Frente a una situación estresante, muchas personas pueden perder el apetito, mientras que otras comienzan a comer de forma descontrolada. A estos actos se los conoce popularmente como angustia oral, pero un estudio demostró que la culpa de todo la tiene ghrelina. Se trata de una hormona implicada en el aumento del apetito, pero que también actúa a nivel cerebral en respuesta al estrés. La investigación fue realizada por un grupo de investigadores del CONICET, en el Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE) de La Plata, y se publicó en la revista Public Library of Science One.
31 de mayo de 2026


