El ministro de Economía en los dos días seguidos de exposición ante legisladores recordó que la Argentina en su historia lleva 21 programas con el FMI. No hace falta ser experto en historia para saber cuál fue el resultado de esos programas acuerdos, créditos, refinanciaciones etcétera.
El Gobierno parece avanzar hacía una ajustada victoria, pero victoria al fin, en la Legislatura Nacional con la aprobación del acuerdo con el FMI. El proyecto se encamina a una aprobación en general y un rechazo en particular del articulo 2 que es el que contiene en su redacción los instrumentos de política económica que emplearía el Gobierno en los próximos meses para cumplir las metas acordadas con el FMI.
Las exposiciones del Ministro fueron largas y con la contundencia que suele exhibir Guzmán en sus presentaciones, dónde no suele dejar demasiado lugar para el debate ya que se caracteriza por no emitir opiniones sino datos.
Hoy será el turno en las comisiones de Diputados de la exposición y consulta a sectores sindicales, empresarios y algunas organizaciones de la sociedad civil. Cerrado este periodo el viernes, uno creería que terminará siendo la madrugada del sábado, llegaría la aprobación de la Cámara Baja.
Si bien todo parece indicar que el peor acuerdo es mejor que cualquier default quedan muchos interrogantes. Uno de los temas que genera dudas es lo que parece ser la convalidación por parte del Fondo de una altísima inflación, situación que tiene varias lecturas según los interlocutores, pero ninguna encontró respuesta total por parte de las exposiciones de ayer.
Las metas de inflación que, se desprende del memorándum, aceptaría el Fondo son similares a las del año pasado o este. Números que parecen no solo inaceptables, sino también insoportables para cualquier sociedad. La inflación de febrero será cercana al 4 por ciento y el comportamiento de los alimentos, servicios y algunos otros insumos clásicos de este mes, como todo lo relacionado con el inicio de clases, prevén un Marzo también alto. Abril tampoco será menor con los aumentos de tarifas que parecen inexorables.
La situación mundial plantea que ya uno de los puntos del acuerdo con el FMI entra en crisis. Cumplir con la meta de reducción de los subsidios significará un callejón sin salida entre dos opciones. O se aumenta las tarifas mucho más de lo previsto o se renegocia la reducción de los montos que el Estado destina a subsidios. No hay otra alternativa para cubrir la disparada en cinco o seis veces de los valores de la energía a partir del conflicto europeo.
El mismo conflicto también se llevó el precio de los alimentos con derivaciones que, sea por especulación, concentración o cientos de etcéteras como escribíamos el domingo, ya están haciendo efecto en los valores del mercado interno. Ante esto ni en el memorándum ni en las políticas activas del Ejecutivo se ve respuesta. La puesta en marcha del fideicomiso del trigo (por ejemplo) deja muchas dudas por la resistencia del propio sector y porque el secretario Feletti ya advirtió que este escenario dicho instrumento será insuficiente. Mientras, un instrumento tradicional como las retenciones tenderían a desaparecer no solo por requerimiento del organismo internacional sin que es una idea del Gobierno como queda plasmado en el proyecto de ley de promoción agroindustrial que con letra del Consejo de la actividad el Ejecutivo hizo suyo para enviarlo al Congreso.
Tratando de ver un poco debajo del agua no es ningún descubrimiento que los procesos inflacionarios mejoran ostensiblemente la recaudación, algo que tanto el Ejecutivo como el Fondo esperan con los colmillos afilados.
En este escenario lo de aceptar una alta inflación no parece ser una bondad sino más bien la forma de garantizar escenarios de alta recaudación, licuación rápida de mejoras de ingresos y dólar competitivo porque obligaría al Central a mantener la actual paridad. Además, el memorándum propone elevar las tasas de interés que como se sabe tienen fuerte impacto en los costos de la producción con por supuesto impacto en el IPC.
El memo con el Fondo sostiene que habrá mejoras en la recaudación tributaria de valores cercanos al 0.3% del PBI. Pero no aclara cómo. A partir de lo que se conoce parece ser que esa mejora será vía inflación y no por la vía que se podría imaginar; tapar los agujeros fiscales por los cuales la evasión y elusión de los grandes se escurre como arena entre los dedos.
El ministro pasó por el Congreso, fue solido ante los interrogantes opositores y parece no quedar dudas que no hay muchos más caminos que el acuerdo. Los interrogantes que aún quedan hacen pensar que solo queda rezar que alguien termine de construir el puente para cruzar el abismo antes que lleguemos a él.