraer un montón el paquete tecnológico para poder al menos mantener la estructura de la finca”, detalló.
El deterioro no afecta únicamente a los viñateros. “No es un problema entre el precio de la uva y el bodeguero. Esto también es un problema para las bodegas”, remarcó, al mencionar que varias empresas atraviesan convocatorias de acreedores.
turismo del vino, bodega mendoza
En el largo plazo, haber relacionado al vino con ciertas formas de consumo y estilos de vida perjudicó a la industria.
Imagen generada con Inteligencia Artificial
Cambios de tendencias y consumo
En este contexto, el consumo aparece como el gran desafío pendiente. Para el productor, es necesario un cambio de paradigma en la forma en que se concibe y se bebe el vino. “Creo que hemos pecado un poquito en hacer ese elitismo del vino que nos ha terminado tirando una bolsa de arena en la espalda”, reflexionó. Considera que asociar el vino exclusivamente a ciertos rituales o momentos formales lo alejó de la mesa cotidiana.
En esa línea, propuso recuperar un consumo más descontracturado: “Hay que tomarlo con soda, con hielo, con gaseosa, con lo que sea y en la mesa”. Incluso recordó el impacto que generó en su momento la mención pública de Lionel Messi al vino con gaseosa, como ejemplo de cómo pequeñas acciones pueden incidir en los hábitos.
También mencionó alternativas como el vino sin alcohol, aunque reconoció que la tecnología necesaria es costosa y solo sería viable mediante esquemas asociativos entre bodegas, como ocurrió en su momento con la incorporación de maquinaria para envases Tetra. No obstante, puso en duda hasta qué punto el mercado respondería a ese producto.
Los cambios en los hábitos sociales también influyen. “Antes se tomaba al mediodía y se dormía la siesta. Hoy la persona tiene que seguir trabajando y eso hace que no se tome alcohol para poder mantenerse activa”, analizó.
Embed - UVA: “SE ESTIMA QUE HABRÁ UNA MERMA EN KILOS”
En la calle, la sensación entre los productores es de resistencia forzada. Muchos no arrancan las viñas porque la estructura ya está instalada y desmontarla implica un costo elevado. “Si no tuviéramos la estructura armada, seguramente se hubiesen arrancado muchas hectáreas porque realmente no nos está sirviendo como producto”, advirtió.
Con una nueva cosecha en puerta, predominan las dudas. “Estamos frente a una nueva cosecha con más incertidumbre que certezas”, resumió Cordero. Y dejó una reflexión que sintetiza el dilema de muchos viñateros: el arraigo a una actividad que forma parte de la identidad y la historia familiar frente a una rentabilidad que no cierra.