13 de julio de 2026
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Malargüe

Frío, nieve, tradición y la historia de quienes en Malargüe mantienen vivo el campo

La vida en los puestos de Malargüe exige resistencia, esfuerzo y arraigo para enfrentar uno de los inviernos más rigurosos de Mendoza

Por Claudio Altamirano

Las bajas temperaturas, la nieve, el viento y las enormes distancias forman parte de la rutina de los puesteros de Malargüe durante cada invierno. Lejos de la ciudad, Delfín Arroyo mantiene viva la tradición rural, enfrentando el clima extremo mientras continúan con la producción ganadera y preservan un modo de vida heredado de generaciones.

El invierno en Malargüe pone a prueba la resistencia de quienes habitan el extenso territorio sureño. Mientras en la ciudad las temperaturas bajo cero ya representan un desafío cotidiano, en los puestos rurales las condiciones suelen ser aún más rigurosas, con intensas nevadas, fuertes ráfagas de viento y grandes distancias que recorrer para atender las tareas del campo.

La vida en el campo malargüino

Uno de esos pobladores es Delfín Arroyo, de 78 años, quien divide su tiempo entre el puesto familiar y la ciudad, aunque gran parte del tiempo permanece en el establecimiento ubicado en la zona del dique Blas Brisoli. Allí transcurrió la historia de su familia desde hace aproximadamente un siglo, cuando sus abuelos, Carlina Lima y Nicodemo Arroyo, se instalaron en ese sector, mucho antes de la construcción del dique derivador sobre el Río Malargüe. Más tarde continuaron sus padres, Presentación Delfín Arroyo y Emilia Sánchez, consolidando una tradición que hoy sigue vigente.

Con la cordialidad característica del hombre de campo, Delfín recibió a SITIO ANDINO en su hogar. Junto a su esposa Ester formaron una familia integrada por siete hijos, varios de los cuales continúan vinculados a las tareas rurales y colaboran con el cuidado del ganado caprino, ovino y bovino. Cada temporada también participan en las largas travesías hacia las veranadas de Valle Noble, en plena cordillera malargüina.

Consultado sobre cómo afronta los meses más fríos del año, Arroyo explicó que la leña continúa siendo el principal recurso para calefaccionar la vivienda. Para salir a arrear los animales hay que abrigarse bien. La ropa tiene que cortar el viento porque en junio y julio las ráfagas son muy fuertes y muchas veces se trabaja bajo la nieve, relató.

Más detalles de la vida de campo

Aunque el tendido eléctrico atraviesa las inmediaciones del puesto, la familia todavía espera poder acceder al servicio. Mientras tanto, los paneles solares representan un importante avance para generar la energía necesaria y mejorar la calidad de vida en un lugar donde la autosuficiencia resulta indispensable.

Durante la charla también surgió una problemática que preocupa a numerosos puesteros cercanos a la ciudad, la de los ataques de perros vagabundos sobre el ganado, especialmente contra los chivos, ocasionando importantes pérdidas económicas.

Lejos de pensar en abandonar el campo, Delfín Arroyo asegura que eligió esa forma de vida. Recordó que durante su juventud trabajó en un comercio de ramos generales, una barraca y posteriormente en el recordado supermercado Los Brasileros, de la familia Gutiérrez. Sin embargo, el arraigo por la tierra y la actividad ganadera terminaron marcando su destino, manteniendo viva una forma de vida que continúa siendo parte de la identidad más profunda de Malargüe.

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OVNI fotografiado en los 80 al oeste de Malargüe (Gentileza).

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