No se puede describir con palabras lo que una enfermedad como el cáncer provoca en quienes lo atraviesan y en sus familiares. Es una lucha a la que se le da pelea día a día y en la que el amor, la garra y el autoestima son aliados clave. Sin embargo, a esta batalla se suman otros/as soldados de buena voluntad y mucha generosidad y la historia de Juana Merino, es una prueba de esto.
Juana tiene 13 años y lucía, hasta hace muy poco, una cabellera abundante y brillante como muchas chicas de su edad. Pero esta adolescente tiene algo más y es un enorme corazón. Por este motivo, se cortó todo el cabello únicamente para donarlo a Fundavita que, junto con los Hospitales Notti y Central, llevan adelante una campaña cuyo objetivo es juntar donaciones de pelo y pelucas para aquellas pacientes con cáncer que las pidan, y así ayudarlas mantener bien alta su autoestima.
Juanita, antes y ahora.
"Ella me había planteado la idea de raparse toda la cabeza y al principio me chocó porque acaba de entrar a primer año del secundario, en una escuela nueva y tenía miedo de qué repercusiones tendría en el colegio. No fue lo único que se me pasó por la cabeza: también me preocupaba que pudiera estar intentando darme un mensaje y que esta era su manera de llamar la atención. Luego, recordé quién es mi hija... una chica muy sensible y con mucha empatía y comprendí", comentó Analía, mamá de Juana a Sitio Andino.
Y agregó: "Me dejó helada porque a los 13 años yo era re insegura, estaba pendiente del qué dirán y ella sin vueltas lo decidió. Tenía un pelo increíble y de un día para el otro, se lo cortó con la ayuda de su hermana mayor, Lola (16) y están súper felices".
Juana junto a su papá y su mamá.
Juana pidió autorización a su mamá y a su papá, Antonio quienes le dieron el ok. Sin embargo, más tarde descubrirían el verdadero motivo de la solicitud de su hija: "Me llegaron las fotos (las hermanas están ahora en casa de su padre) y empecé a recibir mensajes de felicitaciones de las mamás de sus amigas quienes, claro, ya sabían para qué se quería rapar la cabeza. Simplemente se animó y estoy muy feliz y orgullosa de su sensibilidad y generosidad".
La idea no era nueva, de hecho, "Juanita" como le dicen sus seres queridos, ya venía tramando esta idea desde hacía tiempo, sólo faltaba un empujoncito final que se lo dio Lola, su hermana: "Vi videos de chicas que se raparon y me pareció un gesto muy hermoso. Encima, me encantaba el corte. Mis amigas me decían que lo hiciera, que me iba a quedar bien y también pensé en que sería muy cómodo y que iba a ser de ayuda, me parecía beneficioso por todas partes. Hacía tiempo lo quería hacer y no me terminaba de animar, fue mi hermana quién me convenció y lo hizo rápido para que no me arrepintiera en el camino", contó Juana sobre la experiencia.
Juana junto a su hermana, Lola.
Así, el 1 de mayo, las hermanas terminaron de cenar y fueron al baño, tomaron la "maquinita de papá" y pusieron manos en el pelo, las fotos llegaron a las redes sociales y los mensajes de apoyo no tardaron en llegar: "Incluso, una compañera de la escuela (sólo nos conocimos por dos semanas con mis compañeros/as por la cuarentena) me contó que tuvo familiares con cáncer y que buscaron la donación de pelo y no encontraron. Me pareció re fuerte que compartiera eso conmigo y recién ahí, con ese y los mensajes que empezaron a llegarme de personas que no conocía fue cuando realmente tomé noción de la magnitud de lo que había hecho, un pequeño gesto con repercusiones enormes, la sensación es realmente hermosa", dijo.
Y cerró: "Me encantaría que esto sirva para que mucha gente se sume. Es una forma de ayudar muy linda y el cabello siempre vuelve a crecer. Ahora me estoy acostumbrando a mi nuevo corte, pero me gusta mucho y más aún me encanta la idea de saber que estoy ayudando".