El desgarrador relato de uno de los trabajadores golondrina esclavizados en General Alvear
César Rodríguez, trabajador golondrina tucumano, relató en Aconcagua Radio las condiciones en las que vivió en Bowen. Denunció amenazas, abandono y falta de pago.
Una de las víctimas de explotación laboral en Alvear, relató lo vivido.
La denuncia por un caso de explotación laboral en el distrito de Bowen, en el departamento de General Alvear, con múltiples víctimas estremeció a muchos. Ahora, una de las personas esclavizadas dio un testimonio clave. César Rodríguez, trabajador golondrina oriundo de Tucumán, contó en Aconcagua Radio cómo fueron las condiciones en las que vivió y trabajó durante la cosecha de ciruela, tras aceptar una oferta laboral publicada en Facebook.
Sin embargo, el panorama fue muy distinto al esperado. “Cuando llegamos este era una casa grande que tenía un horno afuera, estaba dentro de la finca, lejos de todo, no habían almacenes, no había nada, nada de nada. Es a 50 km de Real del Padre. Y cuando entramos a la casa estaba todo vacío”, relató en el programa Hermoso Caos.
Según relató, vivían hacinados: “Vivíamos, por ejemplo, en una pieza de tres por tres, seis personas, en la otra seis personas y en el salón otros seis”.
Contaban con un solo baño para casi 18 personas y debían trasladarse hasta una escuela para poder bañarse.
La cosecha era de ciruela y el pago prometido era de 2.000 pesos por tacho. Si bien reconoció que el monto está dentro del promedio que se paga en otros establecimientos formales, aclaró que nunca cobraron.
“Nos adaptamos porque hay que llevar plata a la casa”
El trabajador explicó por qué muchas veces no se denuncian estas situaciones. “Nosotros muchas veces nos adaptamos a las situaciones porque hay que llevar plata a la casa y tenemos nuestra familia. Muchos tienen miedo y no quieren hacer este tipo de denuncias, por eso la explotación no solo es en Mendoza, en todos lados sigue igual”.
Y agregó una frase que expone la naturalización de la precariedad: “No podíamos ni mandar mensajes a nuestra familia”.
Rodríguez también relató que, tras un enfrentamiento con los cuadrilleros, decidió abandonar el lugar. “Ese día hubo un enfrentamiento ahí y los dos cuadrilleros fueron en contra de mí y yo me tuve que ir de ahí caminando”.
Caminó 50 kilómetros para denunciar
Sin dinero y sin asistencia del empleador, emprendió viaje hacia Real del Padre para denunciar lo ocurrido: 50 km, "iba haciendo dedo”, contó. Luego tomó un colectivo, cuyo pasaje pagó con su propio dinero. “Ni siquiera me ha mandado la plata mía del boleto mío y la ficha tampoco me la paga”.
Actualmente se encuentra en San Rafael, donde ya prestó declaración ante autoridades judiciales y equipos interdisciplinarios. “Ya hice la declaración con dos psicólogas, uno virtual y uno físico y ahora estamos viajando a Mendoza”, explicó.
De todo el contingente, solo cinco trabajadores sostienen la denuncia. “Los otros se fueron”, indicó.
“Ellos no saben en las condiciones en las que estamos”
César vive con su pareja y cuatro hijastros en Tucumán. “Ellos no saben en las condiciones en que nosotros estamos, solo mostramos cómo trabajamos. No saben lo que uno padece, como uno se acuesta en el piso”.
Su intención ahora es regresar a su provincia, aunque no cuenta con los recursos necesarios para el pasaje. Incluso dejó un número de contacto para quienes puedan colaborar: 381 657 2951.
El caso volvió a poner en foco la situación de los trabajadores temporarios que llegan desde el norte argentino para las cosechas en el sur provincial.
Tal como se conoció días atrás, el procedimiento en Bowen reveló condiciones de hacinamiento, amenazas y falta de pago.
Mientras avanza la investigación judicial, el testimonio de Rodríguez deja al descubierto una realidad que, según él mismo advirtió, se repite cada temporada: “Las condiciones en las cinco temporadas en las que trabajé nunca fueron muy diferentes”.