Pantallas en pausa: una docente del sur de Mendoza impulsa los juegos al aire libre
Este verano se realizó un campamento en Malargüe que buscó generar espacios de escucha y encuentro sin celulares. La experiencia incluyó a niñas, niños y adolescentes.
Una experiencia desarrollada en Malargüe volvió a poner en debate el uso excesivo de pantallas en la infancia y adolescencia. La docente Natacha Cipolla impulsó un campamento sin celulares, promoviendo juegos lúdicos, actividades al aire libre y espacios de escucha como alternativa al entretenimiento digital.
La iniciativa nació a partir de una observación sostenida en el tiempo. Natacha Cipolla, actualmente docente en la escuela 1-668 Maestro Emilio León y con una extensa trayectoria en escuelas rurales del sur de Mendoza, explicó a SITIO ANDINO que “la idea la venía gestando desde hace un año”, al advertir conductas en niños y adolescentes que difieren de otras épocas.
Embed - CÓMO REGULAR USO DE PANTALLAS EN NIÑOS Y ADOLESCENTES
El trabajo de docente y madre en el proyecto
Según relató Natacha Cipolla, emociones como la ansiedad constante o la marcada necesidad de ser escuchados se repiten cada vez con más frecuencia. “Son espacios que en estos nuevos tiempos están algo perdidos, y es prioridad recuperarlos, tanto en las escuelas como en las familias”, remarcó la educadora.
A partir de ese análisis surgió el proyecto, pensado como una experiencia que permita a niños y adolescentes “conocerse”, descubrir cuáles son sus gustos y generar un canal para la gestión de emociones. El campamento, realizado junto a sus hijas, sobrinas y amigas de las niñas, se convirtió en una prueba concreta de que es posible prescindir de los teléfonos celulares en los momentos de recreación.
Cipolla aclaró que la propuesta no busca demonizar la tecnología ni prohibirla de manera estricta, sino promover un uso responsable. Muchas veces, cuando se prohíbe, se generan más ganas de transgredir, señaló.
Espacios que deben replicarse
La respuesta fue positiva desde el inicio. Lejos de mostrar resistencia, las niñas se sumaron con entusiasmo y comprobaron que los celulares “no son necesarios” para divertirse. Armar carpas, organizar la logística del campamento y compartir tareas permitió generar tiempo de calidad, sentirse útiles e interactuar de forma fluida.
La docente vinculó esta experiencia con su paso por escuelas rurales de Carapacho, El Cortaderal, Bardas Blancas y El Sosneado, donde observó que un acceso más limitado a la tecnología favorece el vínculo con el entorno y un uso del tiempo más distendido.
Finalmente, destacó el rol de los adultos. “Es un desafío enorme para los padres poner límites al uso de las pantallas, buscar momentos para hablar y generar espacios de comunicación”, afirmó, y consideró que este tipo de propuestas pueden replicarse en escuelas y otros ámbitos, incluso a través de talleres.