Una joven mendocina que nació con retinopatía severa se convirtió inesperadamente en una figura inspiradora en redes sociales al compartir su vida cotidiana y derribar prejuicios sobre la discapacidad. Tras años de desafíos, hoy impulsa una campaña solidaria para acceder en China a un tratamiento que podría devolverle la visión. Conocé su historia de vida.
Cecilia Flores Reynoso creció buscando una aventura. “Me gusta mucho intentar cosas nuevas”, dice, a pesar de que muchas veces lo primero que notan los demás es lo que no puede hacer. “Cuando se enteran que soy ciega, primero ven eso. Pero si no lo supieran, creo que no mirarían mis imposibilidades”.
Durante la adolescencia, una profesora le dio una explicación que la marcó para siempre: que “no vidente” no era la forma correcta de definirla. “No decimos no caminante o no hablante. Y vidente es alguien que ve más, entonces sería lo contrario”, recuerda. Desde entonces se apropió sin miedo de esa palabra: ciega.
Infancia, soledad y violencia silenciosa
En la escuela, sus mejores amigos eran los libros. En los recreos leía historias cuyos personajes la acompañaban más que sus compañeros. “Me hacían cosas feas que yo no podía ni contar porque a veces ni sabía quiénes eran. Me cambiaban mis cosas de lugar, me ponían el pie cuando caminaba o me decían ‘cuidado que te vas a caer’ y no había nada”.
Cuando ella y su mamá buscaban ayuda, la respuesta siempre era la misma: que eran “cosas de chicos”. “Pero a mí y a mi mamá nadie nos comprendía”, recuerda.
Cuatro años después de la muerte de su madre, sigue llevando consigo el último consejo que le dio: “Hacé todo lo que te guste. Intentá todo. No importa lo que diga nadie”. Es una frase que hoy la impulsa cada día.
Cecilia Flores Reynoso
La campaña para llegar a China ya alcanzó el 20%.
Foto: Daniel Cano
De un video casero a miles de seguidores
La presencia de Cecilia en redes nació casi por accidente. Subió un video a modo de queja cuando tenía apenas 300 seguidores, entre amigas y familiares. Al día siguiente, eran 3.000 y no entendía qué había pasado.
Las preguntas empezaron a llegar: ¿Cómo son tus sueños? ¿Cómo elegís la ropa? Y decidió responder a través de otros videos. Esa interacción no solo le permitió acercarse a otros, sino también a sí misma. “Al plantearme lo que me preguntan, conecto más conmigo y pienso en qué puedo aportar, no solo para mí, sino para otras personas ciegas”.
El apoyo que recibe en redes sociales la sorprende. “A veces caminás por la calle y pensás que a nadie le importa nada, pero en redes sí hay interés y solidaridad”, expresó.
Embed - SIEMPRE VIO CON EL CORAZÓN, AHORA SUEÑA CON MIRAR EL MUNDO
El tratamiento que podría darle hasta un 40% de visión
Cecilia nació con retinopatía del prematuro, en su caso la forma más severa. Sus ojos no llegaron a desarrollarse completamente y nunca vio, pero existe un tratamiento con células madre que podría devolverle entre un 30% y un 40% de visión.
El procedimiento se realiza en Beijing, China. No es una cirugía, sino la aplicación de seis inyecciones de células madre en 14 días, acompañadas de una rehabilitación extensa para permitir la regeneración de la retina. “Para mí, que no he visto nunca, aunque sea un poquito sería muchísimo”.
Tras comunicarse con la clínica, inició una campaña para reunir los 50.000 dólares necesarios para el tratamiento, la estadía y la medicación posterior. En el día once de la colecta, ya alcanzó el 20%. Su mayor motor es su papá, a quien considera su compañero en todo: alegrías, miedos y sueños.
Cecilia Flores Reynoso
Cecilia junto a su padre, quien la motiva y la acompaña para lograr el objetivo.
Foto: Daniel Cano
Cuando imagina el momento de recuperar algo de visión, piensa primero en su familia. “Me gustaría ver la cara de mi papá, de mi mamá. Me gustaría verlo todo si pudiera”.
No siente curiosidad en el sentido convencional; más bien una apertura total frente a lo desconocido. “Sea lo que sea, lo voy a disfrutar”. Por eso insiste en un mensaje que también se repite a sí misma: “Nunca dejar de intentarlo, porque lo peor es mirar para atrás y pensar: ¿Qué hubiera pasado si lo hacía?”