Análisis

La política argentina, aporreada por la realidad

La paliza a Berni va más allá de la bronca de los colectiveros por su compañero asesinado. Es síntoma del hartazgo social y de una política aislada de la gente.

Por Myriam Ruiz

La escena fue digna del mejor guion de Hollywood. Un funcionario argentino, nada menos que el ministro de Seguridad de la provincia más populosa del país, recibiendo golpes de todos lados. Un ministro contra el paredón. La política contra el paredón.

A Sergio Berni ayer lo golpearon trabajadores, compañeros de trabajo y de profesión de Daniel Barrientos -el colectivero de 65 años que estaba a un día de jubilarse y a quien ejecutaron sin robarle-. A Berni lo golpeó el dolor de esos choferes, pero también el hartazgo y la bronca.

A la política argentina ayer la golpeó la realidad. Crudamente, con palos, botellas y a las piñas.

El balazo a Barrientos abrió una herida mucho más grande que la de su pecho El balazo a Barrientos abrió una herida mucho más grande que la de su pecho

Fue un “Basta” a la inseguridad. Basta a la precariedad social argentina. Basta a la crisis que traspasa gobiernos, ideas y grietas sin que nadie haya logrado darle solución. Basta de narcos que toman calles y barrios. Basta a la inflación que nos come los salarios. Basta de esa política que sólo promete y luego no cumple. Basta de pobreza. Basta de niños y ancianos que pasan necesidades.

Ayer, lunes 3, algo se quebró en Argentina.

El balazo a Barrientos abrió una herida mucho más grande que la de su pecho. Por allí comenzó a supurar el descontento, el hastío y los miedos de los argentinos en una sociedad en proceso de desfragmentación.

Hacer una lectura precisa de la realidad del país y de cada provincia es urgente en quienes aspiran a gobernar los próximos años Hacer una lectura precisa de la realidad del país y de cada provincia es urgente en quienes aspiran a gobernar los próximos años

Mirando hacia atrás los acontecimientos uno puede darse cuenta que la noticia ayer no fueron los golpes que recibió Sergio Berni, sino que esos golpes fueron síntoma de la impotencia que subyace en la gente.

Argentina tiene hoy, en cifras oficiales, 18.6 millones de pobres y casi 4 millones de indigentes. En otras palabras, un 48% de la población está viviendo muy mal. La línea fina entre ambos índices es dolorosa: una familia es pobre cuando sus integrantes comen al menos cuatro veces al día; una familia es indigente cuando ni siquiera llega a eso.

Es hora de darnos cuenta que con una inflación anualizada del 102%, que durante marzo se ha acelerado, los sueldos pierden poder adquisitivo a un ritmo de pesadilla. Una familia tipo (padre, madre y dos hijos en edad escolar) necesitó en febrero $177 mil pesos para llegar a la Canasta Básica Total y no caer bajo la línea de pobreza.

El “Que se vayan todos” volvió ayer a escucharse clarito entre los cantos y puteadas que recibió Sergio Berni. “¿Quiénes tienen que irse?”, preguntó un periodista a los colectiveros que se manifestaban: “Gobernantes, legisladores… Todos”, fue la respuesta.

La clase política debe tomar nota de la gravedad de lo ocurrido ayer en medio de un año de por sí tormentoso. Y por clase política no hablamos sólo de quienes gobiernan sino también de opositores, legisladores… valientes candidatos que pelearán por distintos cargos en las próximas elecciones.

Hacer una lectura precisa de la realidad del país en general y de cada provincia en particular sería necesario en quienes aspiran a gobernar los próximos años. Más que necesario... es urgente.

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