Elecciones e incertidumbre: el combo que atenta contra la salud mental
Argentina está a pocas horas de elegir a un nuevo presidente y los sentimientos son los mismos: miedo e incertidumbre. ¿Cómo afectan a nuestra salud mental?
San Rafael se prepara para las PASO 2023 el próximo 30 de abril.
Los coletazos de la pandemia, el contexto económico y social, el dólar, las elecciones y la incertidumbre de no saber qué pasará en Argentina a partir del próximo lunes, conforman un combo que a buena parte de la sociedad le está costando gestionar desde lo emocional y, por supuesto, desde el punto de vista de la salud mental. ¿Podemos decir que el 2023 está teniendo impacto en la salud y bienestar de las personas? Desde el Colegio de Psicólogos y Psicólogas de Mendoza analizaron cuánto influye el paquete de situaciones con las que hay que lidiar día a día y que todavía no se desprende completamente de los efectos de la pandemia.
Seguramente, este año y, particularmente, en los últimos meses, la mayoría escuchó una y otra vez, frases como “Estoy cansado/a”, “¿Otra vez hay que ir a votar?”, “No quiero votar, ninguno me convence”, “El dólar subió otra vez, no encontrás precios de nada”, “Aumentó de nuevo” y otras con las que quizás muchos (no todos/as) intentan poner un poco de humor y sus propuestas comienzan más o menos así: “Si el lunes tenemos país…” o “Si llegamos a diciembre…”.
Este es el panorama a pocos días de las elecciones que pareciera que, a diferencia de otros procesos democráticos, este “definirá la historia del país como nunca antes ocurrió”. ¿Será cierto? Eso se conocerá muy pronto, mientras tanto, la ciudadanía lidia con el estrés diario que traen las noticias y la protagonista estelar del 2023: la incertidumbre.
Elecciones 2023: el impacto en la salud de las personas
Luciana Molina, licenciada en Psicología y secretaria de Asuntos Profesionales del Colegio de Psicólogas y Psicólogos analizó este momento particular momento para la vida de los argentinos y argentinas.
“La incertidumbre se presenta a partir de lo real. Hoy, tratamos de ponerle algo simbólico alrededor, de ponerle palabras para tratar de entenderla y se suma el contexto social que nos atraviesa. Entonces, por supuesto, que la situación te mantiene en alerta todo el tiempo. Todo este combo enorme de elecciones, de no saber qué va a pasar, de arrastrar todavía las consecuencias de la pandemia, influye en la capacidad de poder proyectar a futuro. Todos/as escuchamos mucho la frase ‘bueno, el lunes vemos’. Entonces, sí, la imposibilidad de proyectar a futuro en este contexto atenta contra la salud mental”, comenzó a explicar la licenciada Molina, del Colegio de Psicólogos y Psicólogas de Mendoza.
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“Vivimos en una sociedad donde parte del discurso social es producir y hacer, y en ese marco, esta situación de no saber qué va a pasar, las posibilidades, qué hacer, con qué herramientas, es agotador. En consultorio, esto se está viendo mucho. En este último tiempo, a terapia se trae un montón el tema puntual de las elecciones, hay mucho miedo, mucha incertidumbre y estás todo el tiempo pensando y con un trabajo mental cargado de preocupaciones y que incluye a familias, por ejemplo: de dónde voy a sacar el dinero suficiente para llevar el pan a casa, qué hago con mi trabajo, cambio o no, en los adolescentes incluso, porque yo trabajo en escuelas y también pensar no sólo en qué estudiar sino en otros aspectos como si es rentable o no, salida laboral, si se podrá hacer una diferencia. Todo eso, en este contexto de incertidumbre, por supuesto que influye muchísimo en la salud mental”, agregó.
Salud mental: el derecho que se transformó en privilegio y las consecuencias
Actualmente, la salud mental está colapsada: en atención primaria no existe y en la pública está colapsada por lo que el acompañamiento psicológico para lidiar con esta realidad cotidiana – y que ya viene con una carga emocional y física desde la pandemia- se limita a un cúmulo de personas que hoy, ya sea a través de obras sociales, prepagas o de forma particular, pueden pagar pero no es la realidad de todas las personas. Así, las cosas se ponen más difíciles porque, como apunta la licenciada Molina: cada persona es única y las reacciones varían ante las distintas situaciones y la historia y experiencias de cada uno/a pesan, se suman el contexto, la incertidumbre, la angustia y la ansiedad. Así: ¿quién aguanta?
“Hay aspectos que tienen que ver con la singularidad de cada persona, de cómo va a procesar lo que le va sucediendo, pero después tienen que haber algunas condiciones materiales para que las personas puedan trabajar en su salud mental. Por ejemplo, el acceso porque estamos en una crisis de salud en general, donde tenés centros de atención y hospitales explotados y listas de espera para poder acceder a un servicio de salud mental, y eso también tiene mucho peso porque ahí está la incertidumbre de no saber ni adónde dónde recurrir lo que provoca, lógicamente, una sensación de indefensión que impacta en la subjetividad de la persona”, señaló Molina.
Maltrato mayores
“En este combo, cada uno va tramitando lo que le pasa como puede. En ese sentido, hay personas a las que les sale gestionar desde lo oposicional: esta cosa de la reacción violenta y listo, y hay otras que toman caminos diferentes, cada una con sus singularidades. Aquí también hay una relación con el hecho de quejarse constantemente, si nos podemos correr de la queja, dialogar con el otro en una especie de catarsis pero con otro, aunque sea de forma mínima, te da una sensación de certeza que no es real, pero te da el marco como para poder posicionarte frente a este momento tan incierto.
No caer en el “Sálvese quien pueda”
En esto de correrse un poco del individualismo, la profesional expresó que para poder construir como grupo social una realidad que no ayude a una sola parte sino más bien a un conjunto, los discursos de violencia hacia el otro no colaboran: la persona que no piensa como yo, no es mi enemiga, no tengo por qué desear su exterminio. Repetir, una y otra vez.
“Hay todo un discurso social sobre el sobre el individualismo, en el que el otro, la otredad, es como un enemigo.Así me lo señalan los discursos de odio y lo ideal sería poder hacer una renuncia al narcicismo para poder construir algo. Ha aparecido la dificultad de correrse del individualismo, propia para poder construir algo con otros, como sociedad y me parece que eso es lo complejo”, dijo.
“Este sálvese quien pueda que hasta quizás lo traemos desde el 2001, implica como un repliegue diferente a la incertidumbre, al miedo y es más narcisista porque en esto es lo que yo quiero o nada. Es un contexto donde la gente no quiere ceder más y ahí es donde empalma este discurso. Entonces, si alguien me propone ceder algo, es mi enemigo porque me saca una parte mía y yo quiero pensar solo en mí, salvarme, es casi como una cuestión defensiva pero, es una postura y son discursos que no ayudan y menos en estos momentos”, cerró la licenciada Molina.