7 de marzo de 2026
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Cuestión de vida y muerte

Cuando el miedo toma el control en segundos: la psicología detrás de las reacciones ante un robo

Ante situaciones de violencia y agresión, solemos adoptar posturas de supervivencia que, en realidad, obedecen a la naturaleza de la mente humana y nuestra carga emocional interna.

Por Luis Calizaya

Cuando una persona percibe que su seguridad está en riesgo, la mente entra en un modo de emergencia. En cuestión de milisegundos, el cerebro activa respuestas automáticas que pueden llevar a enfrentar, escapar o quedarse paralizado. El reciente hecho ocurrido en Las Heras reabre el debate sobre esas reacciones instintivas y sobre cómo la psicología explica lo que sucede en la mente durante situaciones límite.

Hecho de violencia y la respuesta de la mente: qué explica la psicología

El hecho policial registrado durante la madrugada del 3 de marzo abre preguntas inevitables: ¿por qué algunas personas reaccionan de manera diferente ante situaciones de extremo peligro? ¿Qué factores influyen en esas respuestas?

Para abordar el tema, Sitio Andino dialogó con el psicólogo Walter Motilla (Mat. 1645), quien explica que “las reacciones humanas frente al peligro nunca son idénticas, porque cada persona llega a ese momento con una historia emocional distinta”.

Cuando una persona siente que su seguridad está en peligro, el cerebro entra en modo supervivencia. En ese estado se reacciona más de lo que se piensa. Cuando una persona siente que su seguridad está en peligro, el cerebro entra en modo supervivencia. En ese estado se reacciona más de lo que se piensa.

En ese sentido, factores como la personalidad, las experiencias previas o el nivel de estrés acumulado influyen en la forma en que una persona responde ante una amenaza. Nuestras emociones internas y el contexto social terminan condicionando la manera en que afrontamos situaciones de peligro.

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Para Motilla también es fundamental considerar la percepción subjetiva de la amenaza. Dos personas pueden atravesar una misma situación y vivirla de forma completamente distinta: una puede lograr controlarla, mientras que otra puede percibirla como un peligro extremo. “La mente que actúa en medio del peligro no es la misma que reflexiona después sobre lo ocurrido ”, explica el psicólogo.

Además, cuando alguien percibe que lo que está en juego es su seguridad, su familia o su casa, aparecen emociones muy primarias como el miedo, la rabia o la indignación. En ese estado, la mente se orienta más a reaccionar que a analizar”, agrega.

Ante una situación de amenaza: cómo responde el cerebro

La sensación de un peligro inminente obliga al organismo a reaccionar rápidamente. Pero ¿cómo ocurre ese proceso?

El especialista señala que, cuando el cerebro detecta una amenaza, se activa la amígdala cerebral, un mecanismo muy antiguo vinculado a la supervivencia que funciona como una alarma y se enciende en cuestión de milisegundos.

A partir de ese momento se liberan hormonas del estrés como la adrenalina, el cortisol y otros compuestos que preparan al cuerpo para actuar: “El corazón late más rápido, los músculos se tensan y la mente entra en lo que se conoce como respuesta de lucha, huida o bloqueo ”, detalla Motilla.

Comprender la reacción humana en momentos extremos no significa justificarla, pero sí ayuda a entender por qué ocurre. Comprender la reacción humana en momentos extremos no significa justificarla, pero sí ayuda a entender por qué ocurre.

En ese estado de emergencia, la capacidad de reflexión se reduce notablemente. Por eso muchas decisiones que luego son analizadas durante meses desde el punto de vista legal se tomaron, en realidad, en apenas unos segundos de intensa activación emocional.

Situación de robo: entre el enfrentamiento y la huida

En los hechos de violencia durante robos o asaltos, donde algunos episodios terminan con consecuencias graves, suele llamar la atención que algunas personas enfrenten al agresor mientras otras opten por escapar o protegerse.

Para Motilla, esto se explica por factores más profundos que la simple pérdida material. Un robo no solo implica la sustracción de un objeto, sino también la vulneración de la seguridad personal y de la dignidad: “Un robo no solo afecta lo material: también toca algo muy profundo, la sensación de seguridad y control sobre el propio espacio”, explica.

Cuando alguien invade el espacio que sentimos como propio, la reacción emocional puede volverse mucho más intensa. Cuando alguien invade el espacio que sentimos como propio, la reacción emocional puede volverse mucho más intensa.

Desde la psicología, el hogar y el entorno cercano funcionan como una especie de territorio emocional: “Cuando ese territorio es invadido, la reacción puede ser mucho más intensa ”, afirma Motilla.

Por eso, en algunos casos en los que se produce una persecución del agresor, la motivación no siempre está vinculada a recuperar lo material, sino a intentar restablecer una sensación de control que se quebró en ese momento. Se trata, según el psicólogo, de una reacción cargada de indignación y de la necesidad de reparar lo vivido como una amenaza.

El después del hecho traumático: las consecuencias emocionales

Aunque el episodio de tensión termina, muchas veces comienza una segunda etapa. A medida que los niveles de adrenalina descienden, la mente empieza a procesar lo ocurrido: “Es frecuente que aparezcan emociones intensas como angustia, miedo, confusión o una sensación de irrealidad. Algunas personas pueden tener recuerdos recurrentes del momento, dificultades para dormir o un estado de alerta permanente ”, señala Motilla.

Incluso quienes actuaron en defensa propia pueden experimentar un fuerte impacto emocional, ya que el episodio marca un límite simbólico entre la vida y la muerte. Por eso la mente necesita tiempo para procesar ese tipo de experiencias.

Cuando el miedo irrumpe de golpe, las personas no reaccionan como ciudadanos que analizan la ley, sino como seres humanos intentando protegerse. Cuando el miedo irrumpe de golpe, las personas no reaccionan como ciudadanos que analizan la ley, sino como seres humanos intentando protegerse.

Sentimientos como culpa, confusión o shock también pueden aparecer después de una escena traumática. Para la psicología, esto refleja la diferencia entre la mente que actuó bajo presión y la que, tiempo después, reflexiona sobre lo sucedido: “Cuando todo termina, la persona vuelve a conectarse con sus valores, su conciencia moral y su propia imagen de sí misma”, explica el psicólogo.

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Ese contraste entre lo que se hizo en un momento de máxima tensión y la forma en que uno se percibe como persona puede generar conflictos emocionales: “No necesariamente significa que la persona haya actuado con mala intención, sino que está procesando psicológicamente una experiencia muy intensa ”, agrega.

¿Se pueden tomar mejores decisiones en situaciones de peligro?

Controlar completamente una reacción ante el peligro resulta difícil. Según Motilla, la naturaleza del organismo humano activa un modo automático de supervivencia.

Sin embargo, existe un factor que puede influir y es el nivel de regulación emocional que una persona haya desarrollado previamente. Quienes trabajaron su capacidad de autocontrol o manejo del estrés pueden tener un pequeño margen para evaluar lo que ocurre antes de actuar.

También ayuda tener claro previamente que, en contextos de crisis, lo prioritario suele ser preservar la integridad física propia y de los demás. Esa claridad puede orientar las decisiones en momentos de tensión ”, explica el especialista.

Existe la preocupación de que si la violencia se legitima demasiado se termina naturalizando la justicia por mano propia. Existe la preocupación de que si la violencia se legitima demasiado se termina naturalizando la justicia por mano propia.

Motilla también advierte que el contexto social actual puede influir en las reacciones individuales: “No se puede ignorar que vivimos tiempos de mucha vulnerabilidad social y violencia, que activan un modo de funcionamiento más impulsivo y defensivo”, señala.

Psicología y justicia: debates sobre la reacción ante el delito

Los casos vinculados a la legítima defensa suelen generar fuertes debates sociales. El miedo frente a la inseguridad y la identificación con quienes sufren un delito suelen intensificar esas discusiones: “Por eso estos episodios suelen transformarse en debates muy intensos donde la sociedad termina discutiendo temas más amplios: la inseguridad, la confianza en las instituciones y los límites de la defensa personal”, explica Motilla.

robo, centro de mendoza
Entre la vida y la muerte, la mente deja de reflexionar ante situaciones de tensión.

Entre la vida y la muerte, la mente deja de reflexionar ante situaciones de tensión.

Si bien la Justicia puede juzgar las decisiones tomadas en contextos de extrema tensión, comprender el contexto emocional también resulta fundamental para interpretar lo ocurrido.

Comprender esos procesos psicológicos no resuelve el debate legal, pero sí permite entender la complejidad humana que hay detrás de este tipo de hechos. Comprender esos procesos psicológicos no resuelve el debate legal, pero sí permite entender la complejidad humana que hay detrás de este tipo de hechos.

Comprender estos procesos no significa justificar cualquier reacción, pero sí ayuda a entender por qué las personas pueden actuar de formas extremas cuando sienten que su seguridad está en juego”, concluye el especialista.

A modo de síntesis, Motilla señala que las situaciones de amenaza activan mecanismos muy profundos de la naturaleza humana: “Cuando el miedo irrumpe de golpe, las personas no reaccionan como si estuvieran analizando un problema teórico. Reaccionan como seres humanos en riesgo que intentan protegerse. Para muchos, en ese momento, es literalmente una cuestión de vida o muerte ”.

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