Es cuidacoches y todos los sábados cocina y reparte comida en una plaza de Guaymallén
Miguel Chávez trabaja como cuidacoches en la zona aledaña a la plaza San José de Guaymallén, donde también reparte comida. Esta es su historia de vida.
“Todo se resume a ayudar al prójimo, ¿no? Es solamente eso, practicar el amor al otro”. Las palabras son de Miguel Chávez, un hombre de 59 años que trabaja como cuidacoches y que, los sábados cocina para unas 40 personas que se convocan en la plaza San José, de Guaymallén. No recibe ayuda de ningún tipo: de su bolsillo aparta el dinero para mercadería y con la ayuda de su esposa y de una de sus hijas preparan dos y hasta tres opciones de comida para quienes lo necesitan hace casi 10 años. Esta es su historia de vida.
Mientras almuerza, Miguel cuenta que era un niño cuando viajó desde Bolivia hacia Argentina junto a su padre, Plácido Chávez. Una vez que pudieron asentarse en la provincia, el hombre abrió un comedor restaurante en calle Mitre de Guaymallén donde su hijo comenzó a aprender sobre esas preparaciones que fue perfeccionando con el paso de los años.
Pero, ¿cómo emprendió esta tarea de ayudar a quienes lo necesitan?
Todo comenzó con una combinación de situaciones. La primera fue la película “La pasión de Cristo”, estrenada en el 2004 y que, afirma, lo conmovió a tal punto que su vida dio un vuelco “para bien, por supuesto”, dice. El segundo “empujón” se lo dio una mujer joven que le demostró que las acciones hablan más que las palabras.
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Miguel Chávez, siempre por la zona aledaña a la Clínica Santa Rosa, de Guaymallén.
Foto: Yemel Fil
“Yo iba a la Iglesia y veía mucha hipocresía en el sentido de que escuchaban y hablaban sobre un amor que no ponían en práctica. Un día, no hace mucho tiempo, una chica me dijo: ¿no tenés frío, no necesitás un par de zapatillas?, porque me vio así (mangas cortas y ojotas) y lo que se me ocurrió preguntarle fue si ella creía en Dios, y me dijo que no y pese a que ella no quería hablar de tema porque no le interesaba, estaba poniendo en práctica todo lo que escuchamos y leemos en la Biblia, por ejemplo. Le dije que siguiera por ese camino porque aunque ella no compartiera mi fe, estaba haciendo mucho más que quienes la comparten y eso es lo que tiene valor”, contó Miguel.
De la palabra a la acción o sobre la palabra y la acción
Miguel cuida autos en las calles aledañas a la Clínica Santa Rosa, de Guaymallén, la zona por donde además, vive con su esposa. Tienen tres hijos y una hija. “Dos de ellos son kinesiólogos, el otro pasó hace un ratito en auto con mi nieta, la fue a buscar a la escuela y con nosotros vive nuestra hija adolescente”, sumó.
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Miguel dedica buena parte de su vida a ayudar a quienes lo necesitan.
Foto: Yemel Fil
“No soy millonario, soy cuidacoches hace 20 años, trabajo de lunes a sábado de 8 a 21 y hace casi una década que preparamos la comida y la llevamos a la plaza. Fue muy loco como surgió eso porque a mí me había conmovido mucho esta película y un día estaba regresando en bicicleta con mercadería. En eso, una señora me ve y me pide algo y yo tenía en el fondo de una de las bolsas y le dije que en ese momento no le podía dar. Llegué a mi casa y saqué todo rápido y me puse a calcular a qué altura ya iría caminando la señora. Salí y fui hacia la plaza San José, la encontré y le entregué lo que me había pedido y fue allí cuando sentí la voz de Dios que me decía que eso era lo que tenía que hacer y, a partir de ese momento, comencé a entregar raciones en ese lugar. Antes, recorríamos las calles entregando sanguchitos tipo hamburguesas,a veces, llegábamos hasta el Hospital Central”, explicó Miguel.
Así, cada sábado, lleva comida y bebida a la plaza. Normalmente, comienza a cocinar a las 9 de la mañana y llega al punto de encuentro alrededor de las 14hs. “Un día, un muchacho pasó, vio lo que hacía, conversamos y poco después me regaló ollas y otros utensilios. Fue increíble, era todo lo que necesitaba y más para poder seguir cocinando y aumentar la cantidad”, expresó.
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A la mayoría de las personas que se acercan a la plaza ubicada en calles Pellegrini y Bandera de Los Andes ya las conoce pero eso no significa que, de vez en cuando, se sumen algunas más: el boca a boca se encarga de contar sobre lo que hace Miguel sin pedir absolutamente nada a cambio. Y no solamente entrega comida sino que les deja un mensaje. "Solamente, les recuerdo que vengo de parte de Dios y que traten siempre de ayudar a otras personas, de multiplicar las buenas acciones, con llegarle a uno, para mí es suficiente. Es lo que hago y seguiré haciendo".
En las próximas dos semanas, Miguel no estará como cada sábado en la plaza: viajará a Bolivia para asistir a su suegra que está enferma. “Tiene úlceras, van a tener que operarla, siempre le digo que hay que tener fe. Yo también tengo una y los médicos de aquí de la clínica siempre me dicen que me haga ver porque puede empeorar pero yo no siento dolor, ni frío, yo tengo mucha fe y no me siento solo, todo será como Dios quiera que sea, mientras tanto y mientras pueda, voy a seguir trabajando y ayudando a quienes lo necesiten”, cerró.