Voluntarios para la vacuna del Covid: la familia que le pone el pecho al virus
Acostumbrados literalmente a dar una mano y a trabajar en forma remota, para los Cabrera, padre e hijo, la pandemia si bien los afectó como a cualquiera, no los obligó a replantearse muchas cosas en su método laboral ni mucho menos en sus ganas de ayudar.
Desde 2017, Gerónimo (21) y su papá Guillermo (61) llevan adelante en Banfield el emprendimiento solidario "Te doy un mano" a través del cual ya fabricaron a medida y entregaron gratuitamente más de 400 prótesis de manos en todo el país y en otros de Latinoamérica, además de porta sueros con la estética de superhéroes para niños que deben atravesar largas internaciones en hospitales bonaerenses.
Guillermo y Gerónimo estuvieron varias veces en Mendoza con su proyecto solidario. Foto: Yemel Fil.
Con la solidaridad en los genes, tampoco les resultó extraño ofrecerse como voluntarios para las pruebas que lleva adelante el laboratorio Pfizer en Argentina y tras anotarse en una lista de miles de candidatos, ambos fueron seleccionados y recibieron la primera dosis el 25 de agosto en el hospital Dr. Cosme Argerich de Buenos Aires.
"No dudé en anotarme para ponerle el pecho a la vacuna" contó Gerónimo, quien esa misma noche les comentó a sus padres la novedad y Guillermo se sumó de inmediato.
A pesar de que por su edad el padre está cerca del grupo de alto riesgo, Guillermo asegura "la estamos llevando muy bien. Nos anotamos y salimos sorteados entre más de 4.500 voluntarios".
Entre los síntomas, los Cabrera relatan que apenas sintieron algo de jaqueca, un poco de cansancio físico y algunos dolores musculares leves, aunque aclaran que "nunca sabes si te aplican la vacuna o el placebo" por lo que prefieren atribuirlo a una cuestión meramente psicológica.
Desde entonces, son monitoreados en forma constante por el mismo grupo de investigadores que los pusieron en autos antes de aplicarles la vacuna y deberán recibir una segunda dosis en los próximos 10 días, además de someterse a controles por los próximos dos años donde se irá monitoreando la evolución de sus respectivas situaciones.
"Es importante aclarar que no se inocula el virus, sino una pequeña partícula del mismo que es la que debería generar los anticuerpos, pero no contagiamos a nadie" explicaron, por lo que ambos fueron enviados a realizar su vida "normal" en el contexto de la pandemia; es decir, con un profundo respeto por las medidas preventivas de aislamiento, higiene y sanidad.
Tanto las respetan que aunque todos conviven en una misma casa, los Cabrera se mantienen separados en distintas habitaciones y cuando comparten el almuerzo o la cena, lo hacen distanciados por una mampara de acrílico, ya que Gerónimo se hizo cargo del trabajo de campo de la inmobiliaria familiar y Guillermo se mantiene en su hogar trabajando a distancia. "Nuestro aislamiento no tiene nada que ver con la vacuna" enfatizaron.
A nivel familiar la reacción fue unánime, su esposa e hija también estuvieron de acuerdo e incluso se inscribieron pero no resultaron seleccionadas hasta el momento, mientras que la reacción fue igual de unánime por el lado de sus amigos. "¿Están locos?", fue la frase más frecuente que escucharon, aunque luego de consultar con varios médicos e infectólogos, se sumaron con toda confianza.
"Tuve incertidumbre pero no dudas, porque sabemos qué laboratorio lo realiza. Además la vacuna está en fase 3 y eso significa que ya se hicieron muchas pruebas" confió el más joven y agregó que "te da seguridad saber que no estamos en manos de cualquiera sino en las de investigadores muy grosos".
Ahora sólo resta esperar que la ciencia cumpla su objetivo. Mientras tanto, la familia Cabrera se mantiene expectante, con ansiedad pero sin miedos, con la solidaridad a flor de piel... Y ahora también debajo de ella.