Sin principios

Es Scioli... un camaleón político???

A Daniel Scioli le da lo mismo la derecha, el centro o la izquierda, simplemente porque todo colectivo lo deja donde quiere llegar.

Daniel Scioli no es sciolista porque no tiene identidad propia; es de las personas o las corrientes a las que les deba pertenecer en cada ocasión. No tiene ningún talento individual más que la camaleónica capacidad de transitar por todos los caminos e ideología que gobiernen, inexplicablemente antagónicos, sin que nadie pueda explicar cómo hace para estar en todos los gobiernos, Menen/ Duhalde/ Kirchner/ Cristina/ Alberto/ Maza y hoy haber devenido libertario a ultranza.

Sin embargo, cuando decidió meterse en política, lo hizo bajo una idea más pragmática para acceder al poder: dentro de una lista peronista.

Una amiga que era funcionaria de Carlos Menem, Claudia Bello, convenció al riojano ya presidente para que pusiera al deportista acuático a competir contra la lista a diputados nacionales encabezada por Miguel Toma, perteneciente al duhaldismo. Scioli daba el perfil farandulero, rodeado por personajes como Pocho Pantera o Los Midachi y así ganó la interna en tiempos de política-champán…

Y aunque llegó con Carlos Saúl a la política, nunca estuvo enemistado con la gente de la Alianza cuando esta llegó al Poder y él se quedó como Diputado.

Con la caída de la Alianza, al ver a sus compañeros peronistas sucederse en las cinco presidencias más cortas de la historia argentina, le rogó a Adolfo Rodríguez Saá la Secretaría de Turismo y Deporte.

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Y allí se mantuvo, incluso cuando subió Eduardo Duhalde, porque un par de semanas antes de la debacle, había tenido un encuentro muy amistoso con el Cabezón en San Vicente. Apenas este fue nombrado máximo mandatario por la Asamblea Legislativa, le dijo: vos te quedás en tu Secretaría.

Cuando se pensó en Néstor como sucesor de Duhalde, ya Scioli había visitado El Calafate un año antes, en enero de 2002; ocasión en que sellaron una simpatía que vendría a tener resultado positivo en ocasión que Duhalde y Kirchner descartaban vices. Les pintó Daniel porque era una bomba política poner en la fórmula a un menemista para competir con Menem.

Pero no pudieron ahogarlo en las embravecidas aguas de la política argenta, porque surgieron necesidades electorales urgentes y la postularon para gobernador de Buenos Aires, donde no era del todo leal.

Lo religioso le sirvió emblemáticamente, porque jugaba con esa imagen del buen apóstol siempre dispuesto a poner la otra mejilla ante el maltrato K, y fue el candidato a presidente del justicialismo, así rasguñó el sumo poder, que finalmente quedó en manos de Mauricio Macri.

Daniel Scioli no tuvo jamás un "sciolismo"

Pero como Scioli no tuvo jamás un sciolismo, resurgió siempre respaldado en los movimientos ajenos: usó al menemismo para llegar, al duhaldismo para invisibilizarse, al kirchnerismo para crecer y al albertismo para no dejar de estar, le dieron la embajada en Brasil.

Por eso, no sorprendió que aun habiendo acompañado por todo el país a Sergio Massa en su campaña electoral contra Javier Milei, hoy se dé el lujo de estar en la gestión del libertario.

Esto es Daniel: el Menemista que se fue con Duhalde; el kirchnerista que se fue con Fernández y apoyó a Massa, para ahora irse con Milei… el camaleón sin credibilidad; el oportunista que vive de cuanto cargo público le ofrezcan los que tejen realmente los hilos del poder.

Indudablemente, Scioli expresa el mayor ejemplo de lo que Milei califica como casta política.

El náufrago que sobrevive a las más tormentosas decadencias ajenas, por esa capacidad única de no bañarse en aguas de convicciones profundas ni beber ideología alguna.

Su pensamiento es tan insondable justamente por carecer de principios sostenidos en el tiempo. Le da lo mismo la derecha, el centro o la izquierda simplemente porque todo colectivo lo deja donde quiere llegar: un cargo público sin que importe bajo qué bandera.

Usó a cuanto movimiento se pusiera de moda, sabiendo para dónde corren los vientos, acomoda su embarcación. Siempre ha llegado a buen puerto de la mano de los peronistas.

Scioli traiciona su propia identidad. ¿El peronismo debe dejarse traicionar?

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